La Cabecita tuvo la oportunidad de asistir a su primera Muestra Syfy de Cine Fantástico la semana pasada, una cita esencial para todo amante del cine de género que paró en los cines Callao de Madrid del 7 al 10 de marzo. Con un programa realmente interesante en el que destacaban principalmente las proyecciones de Antiviral y The Cabin in the Woods, y la de Twixt en menor medida, La Muestra se estrenó el jueves por la noche con Oz, un mundo de fantasía, la esperada precuela de El mago de Oz (1939). Sin levantar demasiados aplausos aunque sí arrancando alguna carcajada entre el público en determinados momentos, lo nuevo de Sam Raimi nos sirvió a muchos de aperitivo para el gran fin de semana que nos esperaba.

KENSHIN, EL GUERRERO SAMURÁI

Sinopsis: Kenshin Himura (Takeru Sato) es un famoso samurái conocido por su destreza con la katana y su frialdad a la hora de matar. En el pasado estuvo al servicio de los Ishin Shishi, un grupo de patriotas que luchaban para devolver el poder al Emperador, librando cientos de batallas y cobrándose muchas vidas. Pero tras terminar todos los enfrentamientos, jura no volver a matar y decide pasar al anonimato para dedicarse a viajar por el país como un vagabundo ayudando a quien lo necesite, como penitencia por todas las muertes que provocó. Diez años después, en 1878, Kenshin llega a Tokio donde conoce a Kaoru (Emi Takei), quien le invita a quedarse en su dojo hasta que decida volver a vagabundear. Sin embargo, el pasado que Kenshin intentó dejar atrás pronto volverá para cobrarse venganza contra él.

Kenshin, el guerrero samurái fue la elegida para abrir el programa del viernes y estrenar las acreditaciones y bonos de todos los espectadores. El mayor inconveniente de esta cinta de Keishi Ohtomo estriba en que probablemente sólo consiga encandilar a los fans del manga de Nobuhiro Watsuki y el posterior anime. La serie (Kenshin, El Guerrero Samurái, 1996) cuenta con una legión de seguidores muy leal que sabrá apreciar de manera más precisa la película, pero los que no nos hemos sumergido en el universo creado por  Kazuhiro Furuhashi y Kaeko Sakamot nunca, nos encontraremos un poco descolocados durante el visionado de este trabajo. Aún así Kenshin, el guerrero samurái es totalmente coherente en la evolución de su historia, el problema es que la película se alarga de forma innecesaria en muchos tramos (especialmente a partir de la mitad en adelante) creando un clima soporífero que es posible que no abandone a algún que otro espectador durante toda la película. A pesar de todo tiene mucho mérito que Ohtomo se haya atrevido con esta adaptación para hacer su primer largometraje, porque aunque tenga fallos y pueda desencantar a muchos lo cierto es que la cinta tiene algún detalle/secuencia que la hará irresistible para muchos cinéfilos (seguro que Tarantino no se la ha perdido). Las escenas de acción, las peleas con y sin espada de por medio están fantásticamente coreografiadas y la magnífica ambientación (la película se desarrolla en el Japón feudal) contribuyen a que el espectador se lo pase en grande. Una historia de promesas, superación y opresión social que aunque no consiga retratar todo con gran precisión o acierto logra que el espectador reaccione, unas veces riendo y otras aplaudiendo por la intensidad de sus escenas. Además la película tiene una banda sonora maravillosa, un tanto hilarante en las secuencias en las que aparece el villano de la cinta y emotiva en los momentos cumbre del filme.

Es lenta y larga, adjetivos que no siempre tiene que ir juntos, y probablemente sólo para fans, pero Kenshin, el guerrero samurái tampoco se merece una crítica destructiva.

Lo mejor: Las escenas de lucha y la banda sonora.

Lo peor: La lentitud, la excesiva duración y algún que otro diálogo muy cargante.

Nota: 6,5/10

GRABBERS

Sinopsis: Un idílico pueblecito pesquero irlandés está siendo invadido por monstruos de gigantescos tentáculos que vienen desde las profundidades del mar. Pronto descubrirán que a las criaturas no les gusta el sabor que les da a las personas el alcohol con lo que para enfrentarse a ellas y sobrevivir deberán pasarse el mayor tiempo posible borrachos.

Tras pasar la peor hora de la jornada en cuanto a sopor todos los espectadores asumimos el visionado de la siguiente película con cierto aire renovador. La afortunada en este caso fue Grabbers, una cinta irlandesa dirigida por Jon Wright (no confundir con Edgar Wright, aunque después de ver el trabajo del primero quizá a partir de ahora sus nombres se solapen en nuestra memoria) que prometía hacer disfrutar al público con un humor muy absurdo pero llamativo, basado en el gag y avalado por las ganas de cachondeo que irradiaban del cine de la capital española.

Para una servidora Grabbers ha sido una de las cinco mejores películas que se han proyectado en La Muestra de este año. Nos encontramos ante una cinta que no se toma en serio ni a sí misma pero que consigue que el espectador desconecte y se ría hasta sofocarse. Es obvio que su historia no se debe analizar de forma objetiva, porque el chasco será grande si se hace, y tampoco se puede valorar el conjunto desde el punto de vista crítico, porque así no sólo se desacreditará a una cinta que no se lo merece, sino que una hora y media de pura comedia macarra se echará a perder. No todos los días se ve una película en la que todos los actores “fingen” estar borrachos, sólo por eso y por unos aliens más cachondos que los propios actores Grabbers ya merece toda nuestra atención. Seguramente el humor que aquí muestra Wright recuerde al que Edgar Wright expuso y con el que descolocó (para bien) a medio mundo en Zombies Party. La película despertó aplausos y carcajadas a partes iguales en el cine, creando un ambiente de complicidad y camaradería que a muchos no les hubiera importado que se prolongase un poco más. Todos los personajes, tanto principales como secundarios, dan rienda suelta a su repertorio cómico y no dejan de deslumbrarnos con un humor ya no sólo verbal sino físico que alzó la calidad de La Muestra hasta cotas, a priori, inalcanzables.

Aliens, amor y sobre todo, mucho humor, se dan la mano en una película que ya se presentó en la sección oficial del pasado Festival de Sitges y que tras su paso por La Muestra ha conseguido que mucha más gente intente verla. Un filme que sin duda se agradece ver en cualquier momento.

Lo mejor: El cachondeo que se respira durante todo el metraje y que llega al espectador a la perfección.

Lo peor: Que alguien pueda tomársela en serio y termine defraudado.

Nota: 7/10

BONEBOYS

Sinopsis: San Antonio, Texas. Cuatro jóvenes se ponen en marcha para celebrar un cumpleaños, su plan es pasarlo en grande e ir a cenar a un restaurante de lujo. Hasta que Sissi, su hermano Mikey, y sus dos amigos, Kenny y Barbie se topan con un extraño grupo de tipos conocidos como los BoneBoys. Pronto descubrirán que se trata de un grupo de caníbales, que se le alimentan de carne humana, viva o muerta, y que ellos se encuentran en su cota de caza.

La última película que pude ver en el primer día de La Muestra fue sin duda la peor de todas. Con una premisa bastante interesante y con unos avances a modo de tráilers que la hicieron un hueco entre las predilecciones de los fans del cine de terror y del slasher, la película se presentaba ante los asistentes con cierta expectación. Pero nada más lejos de la realidad, Boneboys, que llegaba como una especie de “remake” de La matanza de Texas, defraudó muchísimo a todo el respetable que se encontraba en los cines. Quizá el mayor problema sea ese, el desconocimiento, ya que ambas películas (The Texas Chainsaw Massacre, 1974 y Boneboys, 2012) cuentan con el mismo guionista, Kim Henkel, pero apenas (por no ser más tajante) guardan similitudes entre sí, ya que La matanza de Texas, aunque esté basada en hechos reales, cuenta con un guión original mientras que la otra cinta, de Duane Graves y Justin Meeksy, es una adaptación de la novela A Modest Proposal de Jonathan Swift, centrada en el canibalismo. Y de poco sirve que Ed Neal, el personaje que hacía de autoestopista en la película original y John Dugan, el abuelo, hagan un cameo en Boneboys, porque a esto no lo salva nadie… Conociendo datos como estos quizá el espectador no se sienta tan engañado al terminar de ver el filme, pero sin duda habrá presenciado una de las películas más tristes y bochornosas de su vida.

Aunque la risa ya se apodera del espectador desde los primeros compases de la cinta lo cierto es que al principio hay algún detalle que hace presagiar que todo valdrá la pena. Pero muy pronto todo se desmadra de tal manera que lo único que puedes hacer es reír, y si es a carcajadas mejor, porque esas transiciones con la Luna en primer plano, tan absurdas como intrascendentales  junto con esos malos tan patéticos hacen que el conjunto de la “película” alcance unos niveles de ridiculez que cuesta (y mucho) digerir. Hacia la mitad del largometraje llega lo mejor, porque la película comienza a dar unos giros surrealistas que desubican totalmente al público, que ya no sabe ni cómo seguir el hilo argumental (si es que tiene). Al final lo único que quedan son los aplausos irónicos por parte de un público muy generoso y paciente que a pesar de todo se lo pasó en grande.

Lo mejor: Las risas que provoca y que convirtió la Luna en el símbolo de la 10ª Muestra.

Lo peor: Toda ella es un absurdo total, ni su escasa duración la hace fluida.

Nota: 1/10