Los últimos trabajos de Tim Burton nos hacían pensar en que la carrera del realizador había entrado en una decadencia de la que difícilmente podría sobreponerse. Ni Alicia en el país de las maravillas, ni Sombras Tenebrosas, eran trabajos en donde hubiera un atisbo del talento de un realizador que otrora demostró tener una de las mentes más revolucionaras del cine actual. Su estética gótica unida al carácter marginal y depresivo de sus personajes convirtió su cine en icónico y posicionó su figura entre las más importantes de finales del siglo XX. No es que Burton hubiera desaparecido drásticamente, Sweeney Todd o La Novia Cadáver eran excelentes películas muy Burtonianas, pero si carecían del alma que tenían alguno de sus primeros trabajos. Para renacer Burton ha tenido que volver a sus orígenes, y así ha sido, es más, lo ha hecho volviendo a uno de sus primeros trabajos. El resultado no podría dejar más claro que el que tuvo retuvo y es que Burton ha firmado una obra maestra, una de las mejores películas de su filmografía y en la que vuelve a sentirse ese espíritu tan personal que le impregnó a Eduardo Manostijeras o a una Ed Wood con la que guarda muchas similitudes.

Burton no ha cambiado en estos casi 30 años, en el corto original se podía ver claramente mucho de lo que habría en su cine, aquello, en 1984 le valió el despido de Disney por que su visión tétrica no era propia para el público infantil. Ahora es la propia Disney la que financia este proyecto que vuelve a sacar al Burton en estado puro que tanto echábamos de menos, y que no ha cambiado realmente mucho su visión de la de aquel joven de 26 años, el mundo si lo ha hecho, ahora Frankenweenie es un producto totalmente apto para toda la familia, el problema de Burton en aquel momento fue adelantarse a su tiempo. En esta adaptación sobre su propio material Burton no se ha limitado a estirar lo ya ha hecho, si no que a partir de lo su trabajo ha desarrollado una historia mucho más madura. El corto de Frankenweenie hablaba de cómo afrontar las perdidas a una temprana edad. Aquí Burton va un paso más allá, y sin olvidarse nunca de que en el fondo la historia no deja de ser una relectura de la obra de Mary Shelley, la película se convierte en una bonita y triste oda al cine de terror clásico, llena de referencias a los monstruos clásicos, lanzada con una nostálgica mirada en un precioso blanco y negro en los tiempos dónde los psicópatas han ocupado el lugar de los monstruos.

Víctor tiene que afrontar la pérdida de su perro Sparky tras ser atropellado. Realmente Sparky es la única compañía de un chaval bastante inadaptado, sin amigos y sin mayor comprensión que la de sus propios padres. Por eso el día que vea una posibilidad de volver a traer a Sparky a la vida no se lo pensará dos veces. Tim Burton se expone abiertamente, posiblemente más que nunca, Víctor y su perro no dejan de ser una especie de Eduardo Manostijeras y a su vez una visión del propio realizador. Víctor es incapaz de entender que los demás no vean que lo que ha hecho por el animal es un acto de amor, aún así se preocupará de esconderlo de la misma forma que Eduardo se veía protegido del exterior, en un acto no de reclusión, si no de amor y protección. Pero controlar a un perro no es asunto sencillo, y su salida al exterior le causará más de un problema a Victor, que se sentirá presionado y empujado hasta extremos que preferiría no haber tocado. Extremos que le aterran pero que se siente obligado a hacer por su amor a su mascota.

Es difícil no tener la sensación de que Burton parece a veces obcecado en hablar de sí mismo, de explicarnos como ha tenido que hacer cosas que no quería hacer para poder así también tener vía libre a hacer otras películas minoritarias y mucho más personales. De cómo cuando habla de cómo el ser humano no quiere entender la ciencia, parece querer hablar de lo difícil que es reconocer a cualquiera que ofrezca cualquier idea nueva. Burton cuenta una historia triste, bonita y melancólica, lo hace con mucho sentido del humor, sin olvidarse de sus habituales y divertidos secundarios como ese Edgar que parece un hijo de Peter Lorre y Quasimodo, o llenando a la película de monstruos en su recta final de la forma más divertida y disparatada, pero sin olvidarse nunca de que Frankenweenie es en el fondo la historia de un niño incapaz de afrontar la muerte. Tim Burton rueda una de las más personales y mejores películas de su filmografía, una obra maestra que nos habla de la resurrección de un genio que muchos dábamos por perdido.

Título Original: Frankenweenie Director: Tim Burton Guión: John August Música: Danny Elfman Fotografía: Peter Sorg Distribuidora: Disney Fecha de Estreno: 11/10/2012