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Es difícil que en la comedia romántica actual encontremos un filme con una historia adictiva y unos protagonistas llamativos. Siempre se sucumbe ante la melosidad, se impone la palabra fácil y la previsibilidad no juega a su favor. El año pasado llegó a las pantallas Amor y otras drogas, una película con una trama poco explorada que podía dar mucho juego, incluso salió algún rumor que apuntaba hacia los Oscars por parte de Hathaway. Había motivos suficientes para creer que Jake Gyllenhaal y Anne Hathaway serían los encargados de revitalizar un género que pocas veces ha conseguido sorprendernos; desgraciadamente no fue así, el intento fue tan sólo eso, un amago desinteresado.

Edward Zwick casi se estrenaba con esta película en el romanticismo cómico y lo hacía con la expectación que todos sus proyectos generan tras sonados éxitos como Tiempos de gloria (1989) o Diamante de sangre (2006). Zwick se aventuró aquí en otros terrenos y la jugada a pesar de no ser ni mucho menos magistral le salió bien.
 
Amor y otras drogas está ambientado en los finales de los años noventa. Jamie (Jake Gyllenhaal) es un joven cuyo irresistible encanto funciona no sólo con las mujeres, sino también dentro del despiadado mundo de las ventas farmacéuticas. Un día en una clínica conoce a Maggie (Anne Hathaway), una mujer independiente que ha decidido vivir sin ataduras y que, a pesar de su juventud, tiene la enfermedad del Parkinson. Atraídos el uno hacia el otro, la relación entre Maggie y Jamie, para sorpresa de ambos, desemboca en algo más que sexo.
 
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El fallo de Love and Other Drugs es que había material suficiente para hacer una gran película y, en mi opinión, no se canalizó adecuadamente, la enfermedad pasó a un segundo plano, al igual que la introducción de la viagra en el mundo comercial y la dulce y desenfrenada historia de amor se convirtió en la protagonista indiscutible. La novedad del filme radica en su atrevimiento, los desnudos son muy naturales y las escenas de sexo se muestra sin tapujos, ni se corta ni se excede, simplemente trata el tema con más desparpajo que la mayoría de las películas del género y es algo que una servidora agradece. Amor y otras drogas es una buena película gracias a la evidente química de los protagonistas (que ya se encontraron en Brokeback Mountain), ambos llevaron la historia a su terreno y la sacaron adelante. Hay buenas escenas por parte de Anne, por ejemplo cuando va a una reunión de personas con Parkinson avanzado; no cabe duda de que la película es emotiva y dura en algunos momentos, sobre todo para la gente que ha visto de cerca esta enfermedad, pero según avanza te das cuenta de que el guión no funciona.
 
Afortunadamente los tópicos se desvían para contar una historia diferente y a pesar de que el final está cantado la fuerza interpretativa de Gyllenhaal y Hathaway hacen que valga la pena su visionado. En definitiva, Amor y otras drogas desaprovecha parte de su potencial pero entretiene con unas actuaciones notables de dos grandes actores.