28 de agosto de 2003. En Erie, Pennsylvania, Brian Wells, un pizzero de 46 años entra a atracar en un banco, lleva una bomba atada al cuello. Cuando la policía llega y le detiene, el alega que le obligaron a ponerse la bomba y a atracar el banco, al poco tiempo… bueno digamos que al poco tiempo Wells dejo de repartir pizzas para siempre. Ruben Fleischer, director de la genial Zombieland, toma éste trágico incidente como punto de partida para realizar su segunda película, una comedia que comparte muchos puntos en común con ópera prima pero que se queda lejos de la frescura y novedad que tenía ésta. 30 minutos o menos se puede definir rápidamente como una comedia rápida y sencilla y un frustrado intento de hacer un homenaje a las buddy-movies tan populares durante los años ochenta.

Nick (Jesse Eisenberg) es un patán, un perdedor, rozando los veintimuchos trabaja como pizzero, vive en una casa compartida con su mejor (¿único?) amigo, y es incapaz de decirle a la mujer que ama (la gemela de su amigo) cuanto la ama. Por otro lado está Dwayne (Danny McBride) otro perdedor con problemas con papá, aunque éste tiene la suerte de que papá es millonario, por lo que sólo se tiene que deshacer de él para poder heredar todo su dinero. ¿El plan? Hacer que sea un asesino a sueldo el que se lo cargue, aunque para poder pagarle forzará a un perdedor a atracar un banco con una bomba en el pecho, por supuesto, al que le cae el marrón encima no es a otro que a nuestro amigo Eisenberg.

Eisenberg y Fleischer y el mismo tándem de Zombieland vuelven a juntarse para la ocasión y con ellos también lo hace la misma formula, 30 minutos o menos vuelve a ser un cómic hecho cine, una película ágil, rápida, dónde no hay demasiado tiempo a pensar en las acciones que llevaremos a cabo, si no que directamente se toman sin pensar en las consecuencias. Y por supuesto lo que tenemos es a un héroe forzado, que pese a su carácter es capaz de dar un giro de 360 grados cuando la situación lo requiere y convertirse en una persona segura de sí misma, habilidoso y capaz de atracar un banco con la misma sencillez que en Le llaman Bodhi. Tampoco fallan los villanos, torpes, patanes y con un punto muy humano y por supuesto que nadie se extrañe de que todo lo que sucede (empezando por la propia premisa de la película) llegue a producirse por un cúmulo de increíbles y divertidas situaciones que irremediablemente acaban desembocando en una reacción en cadena.

Sí, es cierto que todo resulta excesivamente tópico, incluso por momentos tenemos la sensación de que todo es un gran refrito mix de otras películas, pero aún así consigue funcionar, primero porque sabe ser divertida, aunque no es menos cierto que me cansa mucho la insistencia en caer en la desmesurada estupidez al igual que la casi sentida obligación de soltar chistes obscenos que destacan más por lo inmaduros de los mismos que por lo grotescos que puedan llegar a resultar. Por supuesto para construir una comedia de acción no vale con ser divertida si no que también tienes que lograr resultar trepidante, cosa en la que aprueba con meritos, con unas alucinantes persecuciones y unas escenas de acción muy bien llevadas que saben mezclar en su justa medida la comedia con la acción. A todo esto también hay que sumarle su corta duración, algo que no sólo ayuda a que la película se pueda disfrutar más, si no también a maquillar los errores más visibles, como el nulo desarrollo de las relaciones personales, no sólo entre sus protagonistas si no también en una historia de amor que parece introducida con calzador a última hora, o lo mal desarrollados que se encuentran algunos personajes secundarios como el gánster al que interpreta Michael Peña.

Cabe destacar también la genial interpretación de Jesse Eisenberg, uno de los actores con más carisma y más versátiles que nos podemos encontrar a día de hoy pese a su apariencia de nerd sin solución y aunque el actor de todo lo mejor que tiene es inevitable que la falta de química con su compañero de reparto Aziz Ansari no lastre un poco el desarrollo de la película. Como villano Danny McBride también resulta de lo más hilarante (y además es inevitable que la película nos recuerde bastante a Superfumados dónde él ya era lo mejor de la misma). Y la divertida inclusión de Fred Ward en un papel descacharrante se siente como un bonito y divertido hacía ese espíritu ochentero con el que la película busca su identificación, una identificación que pese a la saturación de referencias no llega en ningún momento y al contrario de lo que pasaba en otras películas recientes como Super 8 o Attack the Block, 30 minutos o menos se siente en todo momento como una película bastante actual aún siendo de lo que buscan escapar en todo momento.

Fleischer se queda bastante lejos de la genial Zombieland, y aunque el realizador se muestre bastante consecuente con las decisiones que llevan hasta esta película, manteniendo el mismo tono y espíritu en todas las facetas de la misma, por desgracia se muestra incapaz de repetir la magnífica jugada. Aún así 30 minutos o menos resulta una película realmente divertida y agradable de ver, pero también es verdad que se tarda el mismo tiempo en verla que en olvidarla.

2.5_estrellas