Pocos directores pueden presumir como Steven Soderbergh de haber hecho siempre lo que le ha venido en gana tocando el tipo de cine que ha querido, saltando de mega producciones con reparto de lujo, a películas mucho más pequeñas o incluso experimentales, ha hecho ya tanto que hasta ya ha anunciado su prematura retirada tras las cámaras.  Pero incluso antes de irse (y que por ahora no lo hará, todavía tiene una par de proyectos sobre la mesas) parecía empeñado a seguir experimentando, Contagio desde fuera daba la sensación de que podría ser un acercamiento del realizador al cine de género, pero en la ejecución esto no es así, posiblemente por más malas maneras que por falta de ganas.

No es menos cierto que Contagio aterra, es una película terriblemente hipocondriaca, sabe meterte de lleno esa cosa en el cuerpo, pero lejos de aterrarte lo que estás viendo, lo pasas peor por si tu brazo roza al de la persona que tienes en la butaca de al lado, y es que el principal problema de la película reside en que está narrada de una manera muy fría, sin ningún tipo de garra, provocando incluso indiferencia en algunos pasajes, pero aunque no nos consiga hacer partícipe de todo, la pantalla se convierte en una ventana por la que nos quedamos mirando como “voyeurs”.

Un nuevo virus se ha empezado a propagar rápidamente por todo el mundo, en apenas un par de días ya han aparecido afectados por distintas ciudades del mundo, un virus mortal, el cual no se sabe como curar, y del que se teme que pueda acabar con gran parte de la población mundial.

Sodebergh tira de sencillez a la hora de contar la historia, pese a estar ante una película que fácilmente se podría incluir en el género de cine catastrófico el realizador no necesita ningún tipo de efecto especial para contarla. Intenta darle un enfoque mucho más realista y dramático de lo que este tipo cine nos tiene acostumbrados, y lo hace a través de varias historias paralelas que consiguen ir contando bastante puntos de la historia, desde el día a día de gente de la calle que tiene que lidiar con la enfermedad, a los propios miembros del CDC que tienen que buscar una cura y e intentar que no cunda un pánico. Por supuesto también hay lugar para la prensa, o mejor dicho la prensa del mañana, en la figura de ese patético blogger interpretado por Jude Law.

Y como suele ocurrir en este tipo de películas que cuentan varias historias (algo que no es nuevo para Soderberg, ya que es un tipo de narración que ya toco en Traffic, bastante superior a ésta), unas resultan más interesantes que las otras, alguna nos resulta bastante cargante (la ya mentada historia del blogger pesado), pero lo que es peor, tampoco hay ninguna que realmente sobresalga y haga sentir más interés hacia la misma. Y Soderberg intenta contar todo, quiere contar mucho en apenas tiempo, y a veces va sembrando semillas interesantes que luego no recoge, como cuando empieza a jugar a los Diez Negritos buscando el origen del la enfermedad, posiblemente lo más interesante que nos ofrece la película, y que el realizador apenas aprovecha para sacarle juego.

Pero pese a todo la cinta tiene un punto de lo más interesante, y supone un visionado agradable y para nada cargante, desde luego que se echa en falta una mayor implicación e identificación en lo que se está contando, pero consigue trasmitir una paranoica hipocondría de lo más divertida. Podría haber sido mucho más, no sabemos si por pereza, incomodidad o qué Soderberg no consigue exprimirla a fondo.

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