He de decir que no tenía ninguna de intención de ver la cuarta entrega de Piratas del Caribe, y es que después del lamentable espectáculo mostrado con las dos últimas entregas, especialmente la tercera, no era para menos, incluso hubiera estado más dispuesto a ver una nueva entrega de Matrix (¡Ojo! Si alguien importante lo lee y piensa que puedo haberle dado una buena idea, no, no es una buena idea). Pero finalmente acabe yendo al cine casi arrastrado, y los temores se convirtieron en realidad.

La nueva entrega de Piratas del Caribe es tan lamentable como las anteriores, quizá un poco mejor que la tercera, pero no es que ese sea un logro del que sentirse orgulloso. Durante más de dos largas horas lo que debía ser entretenimiento se convierte en tedio y el espectáculo resulta cada vez más lamentable.

Hay que reconocer que la película no comienza mal, y es que su inicio con las piruetas y cabriolas de Jack Sparrow se hace entretenido, aunque en más de un momento me he empezado a preocupar por la salud de Johnny Depp que a sus casi 50 años tampoco está ya para muchos trotes.

Pero a partir de ese momento empieza el aburrimiento, no nos regala absolutamente nada para el recuerdo, escenas que deberían tener más impacto pasan a ser anodinas, como la de las sirenas o la escena final. El montaje es tosco y torpedea mucho el ritmo de la película, viendo cambios bruscos e inesperados sin venir a cuento.

Rob Marshall, perdido completamente desde que estreno Chicago, y sin encontrar dónde está más a gusto, se estrena en un producto de aventuras e insustancial, y es posible que haya encontrado su género, porque si que se le nota cómodo tras las cámaras, y desde luego no se necesita mucho talento. Talento del que el director de Memorias de una Geisha, carece por completo.

El personaje de Angelica no es ninguna maravilla, y desde luego hace que se eche de menos a Elizabeth Swann y Will Turner. Pero eso sí, tampoco es que haya mucha diferencia entre la interpretación de Penélope y las de Keira Knightley y Orlando Bloom, en Piratas los únicos que siempre ha estado en su salsa ha sido Johnny Depp y Geoffrey Rush, y pese a que sobre todo el primero empieza a resulta bastante repetitivo y pesado, vuelven a ser lo mejor de la película.

Otra película aburrida, y prescindible, que no hace más que seguir ensuciando la estupenda película de aventuras que era la primera entrega, ojalá no tengamos que padecer más entregas porque desde luego no son necesarias en absoluto, y esto ya no divierte a nadie.

1.5_estrellas