Algo está cambiando en la animación española, eso es un hecho. Después de ver que éramos técnicamente competentes con la realización de Planet 51, decidimos explorar otros ámbitos aunque estos hayan ido por el camino de una animación más tradicional. Si el año pasado Fernando Trueba y Javier Mariscal estrenaban la sensacional Chico y Rita, ahora llega le llega el turno a otra película de animación dirigida también a un público adulto: Arrugas. Puede que aún nos quede como asignatura pendiente el ser capaces de realizar una película de animación infantil que sea digna de mención, pero por ahora las cosas se están haciendo muy bien.

No vamos a comparar la película de Ignacio Ferreras con la de Trueba porque sería injusto ya que ambas son radicales distintas y porque está además saldría perdiendo con diferencia, lo cierto es que Arrugas es una película innecesariamente animada, es cierto que no siempre la animación tiene que servir únicamente para contar historias que no se podrían contar de otra forma, pero sí que tiene que conseguir al menos que mientras que vemos la película seamos incapaces de imaginar que lo que estamos viendo podría ser fácilmente una película de acción real, y es ahí donde encontramos su primer error, pero más allá de eso porque aún así somos capaces de disfrutar con la animación de la película, nos encontramos con que realmente lo que nos cuenta Arrugas no nos resultaría tan sorprendente si fuera una película de acción real.

Ignacio es un antiguo director de una sucursal de banco que cuando llega la vejez ve como su familia le lleva a un asilo cuando los primeros síntomas de la demencia senil empiezan a aparecer en él. La película de Ignacio Ferreras se centrará precisamente en ese camino del alzhéimer, desde la primera vez que la enfermedad ve la luz hasta que finalmente el protagonista se ve vencido por una enfermedad que tristemente, a día de hoy, aún no tiene cura. Es cierto que el tratamiento de la enfermedad se realiza de una forma bastante cuidada, pero se encuentra con el problema de que acaba arrastrando consigo toda la historia, por lo que inevitablemente la película acaba resultando excesivamente triste y melancólica, sin dejar apenas respiro a un espectador que acaba hastiado de tanto sentimentalismo.

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Parece claro que estas no son realmente las intenciones de su creador puesto que en más de un momento intenta crear interludios cómicos con los que dar esa necesaria pausa a todo el drama, pero el problema es que estas no funcionan, acaba pesando más la enfermedad y arranca cualquier atisbo de humor que pudiera encontrarse. Esto también hace que por el camino se queden interesantes secundarios que según avanza la trama acaban desapareciendo completamente.

La apuesta merece ser mencionada aunque solo sea por lo arriesgado de la idea, y realmente Arrugas no es en absoluto una mala película, tiene detalles muy interesantes y sobre todo una forma de tratar a una enfermedad como el alzhéimer bastante realista e incluso terrorífica, pero la tristeza puede con ella, resultando abrumadora  y quedándose lejos de emocionar. Arrugas podría haber sido fácilmente un largometraje de acción real, y seguramente que en tal caso el eco de la película habría sido mucho menor, porque simplemente habría sido una película más, pero no porque sea de animación debemos de perdonarla el hecho de ser una película más.

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