Es indiscutible la repercusión de un cineasta como Quentin Tarantino para el nuevo cine del siglo XX, así como su compromiso con el mismo para homenajear siempre al cine y a las películas que le inspiraron a ser director. En apenas 9 películas (bastante pocas para más de 20 años de laureada carrera) ha conseguido labrarse un sello y estilo propios, además de una marca de referencia fácilmente reconocibles hasta por el gran público. Ahora en la cima de su carrera, firma su novena película y su más sincera obra, que a su peculiar manera, rememora una época tan importante para la cultura popular como para la cuna del cine con la que creció y aprendió a hacer películas. Érase una vez en Hollywood no es su película más redonda, pero es sin duda una de sus mejores películas y probablemente lo más cerca que ha estado de firmar una obra maestra desde Kill Bill Vol1 y Vol 2 (2003).

Sin desvelar nada de la conclusión de la trama, por petición del mismísimo Tarantino, Érase una vez en Hollywood es la radiografía del Hollywood de finales de los años 60, en donde el director recrea a la perfección el ambiente de la época y las inquietudes de una generación de artistas dentro de la industria, que disfrutan del star system característico del sueño americano, con sus correspondientes luces y sombras. La historia parte a través del personaje interpretado por Leonardo DiCaprio que funciona como hilo conector y conductor de la trama. El ganador del Oscar brinda una de sus mejores y más carismáticas interpretaciones en la piel de Rick Dalton, una estrella de la televisión venida a menos que sobrevive dentro de la industria como estrella del spaghetti western en producciones italoamericanas de medio pelo, siempre del lado de su amigo y asistente personal interpretado por Brad Pitt, quien en su momento fue importante por ser su doble de acción.

A partir de este singular dúo de personajes, Tarantino se toma las licencias que le da la gana, para reescribir un fragmento de la Historia del Cine que marcó una época en la gran pantalla y que derramó ríos y ríos de tinta de la crónica negra al contar (entre otras muchas cosas) el asesinato de la bellísima actriz Sharon Tate cuando estaba embarazada de 8 meses y casada con el cineasta Roman Polanski. Un cocktail molotov que el mother fucker de Tarantino sabe aderezar y explotar como solo él sabe, siguiendo un sensacional estilo que ya contemplamos maravillados en su muy célebre Malditos bastardos (2009) y que aquí se desata por completo.

Érase una vez en Hollywood es muchas películas en sí misma. Es una sátira sobre el star system hollywoodiense del mismo modo que lo fue (en cierta manera) El juego de Hollywood (Robert Altman, 1992) o la simpática El último gran héroe (John McTiernan, 1994), pero es por encima de todo una tesis sobre cómo la industria construye y destruye el gran sueño americano y hace que incluso en las peores circunstancias sigas entendiendo porqué el Cine es el primer y gran amor de muchos locos como Tarantino (y aquí un servidor). La dedicación y desesperación del oficio está representada en el personaje que interpreta DiCaprio y la ilusión y la inocencia de una recién llegada al ruedo de Hollywood, lo está en la excelente personificación que hace Margot Robbie de la malograda Sharon Tate, un icono atemporal e imbatible a través del tiempo y del celuloide.

A lo largo de sus casi tres horas de metraje, Quentin Tarantino recorre los lugares más comunes y recónditos de la cuna del cine mundial en un momento de búsqueda y anhelo de un cambio que reescribirá la Historia para siempre. La llegada del hombre a la luna, el movimiento hippie, los asesinatos de “la familia” de Charles Manson, la influencia de la cultura pulp, y los pasos anteriores a la Guerra de Vietnam, son los escenarios y ambientes que visita el director a través de su análisis deconstruido del Hollywood dorado. Una película exquisita con fluidez de diálogos muy perspicaces y su más sincero homenaje al Cine.

Érase una vez en Hollywood es una película para quienes conocen la historia de los asesinatos de Manson y para los que no. Es un delirante viaje metacinematográfico en donde Tarantino firma alguno de sus mejores personajes y la que es desde ya, la mejor escena del cine de este año y una de las mejores de toda su filmografía. En ella Margot Robbie recrea la visita de Sharon Tate a un cine para ver la proyección de La mansión de los siete placeres (Phil Karlson, 1969), en la que ella tenía un pequeño y simpático personaje. Nunca nadie antes ha captado la esencia de lo que representa la ilusión y la magia del cine como lo hace Tarantino a través de Robbie en esa preciosa escena. A mi modo de ver dicha escena y su construcción del personaje deberían bastar para que Margot Robbie logre la nominación al Oscar como mejor actriz secundaria.

En lo referente a la carrera de premios Érase una vez en Hollywood no debería tener problemas en colocar a todo su reparto. Leonardo DiCaprio realiza una de sus mejores y mejor armadas interpretaciones que le convierten en el favorito a día de hoy como mejor actor y tanto Brad Pitt como Margot Robbie y la pequeña Julia Butters como contendientes a mejores secundarios. En lo referente a aspectos no interpretativos, no cabe duda que la dirección artística y el diseño de producción estarán ahí presentes, así como el propio Tarantino a mejor director, esas nominaciones deberían estar prácticamente aseguradas.

Título original: Once Upon a Time in Hollywood Director: Quentin Tarantino Guión: Quentin Tarantino  Música: Marco Beltrami, Anna Drubich  Fotografía: Robert Richardson Reparto: Leonardo DiCaprio, Brad Pitt, Margot Robbie, Al Pacino, Margaret Qualley,Kurt Russell, Bruce Dern, Timothy Olyphant, Michael Madsen, Tim Roth, Zoe Bell,Damian Lewis, Luke Perry, Emile Hirsch, Dakota Fanning, James Marsden,Clifton Collins Jr., Scoot McNairy, Maya Hawke Distribuidora: Sony Pictures