A veces la expectativas y eso que llamamos “hype” se convierten en el peor enemigo de las películas más esperadas del año. Desde su pasado estreno internacional en el Festival de Venecia, la última película de Todd Phillips ha derramado ríos y ríos de tinta a cuenta de las altas expectativas y de su supuesto y controvertido mensaje político. Afortunadamente Joker está por encima de ambas cosas y es pese a todo eso una muy buena película, buenísima de hecho.

En cabeza de nadie podía caber la posibilidad de que el cineasta Todd Phillips, que venía de la trilogía de Resacón en las vegas (2009) y la poco relevante Juego de armas (2016) firmase una película tan incontestablemente buena como es Joker. Pero para sorpresa de muchos (entre los que me incluyo) así ha sido. DC ha hecho historia y se marca la película más relevante, perfecta y brutal en lo que va de año y por supuesto, una de las mejores (si no la mejor) adaptación de un personaje de cómic que se haya hecho nunca. Sin entrar en debates absurdos sobre si la cinta de Phillips es o no una película de superhéroes o si está por encima de esa clasificación o no, la cinta trata sobre el Joker, un personaje de la ciudad de Gotham que además de pertenecer al mismo cómic que Batman, tiene su propia colección de cómics, así que sí, Joker es una película de superhéroes, pero efectivamente eso es lo de menos, pues es principalmente una muy buena película. Otra cosa es que su director y guionista, quien firma el guión junto a Scott Silver, haya optado por contar una historia de un personaje desde un punto de vista y un estilo nunca antes visto dentro de este tipo de películas.

El Joker de Todd Phillips tiene evidentes conexiones con Taxi Driver (Martin Scorsese, 1976), Alguien voló sobre el nido del cuco (Milos Forman, 1975), El silencio de los corderos (Jonathan Demme, 1991) o incluso Seven (David Fincher, 1995). Todas ellas tienen un mismo nexo en común, retratan los horrores de unos seres disfuncionales de una sociedad que les ha dado la espalda y que indirectamente ha contribuido a plantar en su enferma cabeza una semilla que ha ido germinando poco a poco hasta convertirles en unos sociópatas. En el caso concreto de El silencio de los corderos, no me refiero a Hannibal Lecter, sino a Buffalo Bill, un hombre que ha sido marginado y empujado al abismo de la soledad, alimentándose del rechazo, hasta crear a un ser ávido de venganza y sed de sangre. Toda esa suciedad, desorden psicológico y desgracia está plasmada a la perfección en este nuevo y revitalizado Joker, que poco o nada tiene que ver con el retrato anteriormente hecho del antagonista de Batman, desde que éste viese la luz por primera vez en el cine con el rostro de Jack Nicholson en Batman (Tim Burton, 1989).

Puede que la ideología del propio Todd Phillips sea cuestionable, y que su intención fuese la de crear a un personaje capaz de instigar una revolución política, ¿quién sabe?, pero su cinta en ningún caso retrata eso. Retrata el descenso a los infiernos de la locura de un hombre enfermo que en toda su vida no ha conocido otra cosa que la marginalidad y la decepción. Aunque es innegable reconocer que el contexto político y social en el que transcurren los hechos y el clamor de una ciudad desquiciada y devastada por los crímenes en la Guerra de Vietnam y la recesión económica, establecen un paralelismo casi inevitable con el retrato de la sociedad norteamericana que realizó Scorsese en su Taxi Driver. Pero insisto, esto ocurre porque están hablando literalmente de esa misma sociedad y de ese mismo y preciso contexto social, punto.

El inmortal retrato que Joaquin Phoenix realiza de este Joker es de lejos la mejor interpretación de la impresionante carrera del actor y por supuesto la mejor interpretación masculina que se haya visto en varios años. Su mirada totalmente muerta, su espasmódica risa capaz de helarte la sangre y su descorazonadora entrega conforman un dibujo perfecto de un enfermo mental que encuentra en la violencia una vía de escape y sobre todo una forma de llamar la atención de una sociedad que nunca antes le había mirado o escuchado. Sus crímenes (justificados o no) son un contundente golpe encima de la mesa de Gotham que ha resonado y hecho temblar los cimientos del universo cinematográfico de DC tal y como lo conocíamos hasta el momento. La ejecución y poderosa puesta en escena de esta película están a la altura de la prodigiosa Batman vuelve que firmó Tim Burton en 1992 y que ahora gracias al encomiable trabajo de Phillips, ha devuelto la dignidad a la lúgubre ciudad de Gotham.

Además de los ya citados muchos aciertos del film, cabe destacar el impecable análisis de personajes secundarios que en ella se presentan. Tanto el de la madre de Joker, interpretado por una magnífica Frances Conroy, así como el de la estrella de la televisión Murray Franklin al que da vida un ejemplar Robert De Niro. Que muchas, muchísimas posibilidades tiene de hacer carrera en los próximos Oscar en la categoría de mejor actor secundario, pues esta interpretación está a la altura de algunas de más icónicas interpretaciones de su dilatada y formidable carrera.

El estudio Warner Bros se ha visto en la necesidad de compartir un comunicado en el que expresan que ningún tipo de violencia debe estar justificada, y que en ningún caso era intención del estudio crear de este Joker a un héroe a imitar. Bien, yo me veo en el compromiso de dejar claro que por encima de esta y cualquier otra polémica, e incluso por encima de la muy brillante interpretación de Joaquin Phoenix, Joker es lo que hoy día se puede considerar como una absoluta Obra Maestra y eso es lo único que se debería recordar de ella.

Título original: Joker Director: Todd Phillips Guión: Todd Phillips, Scott Silver Música: Hildur Guðnadóttir Fotografía: Lawrence Sher Reparto:  Joaquin Phoenix, Robert De Niro, Frances Conroy, Zazie Beetz, Brett Cullen, Dante Pereira-Olson, Douglas Hodge, Jolie Chan, Bryan Callen, Shea Whigham Distribuidora: Warner Bros. Pictures Fecha de estreno:  06/09/2019