Hay varias cosas que diferencian a La Montaña Rusa de la vieja Siete Picos del Parque de atracciones de Madrid, la primera es que el Siete Picos era una atracción muy divertida, era imposible no pasárselo bien montado en ella, en cambio La Montaña Rusa sólo consigue ser divertida cuando da tanta vergüenza ajena que no puedes evitar reírte de ella. Además el Siete Picos duraba muy poco y te quedabas con ganas de más, con La Montaña Rusa a los dos minutos ya te preguntas por qué no ha terminado. El Siete Picos era muy vieja y hace ya unos cuantos años la desmontaron por eso, en cambio La Montaña Rusa también es antigua pero la estrenan ahora, vale es cierto que en La Montaña Rusa hay tetas pero en el Siete Picos siempre podías tener la suerte de que se te montase delante una guiri alemana borracha y las enseñase para la foto. Todo esto me lanza una duda más sobre la película, una más de las muchas que ya tengo, si están en Madrid y de pequeños van al parque de atracciones ¿Por qué demonios no se montan en el Siete Picos?

No entiendo hoy en día que es lo que puede llevar a alguien a producir esta película, claro que cuando el productor es Enrique Cerezo puedo empezar a entender algunas cosas, me imagino al señor Cerezo en su casa leyendo un guión mientras ve un partido del Atleti, empieza a ojear y a mirar el libreto, diciendo: “Bla, bla, bla, TETAS, bla, bla, bla, TETAS, bla, bla, bla, TETAS ¡Este guión me interesa!”. La Montaña Rusa es algo así como una película porno, sin penes, porque a Cerezo no le interesan y sin penetraciones para que se pueda estrenar en cines y puedan ir los niños a verla. La película cuenta la historia de una frígida que lleva toda la vida soñando con el polvo perfecto, desde pequeña cuando se recreaba con los gritos de mamá mientras follaba, pero esto, lejos de crearla ningún trauma, se ha convertido en su objetivo a alcanzar en la vida, alguien que la folle bien, que la haga sentir esa montaña rusa. Pero cuando se ha follado hasta al vecino bizcochito y nadie la ha follado como dios manda, pues no la queda otra que renegar de ello, entonces esta violinista (bien traída la forma fálica del arco y la frotación del instrumento a contexto), se encuentra con un viejo amigo de la infancia que es presentador de un late night, este presentador es Alberto San Juan, todos sabemos que el único sitio en el que Alberto San Juan podría presentar un late night y que a alguien le parezca gracioso es Intereconomía (¿Qué no? ¿Habéis visto Los Clones?), pero bueno, el caso es que la lleva a un bar de pilinguis a ver un show de sexo en vivo dónde sale su amigo el payaso y se enamoran aunque no folle bien, pero follan mucho, en esto que conoce un poco más al payaso, también y follan, y folla muy bien, entonces se debate: Quiero a uno pero me folla mal y el otro me folla bien y he dejado de ser una frígida. Y follan, follan mucho, como en una peli porno, pero eso sí, sin penes.

Pero entonces se preguntarán, pero entre polvo y polvo… habrá algo que la diferencie de una película porno, ¿no? Pues sí, si lo hay, que los interludios duran bastante más que en el cine porno por lo que se hace aún más pesado. La montaña rusa trata de ser una comedia, una comedia muy noventera, de esas que vistas entonces no hacían gracia, y que hoy por supuesto tampoco la hacen, ¿Qué sentido tiene hoy día hacer una comedia así? Aunque claro cuando ves a la gente reírse de chistazos como el de violón, te preguntas si realmente lo que falla es la película o es la humanidad. Todos los chistes de la película resultan rancios, repetidos, más dignos de la parrilla cómica televisiva de una película que trata de atraer al público al cine. La repetición de situaciones roza el absurdo, sin ir más lejos la continua aparición del mismo restaurante una y otra vez, sin necesidad alguna, acaba convirtiéndose casi en un recurso típico de sitcom de esos que no resultan tan excesivamente forzados cuando se extrapolan al cine, dando pie a alguna escena que se encuentra totalmente fuera de lugar. El viaje a París simplemente parece contestar a una necesidad de inflar gastos para poder sumar más subvenciones… o quizá sólo será una forma de evidenciar lo que es la vergüenza ajena llevándola a un territorio más lejano.

Aunque somos injustos, realmente La Montaña Rusa si hace reír, se me escapa la risa nerviosa de la vergüenza ajena que siento en ciertas secuencias, incluso en algún momento puedo llegar a sentir cariño a la película pensando de que llega a los límites más inhóspitos del ridículo de manera provocada, regodeándose de lo terriblemente mala que es, como en esas fantásticas secuencias oníricas del violín o las ovejas, me preguntó si no sería lo justo recomendar a mis lectores que paguen el precio de la entrada para que puedan comprobarlo por ellos mismos.

Y qué decir de su cartera de actores, Verónica Sánchez da todo un recital, ¿interpretativo? ¡Ja! ¿Estáis de coña? No, da un recital de desnudos, hasta en seis escenas sale desnuda, contando solo las que se ve el pezón, si no hay alguna más, además en una si estas atento también enseña el pelambre, obviamente las conté, me parecía un detalle mucho más interesante que cualquier otro de la película. Alberto San Juan es un tipo que me hace mucha gracia, vale, creo que me he expresado mal, rectifico, me hace mucha gracia ver como Alberto San Juan pretende siempre ser un tipo gracioso cuando posiblemente sea el tipo con menos gracia del planeta, y como decimos hace de presentador de un late night ¡y nos lo tenemos creer! ¡y qué tiene éxito! Desde aquí le quiero decir amablemente al señor San Juan: Mire, usted es un tipo que no tiene ningún tipo de carisma, olvídese de hacer cine, ni televisión, no en serio, ya vió como acabó lo de Cheers, ¿Esperaba otra cosa? Usted está en un buen momento para retirarse del cine, comprarse una casita en el campo y dedicarse a vivir, ya se acordaran de usted para futuros programas de Cine de Barrio, no nos martirice más con su presencia, por favor. Ernesto Alterio es otro que tal baila, aunque éste al menos si tiene algo más de gracia de vez en cuando y se agradece que se preste a la causa totalmente usando un devastador eyeliner que le hace acercarse aún más a la figura del actor porno que promulga la película.

Debo confesar que disfruto muchísimo con El Otro lado de la cama, sin ser mucho más que una comedia de enredo, se crecía gracias a su desparpajo y sus divertidísimos números musicales, pero con su secuela Emilio Martínez Lázaro dejo bien claro que ya había gastado toda la fórmula, esta nueva película (¡Qué encima no tiene números musicales!) no hace más que dejar patente que no hay nada que rascar. Estupidez suprema que solo valdrá para aquellos despistados que quieran ver las tetas a Eva Serrano y no conozcan la existencia de Mr. Skin. ¿Y esta gente es la que llora por que el cine español va mal? Muy señores míos, miren este cine que me hacen y pregúntense si realmente es culpa de Internet que el cine español funcione así de mal.

Título Original: La montaña rusa Director: Emilio Martínez Lázaro Guión: Daniela Féjerman y Emilio Martínez Lázaro Música: Roque Baños Fotografía: Teo Delgado Montaje: Iván Aledo Interpretes: Verónica Sánchez, Ernesto Alterio, Alberto San Juan, Luis Bermejo, Loreto Fajardo Distribuidora: Alta Films Fecha de Estreno: 16/03/2012