Año 1931, un grupo de niños tienen la particularidad de no sentir dolor. Esto les lleva a ser un peligro para los demás y para ellos mismos, por este motivo se decide recluirlos en un hospital bajo estrictas medidas de seguridad. En la actualidad, David (Àlex Brendemühl) es un gran cirujano que acaba de sufrir un accidente de coche con su mujer embarazada. A resultas de esto: pierde a su mujer, su hijo es salvado y puesto en una incubadora y él descubre que tiene un cáncer de difícil curación. Para salvarse, deberá pedir a sus padres un trasplante de médula espinal, pero las circunstancias le llevarán a investigar su pasado, coincidiendo con la historia de estos niños insensibles al dolor.

Este es el punto de partida de una historia irregular, un tanto desconcertante y confusa al principio, provocando pequeñas pérdidas de atención hasta que todas las piezas encajan y se descubre que ese puzzle era más lógico de lo que parecía a priori. Sin embargo, hay momentos de relleno, en que el guión divaga de un tema a otro sin encontrar un anclaje interesante. Realmente estirada, Insensibles llega a aburrir por momentos, perdiéndose en sus ganas de generar una atmosfera adecuada. Curiosamente, esta magia se pierde en los momentos de actualidad, demasiado estereotipados y convencionales, contrastando de manera radical con los momentos retrospectivos en los que la atmosfera y el tempo se han sabido plasmar de manera bastante efectiva.

A todo esto se le suma un personaje protagonista bastante plano y convencional interpretado por un suficiente Àlex Brendemühl que tira de experiencia para cumplir su trabajo con buena factura. El resto de personajes corren la misma suerte, siendo pocas excepciones los personajes destacables por estar bien dibujados. Todos estos elementos contribuyen a que Insensibles sea una película muy irregular y aburrida por momentos, dejando en el espectador la sensación de que podía haber dado más de sí. Un buen punto de partida que se pierde entre tópicos y convenciones demasiado extendidas para que puedan presentarse como una novedad para el público nacional. No había necesidad alguna de situar a los niños insensibles en plena Guerra Civil, salvo para tratar de justificar ciertas actitudes y posiciones de ciertos personajes que acaban desembocando en el mal irracional. Algo parecido sucedía en la fallida La semilla del mal, cimentada en una leyenda judía y como tal, aderezada con toques de nazismo para justificar el mal desencadenado.

Una pena que un buen punto de partida no haya sido secundado por una apuesta valiente e igual de original. Ha faltado ese punto de riesgo que aleje los tópicos, los modelos demasiado vistos en nuestro cine y que son un viejo conocido del espectador.

Título original: Insensibles. Director: Juan Carlos Medina. Guión: Juan Carlos Medina y Luiso Berdejo. Música: Johan Söderqvist. Fotografia: Alejandro Martínez. Reparto: Àlex Brendemühl, Juan Diego, Tomás Lemarquis, Derek de Lint, Irene Montalà, Félix Gómez, Bea Segura.