No es nada nuevo hablar de lo recurrente que es en el cine español hablar la Guerra Civil. Son muchas las películas que durante muchos años han profundizado en este tema, de una manera u otra, intentando darle un nuevo enfoque. Sin embargo, poco a poco, este asunto se convirtió en algo demasiado recurrente en las producciones españolas que veían como se agotaban las ideas para enfocar de manera distinta el conflicto.

En el año 2006 Guillermo del Toro nos ofreció un soplo de aire fresco en lo relacionado con las películas sobre esta época de nuestra Historia, más concretamente con la posguerra. Ese soplo se llamó El laberinto del fauno. En ella una niña se evadía del conflicto gracias a un mundo fantástico en el que ella es la princesa de un reino repleto de seres fantásticos.

El bosque vuelve a probar suerte con la fórmula que tanto éxito le dio a Guillermo del Toro, esta vez cuenta la historia de una familia del Bajo Aragón que esconde un secreto ancestral: dos veces al año, por la noche, cerca de su masía aparecen unas misteriosas luces, un fulgor sobrenatural, entre la maleza de un extraño bosque. Según la tradición familiar esas luces son una puerta que conduce a otro mundo, del que no se puede volver. Cuando, en 1936, estalla la guerra civil, las milicias anarquistas toman el poder en el Bajo Aragón, y Ramón, el cabeza de familia de la masía, es perseguido más por razones personales que ideológicas: el “Cojo”, uno de los anarquistas del pueblo, está enamorado de Dora, la mujer de Ramón, y trata de aprovecharse de la situación. Dadas las circunstancias, Ramón se ve obligado a cruzar el umbral de las luces.

 El gran y principal problema de la película de Óscar Aibar es querer parecerse a la de Guillermo del Toro. Es inevitable establecer comparaciones entre estas dos cintas ya que ambas tratan el tema de la Guerra Civil añadiendo a la historia carácter fantástico. En ambas nuestros protagonistas usan otro mundo para escapar tanto de la guerra como de los horrores que trae consigo.

Óscar Aibar, aún contando la historia desde el punto de vista de un simpatizante del bando nacional, cae en una cosa que en este tipo de películas es muy frecuente: encumbrar a unos para demonizar a otros. Esta vez les ha tocado a los anarquistas ser los “demonios”, unos “demonios” grotescos y a los que el director en ningún momento da la opción a cambiar.

A parte de unos personajes grotescos -mejor no hablamos del capitán de las Brigadas Internacionales- y un guión cuya factura deja mucho que desear, lo peor de El bosque es su intento por volverse una película reflexiva y profunda. Plantea así una burda y mediocre metáfora sobre los escondidos de la guerra, aquellos que durante mucho tiempo estuvieron viviendo en la oscuridad -muchas veces de sus casas- por miedo a las represalias políticas a las que se podían ver sometidos. En El bosque ese oscuro escondite se vuelve un mundo de fantasía, que no se muestra al espectador, lleno de vida y donde hasta la peor de las personas puede madurar y volverse comprensivo con los demás.

Una metáfora que viene acompañada de una enseñanza: la de ser comprensivos y respetar todas las opiniones, que lamentablemente ya nos sabemos de memoria. Y es que algo falla cuando una película, en teoría seria, sobre una de las épocas más terribles de nuestro país, te hace reír.

Título Original: El bosc Director: Óscar Aibar Guión: Albert Sánchez Piñol Música: Javier Navarrete Fotografía: Mario Montero Interpretes: Tom Sizemore, Àlex Brendemühl, Benjamin Nathan-Serio, Maria Molins, Josep Maria Domènech, Pere Ponce, Manel Dueso Distribuidora: EMON Fecha de Estreno: 14/12/2012