Audiard siempre ha contado sus historias con rudeza, con un tono despojado de sentimientos, crudo, pero capaz de alcanzar una notable complicidad con el espectador. Alejado de la violencia de Un Profeta, ahora el realizador se acerca a una dura historia de amor, pero tratada con el mismo tono rudo que hasta ahora nos había acostumbrado. Así De Óxido y Hueso se convierte en una historia de amor en la que no existen sentimentalismos, una película dónde los protagonistas son los que se guardan sus emociones y las expulsan de forma rabiosa. Una historia entre dos personas lisiadas que irremediablemente nos recuerda en más de un momento a Garras Humanas de Tod Browning, que parece ser el punto de partida a través del que ha trabajado Audiard. Las emociones nunca llegan al espectador, pero no hay necesidad de ello para entender a la perfección el comportamiento de estos dos personajes, inválidos ambos, de forma distinta, pero ambos despojados de parte de su cuerpo, con la necesidad de conocerse a sí mismos con la ayuda de sus compañeros. De Óxido y Hueso es una historia de amor que nace desde el dolor, dónde el dolor es lo único que permanece siempre visible durante todo su metraje.

Alain acaba de escapar con su hijo después de que su madre lo utilizase como mula para tráfico de drogas. Se trata de adaptar en el ambiente tenso de la casa de su hermana. Tiempo atrás fue boxeador y ahora utiliza su físico en busca de buscar de trabajo ya que es lo único que le queda, encontrando trabajo primero como portero de discoteca y luego guardia de seguridad. Por su parte Stéphanie es una domadora de ballenas, que aunque vive con su novio, se siente completamente sola, tiene la necesidad de salir de fiesta por las noches, vestida de forma provocativa, con el único deseo de sentirse deseada. Tras una pelea en la discoteca donde Alain trabaja, éste la llevará a su casa estableciendo un flojo primer vínculo. Tras perder ellas las piernas en una desgarradora escena, de las más notables de todo el filme, no sabemos muy bien porqué terminará llamando a Alain. Entre los dos se establecerá una historia de amistad, en las que no hay rastros de pasión. La carnalidad sólo llegará cuando él se ofrezca a tener sexo después de que ella dude si puede seguir funcionando, pero no hay ningún sentimiento por parte de él, un simple acto de placer que no conlleva ninguna entrega emocional, por qué sencillamente él es incapaz de amar.

La forma de rodar que tiene Audiard quizá hace más visible la discapacidad de Alain que la de la propia Stéphanie. Es extraordinario el uso que se hace del CGI, haciendo desaparecer por completo las piernas de Marion Cotillard, esto de primeras puede jugar en su contra, pues el espectador andará pendiente de encontrar las trampas de la técnica. Pero esto desaparece pronto, sobre todo por la dolorosa interpretación de Marion Cotillard, que te hace asumir más la pérdida de sus dos miembros que la propia imagen visual. Un hombre sin corazón, incapaz de amar, una mujer sin piernas que ha perdido toda la dependencia y es ahí donde los dos se encuentran para recomponer al otro. La depresión de Stéphanie se empieza a evaporar en el primer contacto con Alain, él nunca la trata como una persona distinta por el hecho de no tener piernas, la primera bajada a la playa, el nuevo contacto con el agua es el primer momento en el que ella se siente completamente viva. A partir de ese momento tiene un contacto con el mundo que la hace volver a ser feliz, la vida se apodera de ella, quizá más visiblemente en ese fantástico momento que tiene en la terraza al ritmo de Firework de Katy Perry, un tema que además demuestra aquí tener una portentosa fuerza cinematográfica.

Pero el problema de Alain es mucho más grave que el de ella, su único contacto con la vida llega a través de peleas callejeras, necesita ese dolor físico para sentirse vivo, pese a tener en ello el apoyo de Stephanie, éste nunca se lo tendrá en cuenta. Lo de Alain es irreparable, no puede amar, no puede sentir, ni por esa amiga que se ha ganado un hueco más fuerte, ni siquiera por su hijo. Algo que Audiard además resuelve con bastante torpeza en el tramo final de la cinta, precipitando una conclusión a la que el personaje no habría llegado jamás de no ser por una vuelta tan brusca y que en cierto modo se siente como insertada a la fuerza. Se podría definir De Óxido y Hueso como una historia de amor en la que no existe en el amor

El mayor problema que encontramos en De Óxido y Hueso es su evidente irregularidad, pese a la excelente definición de los personajes, a veces sentimos que la conexión entre ambos personajes se diluye, y su frialdad a veces la lleva a caer en lo irreal. No es un Audiard tan redondo como el de Un Profeta, pero sus señales de identidad siguen intactas, y además las extraordinarias interpretaciones de sus dos protagonistas, especialmente la de Marion Cotillard, ayuda a levantar la película cuando ésta afronta sus peores momentos. Un amor triste y atípico que nace desde aquellas garras de Browning.

Título Original: De rouille et d’os Director: Jacques Audiard Guión: Jacques Audiard, Thomas Bidegain Música: Alexandre Desplat Fotografía: Stéphane Fontaine Interpretes: Marion Cotillard, Matthias Schoenaerts, Céline Sallette, Bouli Lanners, Alex Martin, Corinne Masiero, Tibo Vandenborre Distribuidora: Vértigo Fecha de Estreno: 14/12/2012