Juan Carlos Fresnadillo tiene una corta carrera, pero ya ha demostrando una increíble proyección internacional desde que fuera nominado al Oscar por su corto Esposados. Al igual que otros realizadores de su generación como Rodrigo Cortés o Nacho Vigalondo, Fresnadillo siempre ha optado por tocar temas poco frecuentes hasta el momento en España, tirando sobre todo hacia el cine de género, y demostrando un talento y capacidad de creación desde su ópera prima, la muy interesante Intacto, la cual ya tenía un importante poderío visual. Algo que toda esta generación de realizadores ha sabido exprimir muy bien.

Intruders es su tercera película, una cinta que sobre el papel tienen muchísimas cosas buenas, pero que se diluyen por el camino, no tanto por la realización del director canario, que desde luego está lejos de ser su mejor trabajo y al que se le nota bastante perdido, si no más por un flojo guión que no tiene dónde sostenerse, a raíz de unos personajes horribles, y unos diálogos carentes de ningún tipo de brillantez. La película nos cuenta la historia de dos chavales (uno en Madrid y otra en Londres) que en sus pesadillas se ven atacados por un extraño monstruo que recibe el nombre de Carahueca, un ser que roba el rostro a los niños para poder hacerse uno propio, y que sólo aparece cuando se pronuncia su nombre en voz alta.

Realmente la trama en sí no es demasiado novedosa, pero el tratamiento que se le da a este personaje de Carahueca, mezclando la fantasía con la realidad, y haciendo que éste parezca del clásico terror oriental, resulta bastante interesante. También el hecho de centrarse no en asustar al espectador, sino enfocar la historia hacia el terror psicológico explorando los miedos de esos chavales. Ingredientes de lujo, que eran más que suficiente para haber hecho de Intruders una película muy interesante, entonces ¿Qué es lo que falla? ¿Por qué Intruders es tan terriblemente patética?

Dejando ya de lado el hecho de que no me inquieta ni me afecta lo más mínimo lo que pasa en la película, lo peor es que también me aburre y por momentos me parece bastante ridícula. Pese a su interesante arranque, que en realidad no es más que un golpe de efecto, pero más que suficiente para meter al espectador en la cinta, pronto nos situamos en la historia principal mientras que vamos conociendo datos de este personaje, apenas lo más básico, por supuesto, ya que se supone que el realizador se debe dejar un as en la manga, pero este acaba perdido en el sobaco sin aparecer en ningún momento. En esa historia nos encontramos con unos personajes faltos de carisma, sin ningún tipo de chispa y a los que Fresnadillo usa para adentrarse en el drama familiar de una forma muy torpe, enfocado principalmente a esa relación partenofilial casi edípica, que por momentos resulta ridícula. Pero sus personajes no sólo fallan por este lado, si no que por el otro, tenemos a una madre exasperante, y a un cura interpretado por Daniel Brühl que resulta totalmente prescindible.

Pero no, el problema no está solo en sus personajes, lo cual ya es un fallo grave. Si quieres crear un interesante personaje de terror y que realmente acabe calando en el espectador, no puedes dejar que las apariciones de éste carezcan de fuerza, parece que Fresnadillo ya estaba desganado, porque al contrario de lo que ocurría en la primera escena, el resto resultaban carentes de chispa, emoción o sorpresa, e incluso por momentos parecía que asistimos a la misma secuencia una y otra vez.

Pero cuando llegamos al final, lo cual no es fácil, porque los noventa minutos que dura la película resultan bastante pesados, nos encontramos con un final totalmente chapucero, que intenta sorprender al espectador con un giro fácilmente predecible desde el comienzo, y que además resulta bastante forzado por la manera de la que se realiza. Nos encontramos con una explicación bastante farragosa sobre este Carahueca, una explicación que realmente apenas cuenta nada, y nos deja sin saber realmente quién era este ser, cómo llego a ser lo que es, y sobre todo si es real o no, parece que Fresnadillo quiere que el espectador juegue con su mente, pero se olvida de que el espectador ya pasa de la mierda que le están contando. Por si fuera poco también nos deja alguna escena bastante ridícula y totalmente gratuita, que parece más destinada a ser un alarde de F/X que a funcionar como debería.

Y sí, claro que Intruders tenía potencial más que de sobra para haberse convertido en una grandísima película que los amantes del cine de género habríamos disfrutado como niños, pero el caso es que Fresnadillo nos regala una película insulsa, que vemos con total indiferencia, como si el espectador en realidad fuera el verdadero intruso. Nos cuesta no llevarnos las manos a la cabeza en más de una ocasión, e incluso soltar alguna carcajada, desde luego no pretendida por el tono película. Quizá lo que más fastidie es el buen punto de partida, y la perfecta organización de la ideas, pero que al final se queda ahí, por no saber desarrollar algo más interesante. Aún así y pese a tanto despropósito, somos capaces de vislumbrar al genio que anda escondido detrás de las cámaras, y que seguro que volverá a dar mucho más de sí, como ya nos ha demostrado.

1.5_estrellas