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En uno de los veredictos más sorprendentes en los últimos certámenes de Cannes, Los hermanos Coen decidieron este año premiar a la última del francés Jacques Audiard con la Palma de Oro por encima de otras que sobresalían en las quinielas realizadas por la prensa presente en el Festival. Pero este reconocimiento a Audiard, uno de los cineastas galos más en forma del panorama actual. Centrando su filmografía en mostrar la supervivencia de los más débiles, Dheepan es otra muesca más en todo aquello que el francés siempre ha mostrado en su cine, aunando la violencia física y emocional de la que siempre ha hecho gala, ya que incluso en películas como la reciente De óxido y hueso, el realizador siempre ha buscado mostrar la violencia con la que afrontamos nuestras vidas.

Camuflada de cine social, lo cierto es que lo Audiard plantea en Dheepan va mucho más lejos. La película cuenta la historia de un opositor al gobierno de Sri-Lanka, que junto a una mujer y una niña desconocidas adquiere la identidad de una familia que ha fallecido para escapar del país asiático en busca de una nueva vida en Francia. Allí no sólo deberá hacer frente a los problemas causados por un cambio de residencia, sino que también tendrá que aprender a convivir con una familia que no es la suya como si lo fuera y, lo más complicado, conseguir dejar los horrores de una guerra que aún le persigue atrás.

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De una manera bastante inteligente, Audiard divide la película en varios actos. Su epílogo, cortado bruscamente, es realmente necesario para entender lo que viene después. Son apenas unas pinceladas, pero lo suficientemente bien perfiladas como para que el espectador sea capaz de entender la situación que se vive en Sri-Lanka y la necesidad de estas personas por salir. Pero esta huida no es la única a afrontar, no es casual que la primera imagen de Dheepan en suelo galo sea vendiendo artículos de recuerdo en las terrazas parisinas para acto y seguido volver a huir de la policía. Durante la primera mitad de la película, Audiard se centra en los problemas de la inmigración, una trama que realmente hemos visto repetida en multitud de ocasiones en el cine. Los protagonistas tienen que aprender a vivir como una familia, pero también a olvidar su pasado y comportarse como ciudadanos franceses, ya que pese a la barrera idiomática se encuentran en un país que tan solo es capaz de aceptar la inmigración mediante la asimilación cultural. Algo que Audiard muestra con gran acierto.

Sin embargo, es la segunda mitad en la que Audiard saca a relucir a flote todas las constantes de su cine. Encerrados en un barrio de viviendas marginales, que bien podría recordar a los que David Simon mostró en la americana ciudad de Baltimore en The Wire, los protagonistas se ven encerrados en una verdadera guerra de bandas. La guerra, siempre presente y persiguiéndoles allá a donde vayan, es algo que Audiard busca mostrar sin ningún tipo de disimulo, subrayándolo con esmero en algún momento que también goza de un gran impacto dramático, como ese en el que la más pequeña pregunta cuál es la diferencia entre esas bandas que habitan allí y las que estaban en el país del que tuvieron que huir. Estos fantasmas de la guerra hacen mella en un Dheepan que cada vez se siente más débil, y que ve todo reflotar cuando aparece un viejo líder del bando rebelde que le insta para mandar dinero a casa para que puedan comprar bandas. Dheepan menciona que para él la guerra ha terminado, pero esta verdad que quiere asimilar no es del todo cierta, ya que habiendo luchado desde que era pequeño, esta sigue instalada en el fondo de su ser.

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Lo más complicado del filme llega en su tramo final, este quizá podría haber resultado incluso exagerado si tenemos en cuenta la inusitada cantidad de violencia que presenciamos y que no parece acorde con el tono bastante más contemplativo que tiene el filme durante todo su metraje. Pero resulta extraordinario como para que este festival violento digno de Tarantino tenga perfecto sentido en su narración. La guerra de Dheepan explota al mismo tiempo que consigue entender el significado de su nueva familia y el afán por una protección paternal que jamás quiso aceptar, pero que venía vinculado cuando se llevó de la mano a otras dos personas para poder huir de su país. Estos dos motivos se encuentran perfectamente conectados en un final oportunamente optimista en el que Audiard da a mostrar que la única manera de huir de los fantasmas del pasado se encuentra en el refugio familiar.

Es posible que Dheepan no haya sido una de las Palmas de Oro que mayor consenso han conseguido en los últimos años, pero lo cierto es Jacques Audiard, que ya había dejado patente su talento a lo largo de su filmografía, vuelve a filmar una extraordinaria película. Una de esas películas que se sienten ridículamente necesarias por traer a los ojos occidentales unos problemas que a veces sentimos demasiado lejanos. Que los Coen decidieran premiar este filme por delante de otros más aplaudidos acaba siendo una resolución bastante lógica y mucho menos extravagante que otros premios que hemos podido presenciar.

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Ficha técnica:

Título original: Dheepan Director: Jacques Audiard  Guion: Jacques Audiard, Thomas Bidegain, Noé Debré Música: Nicolas Jaar Fotografía: Éponine Momenceau Reparto: Vincent Rottiers, Marc Zinga, Jesuthasan Antonythasan, Franck Falise, Claudine Vinasithamby Distribuidora: Vértigo  Fecha de estreno: 06/11/2015