No vamos a ser demasiado snobs. Hay películas que están hechas para llegar a un público que disfruta con determinados géneros y para congregar a personas en las salas de cine y plataformas con el único motivo de pasar un buen rato. Uno para todos es uno de esos filmes. Ese amor por el disfrute delante de una pantalla golpea mucho más fuerte cuando es la película que inaugura el BCN Film Fest de este año en los cines Verdi de Barcelona y, para muchos, es la primera película que vemos después del confinamiento.

Aleix, un profesor interino, (David Verdaguer) llega a un pueblo totalmente desconocido para él para trabajar de tutor de sexto de primaria. Cuando llega allí, descubre que tiene que encargarse de la reintegración de un alumno enfermo de cáncer en clase y de un problema aún mayor: ninguno de sus compañeros quiere que vuelva a clase.

La segunda película de David Ilundain (B), es un drama muy consciente del subgénero al que pertenece: el de las películas de profesores y niños problemáticos. Tanto es así que se permite hacer referencias textuales a otras obras similares, como El club de los poetas muertos. No obstante, tiene dos virtudes muy importantes que hacen que sea un filme bastante cuidado y satisfactorio.

En primer lugar, el desarrollo y profundidad de sus personajes, que es de agradecer, sobre todo en una película que gira alrededor de la bondad humana. El guión sabe lo que quiere contar y, pese a transitar por mecanismos que ya hemos visto antes, constituye un relato esclarecedor del perdón como elemento necesario para la felicidad y la convivencia humana. Desde el planteamiento del largometraje, las principales preguntas que se nos lanzan tienen que ver con esta profundidad, tanto la del protagonista, un hombre con problemas familiares no resueltos, como la de Carlos, un niño que ha hecho mucho daño a sus compañeros y que después de una experiencia traumática intenta buscar la redención.

En segundo lugar, el retrato de estos niños llenos de dolor está muy bien realizado. Los jóvenes actores hacen un gran papel, como ya es habitual ver en producciones de Inicia Films, y esta translación del subgénero al mundo actual está bien llevada, así como las técnicas de educación primaria que lleva a cabo el personaje de David Verdaguer.

El actor catalán vuelve a demostrar su capacidad para desenvolverse en el drama, siendo emocional pero con la contención correcta para llegar a ser creíble y realista. Verdaguer es claramente la estrella del filme, el cual no cuenta con caras demasiado conocidas pero sí con un plantel de intérpretes muy bien construido. La dirección de Ilundain es correcta y sirve a la historia, siendo generalmente efectiva en su comunicación. No obstante, y eso que el largometraje intenta mantenerse en un tono que no fuerce demasiado la emoción fácil, hay momentos que hubieran sido más efectivos y elegantes sin el uso de la música.

Concluyendo, Uno para todos es cine indie bienintencionado, autoconsciente y un gran producto para conseguir llegar a mucho público, por su historia universal, su dedicación por los personajes y porque te aporta justo lo que esperabas de ella. Su previsibilidad, habitual en el tipo de cine al que apunta, puede hacer que no sea una de esas películas que transciendan las primeras visualizaciones, pero funciona y le auguro un buen futuro en taquilla y en las plataformas.

Crítica escrita por Jaume Maneja