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Basada en una historia real, esta película cuenta la historia de Laurel Hersel (Julianne Moore), una policía del condado de Orange County que siempre lo ha dado todo a la hora de desempeñar su trabajo. En el año 2007, la vida es complicada para una policía lesbiana, y Laurel siempre intenta mantener oculta su inclinación sexual ante el resto de sus compañeros. Hasta que un día conoce a Stacie Andree (Ellen Page), y se enamoran ante los ojos de un país sumido en plena transición hacia la total igualdad de los homosexuales.

El problema es que la película cuenta la historia de una forma un poco divagante; primero se centra en la reticencia de Laurel a tener una relación, asustada del “qué dirán” en la comisaria. Sin embargo, cuando parece que este va a ser el argumento central del film, mediante una elipsis nos transporta en el tiempo a una situación en la que la relación ya está estabilizada. En este momento el argumento se transforma en relatar y describir un buen número de situaciones en las que la gente les mira raro cuando afirman ser lesbianas. No es hasta la mitad de la película cuando por fin se produce el detonante de lo que será la acción principal. Así que te das cuenta de que todo el principio, unos 40 minutos, son solo una introducción extremadamente larga al tema central. Además, toda esta introducción no es sino una concatenación de clichés; uno tras otro. Saber la fiabilidad en la adaptación que ha tenido la película es difícil, pero desde luego si ha sido una reproducción fidedigna de los hechos y los personajes, la vida está más llena de clichés de lo que pensamos.

El otro principal problema es la actuación de Ellen Page, que parece muy desubicada en su papel de “marimacho”. No se le ve a gusto desempeñando el papel de Stacie, y eso, unido a que su personaje es la viva encarnación del tópico infundado de la lesbiana que viste como un hombre y ama las motos, hace que sea, cuanto menos, difícil creerse su actuación. Siguiendo con las actuaciones, hay una que primero molesta y luego sorprende: la de Steve Carell. Envuelto en un drama, su primera aparición es hacia la mitad de la película haciendo de un judío gay que lleva una kipá extremadamente hortera. (ndr: Os aseguro que tuve que parar la película en ese momento y darme una vuelta por casa para no dejar de verla del todo). La minoría entre las minorías, y encima deslenguado y extrovertido. ¿No parece el cliché de los clichés? Pues resulta que es a partir de su aparición cuando la película comienza a mejorar, ya que además coincide con el asentamiento de la trama principal. En este momento también se reducen drásticamente las apariciones de Laurel y Stacie, y aumenta el protagonismo de Dane Wells (Michael Shannon).

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Así, desaparecen de un plumazo dos de los puntos más débiles de la película, Ellen Page y la trama divagante; y el film lo agradece mucho. No es que el nuevo argumento sea la panacea (de hecho es bastante predecible), pero después de lo visto anteriormente la mejoría es evidente. El final es muy emotivo y, a lo mejor, a las personas más sensibles se les escapa alguna lagrimilla. Por otro lado, a lo mejor a los que se les escapa una lagrimilla es a los que entraron al cine a ver una película buena.

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Ficha técnica:

Título original: Freeheld Director: Peter Sollett Guión: Ron Nyswaner Música: Hans Zimmer, Johnny Marr Fotografía: Maryse Alberti Reparto:  Julianne Moore, Ellen Page, Michael Shannon, Steve Carell, Luke Grimes, Mary Birdsong, Gabriel Luna  Distribuidora: Filmax Fecha de estreno: 06/05/16