La dupla Glenn Ficarra y John Requa vuelve a la carga, tras su polémico debut: Philip Morris, Te quiero. Aquella era una película que estaba llena de buenas intenciones e ideas, pero que acaba perdida en tierra de nadie por culpa de sus incontrolables excesos, un Jim Carrey pasadísimo de rosca y sobre todo por una carencia de ritmo que hacía que no se aguantase hasta el final. Pero pese a todas sus carencias y defectos, lo cierto es que estábamos ante una ópera prima muy mejorable, pero que aún así nos dejaba un punto de originalidad, y sobre todo de algo de esperanza puesta en sus creadores.

Era normal estar algo expectantes ante la llegada de su nueva cinta, en esta ocasión habían delegado la escritura del guión en Dan Fogelman, habitual guionista de películas Disney, con lo que por un lado si consiguieron evitar todos los excesos que el guión de Philip Morris dejaba por el camino, pero por el otro también se perdía bastante ese divertido e interesante humor ácido que tenía su primera película.

Crazy, Stupid, Love es una película sobre la tercera palabra del título, y aunque quiera ir de loca y de estúpida, no consigue lo primero y a lo segundo tampoco llega. Realmente no tiene nada nuevo que ofrecer, una historia de amor por su paso por todas las generaciones (exceptuando la vejez), desde el niño enamorado de su niñera, a la misma niñera enamorada del padre. Del marido al que su esposa engañaba y le acaba de dejar, y busca quitarse la espina con la ayuda de un joven con una mano exquisita para las mujeres a ese joven que de repente encuentra el amor cuando es lo último que busca.

Y como comedía romántica que es, discurre por unos caminos tranquilos, sin apenas maldad, resultando totalmente simpática e incluso haciendo que su visionado se pase con una sonrisa en la cara, pero convirtiéndose en una repetición de escenas ya mil veces vistas, no faltan los consejos del padre a su hijo mientras juegan al béisbol en el jardín, el necesario cambio de look del protagonista, o el discurso final frente al resto de protagonistas dejando claro lo que ha aprendido durante todo el viaje. O incluso el patetismo de la escena de Dirty Dancing, película que parece que veinte años después aún no hemos conseguido superar.

Pese a tener un reparto lleno de nombres de lo más interesantes, desde su protagonista un Steve Carell al que ya empezamos a echar de menor en La Oficina, a una Emma Stone que cada día brilla con más fuerza, y que todos están bastante bien, producto de las tablas a las que están acostumbrados, tampoco hay ninguna interpretación que consiga sobresalir con fuerza o cargarse la película a sus espaldas.

Ficarra y Requa demuestran que lo poco que quisimos salvar de Philip Morris e intentamos ver en positivo un talento oculto, no era nada más que un espejismo, y que por ahora no parecen capaces de ofrecernos ningún producto realmente novedoso. Aún así consiguen que la cinta resulte bastante simpática y se pueda llegar a ver, pero no es suficiente ya que no deja de ser una repetición de escenas mil veces visto y una película carente de cualquier chispazo.

2.5_estrellas