Tres amigos, hartos del trato que les da su jefe en el trabajo deciden buscar una solución drástica: acabar con ellos, claro está que lo último que quieren es ser pillados por lo que llegaran a la misma conclusión a la que llego Hitchcock, tú matas a mi jefe y yo mato al tuyo. Esa es la premisa de esta divertida comedía negra que firma Seth Gordon.

No cabe duda de que Resacón en las Vegas abrió la puerta a las comedias escatológicas protagonizadas por treintañeros que se pegan la juerga padre en busca de la juventud perdida. Ésta, siguiendo el camino que abrió la película de Todd Haynes, hace uso del mismo sentido del humor: grosero y sin concesiones, los chistes sobre tetas, cocaína, penes y demás se suceden durante toda la película unos con más acierto que otros, pero marcando la tónica general del filme.

El arranque de la cinta es fabuloso, con un montaje paralelo se nos va presentando a los tres protagonistas con sus respectivos jefes y sus situaciones laborales, dejando ya desde el comienzo algún momento de lo más divertido casi siempre protagonizados por esos tres jefes tan. Este comienzo ágil y divertido funciona perfectamente para que espectador se ponga en posición, también ayuda que al pasar al siguiente capítulo, la toma de decisión y ejecución del plan, la película no se resienta lo más mínimo pese a que los jefes dejen de tener el protagonismo.

Por ahí entra en escena el quizá innecesario personaje de Jamie Foxx y se pasa con la misma rapidez que en su inicio a poner en marcha el plan, un plan que nos dejará algún gag realmente descacharrante como toda la escena en la que entran en una casa, con algún momento que incluso deja escapar una chispa de brillantez, como esa hilarante recogida de la cocaína.

Es cierto que un se recta final la película se desinfla bastante, Gordon no sabe mantener lo construido y nos regala unos últimos diez minutos bastante sosos y sin gracia, una lástima que el realizador no consiga rematar la faena, porque con un final a la altura, posiblemente el sabor de boca que hubiese dejado el film sería mucho más agradable.

Pero la verdadera alma de la función, los que de verdad hacen que la película merezca su visionado, son sus secundarios, no solo por sus extraños personajes increíblemente divertidos, si no porque además los tres actores se hacen con ellos notablemente. Kevin Spacey está sublime haciendo de ese hombre continuamente cabreado que no sabes por dónde te va a salir, Jennifer Aniston sorprende gratamente y demuestra además que todavía no ha perdido ni un ápice de sensualidad, calentando más que nunca al personal, pero es sobre todo Colin Farrell con su personaje pasadísimo de rosca el que consigue arrancar continuas carcajadas en cada escena en la que aparece, que por desgracia, resultan demasiado pocas y nos dejan con ganas de más. Y es de agradecer el buen contrapunto que suponen estos personajes a su trío protagonista, que llega a resultar bastante soso y apático.

El guión es capaz de dejar alguna perla (aunque la mayoría se irán en la traducción) y casi se podría decir que repasa a rajatabla las siete palabras de George Carlin sin dejarse ninguna por el camino, como tampoco deja pasar la ocasión de echar alguna crítica contra el mobbing y el autoritarismo, críticas que por otro lado tampoco resultan demasiado pesadas ni evidentes.

Seth Gordon consigue que su comedía funcione como una máquina de engranaje, dándole el ritmo preciso y dejando todo a su debido tiempo y lo cierto es que no se resiente en absoluto hasta llegar a su final, una comedía que seguramente se desvanecerá con el paso del tiempo pero que presenta una curiosa mezcla entre el Extraños en un Tren de Hitchcock y el Trabajo Basura de Mike Judge que resulta perfecta para pasar un rato agradable.

2.5_estrellas