Michael Haneke siempre ha centrado su carrera en marcar el lado más oscuro del ser humano, en mostrar toda la maldad en estado puro desde todos los puntos de vista. Quizá en ese sentido Amor, sea la película más distinta del realizador y también la más personal, no renunciando nunca a ese lado oscuro que siempre existe, buscando en el drama de la vejez, quizá algo que le preocupa a estas alturas de su vida. Amor se centra en la enfermedad que nos atrapa a todos, como un reflejo del director preocupado por el devenir, al igual que se podía considerar Más allá de la vida, como una película sobre cómo afrontar la muerte por parte de otro director como Eastwood ya entrado en la última fase de su vida. Y es de hecho, pese al drama, y la dureza con la que está mostrada, en la que Haneke no elimina ni suaviza nada y usa la cámara como un vil testigo del fin de la vida, es la película con un mensaje más optimista en la carrera del realizador. Porque el mensaje, al final, pese a todo el sufrimiento registrado por su cámara, es que ese Amor, presente en el título, es lo único que mantiene viva la vida después de la muerte.

Amor empieza con una entrada por parte de los bomberos a la casa de esos dos ancianos, el trágico final que va a acontecer, no es ningún secreto, y Haneke nos los muestra al principio, haciendo que la película sea toda como un gran flashback, no existen misterios, la muerte está ahí y no existe salida, y es algo que el realizador se empeña en enfatizar desde el comienzo. Tras esto, y salvo las primeras escenas de la película, el resto de la película se desarrolla dentro de esa casa, desde el primer ataque que le acontece a Anne, nunca vemos nada del exterior. Cine de cámara para representar esa prisión en la que los dos protagonistas son sumergidos, y que quizá Anne no puede abandonar, pero Georges, realmente también es incapaz de hacerlo. De ahí que en una secuencia onírica a mitad del film, le vemos salir del apartamento, no pasa del rellano, y ya ahí todo se ha destruido, unos pasos más y unos manos le agarran, no, él está retenido junto a su esposa. El amor vivido, el que un día quizá fue romance, pero del que ya sólo queda amor, le obliga a estar a su lado en los peores momentos.

Quizá Georges y Anne siempre han estado sanos, no esperaban lo que se iban a encontrar, en los primeros compases de la película vemos a una pareja de ancianos que de forma saludable van al teatro y vuelven a casa en autobús. Pero cuando llegan, la puerta ha sido forzada, por primera vez quizá se sienten vulnerables, la amenaza les acecha y no tardará en llegar. Haneke recurre al terror para reflejar la realidad, no es que estemos hablando de una película de terror, si no que la rutina se vuelve terrorífica apareciendo siempre mostrada en plano. De hecho hay pocas que sucedan fuera de plano, aunque estás cuando suceden se intensifican como ese goteo del grifo que de repente se para, el goteo ha terminado, la vida, como ese grifo empieza a cerrarse. Haneke muestra sin filtros y sin tapujos cada una de las acciones de la vida cotidiana (sin llegar a la sordidez con la que filmarían algún compañero contemporáneo como Seidl), ver como Georges da a Anne de comer y la impotencia le lleva a darle, una bofetada que resuena con un tremendo estruendo, puede ser algo terrible.

Haneke firma de forma íntegra, el último acto de Georges, un acto horroroso, pero también un acto de misericordia, de piedad y también de amor. La cámara lo muestra entero, del principio al final, no hay posibilidad de escapar de ello. Pero hay algo que sobrevive a la vida, tras la enfermedad, tras el horror, tras la impotencia constante de un Georges, que se ofusca por sacar por la ventana a esa paloma que trata de colarse perturbando la paz, en un inteligente juego de simbolismo. Y es el Amor de dos personas que han estado toda la vida juntas, que en el declive y en el ocaso de la vida, han permanecido una atada a la otra, y es el amor procesado por ambos, algo evidente en Georges, que Anne quizá no pueda mostrar por su condición, pero que no nos cabe duda que si la situación fuera al revés estaríamos en las mismas. Y es precisamente ese Amor lo que le mantiene unidos una vez terminada la vida, la de uno y la del otro, por que como Romeo y Julieta, son incapaces de entender la vida sin el otro, pero al contrario que en la obra de Shakespeare no se trata de un amor pasional de juventud, si no el que se genera en una vida de compañía. Haneke es duro, visceral, pero por primera vez es piadoso y optimista, existe el amor, existe la esperanza.

Título Original: Amour Director: Michael Haneke Guión: Michael Haneke Música: Franz Schubert, Ludwig Van Beethoven, Johann Sebastian Bach Fotografía: Darius Khondji Interpretes: Jean-Louis Trintignant, Emmanuelle Riva, Isabelle Huppert, William Shimell Distribuidora: Golem Fecha de Estreno: 11/01/2013

  • La verdad es que en un principio a mí también me sorprendió este proyecto de Haneke viendo sus antecedentes. Y la fama que está teniendo, las nominaciones a los Oscar, etc. este tipo de factores me hicieron pensar que quizás “Amour” era una película más “edulcorada” por así decirlo, y puede que también algo más convencional.

    Pero como me alegra comprobar que Haneke sigue esforzándose y sacando sobresalientes en esa carrera por convertirse en uno de mis directores favoritos. Aunque en un principio no lo parezca, Amour es Haneke puro y duro… Y la Hanekada no falta a la cita je je…

    Me ha gustado mucho la reseña y como has expuesto los simbolismos de Haneke (que igual son meras interpretaciones personales, pero yo estoy de acuerdo). El de la puerta forzada me parece muy bueno.

    Me encanta que los directores expongan abiertamente sus preocupaciones personales que sienten en ese preciso instante de su vida para dar lugar a grandísimas obras como Amour. Yo soy muy joven aún, 18 añitos, creo que hasta dentro de mucho (a pesar de que me ha gustado bastante) no volveré a ver esta película.