El interesante e irregular director Paul Weitz Grandma (2015), Un niño grande (2002) vuelve a no dejar indiferente con su nueva película, del mismo modo que lo hizo con su irreverente debut en ese clásico generacional American Pie (1999). Diametralmente alejado de su habitual estilo en Bel Canto, La última función nos transporta a una delicada sinfonía lírica que funciona bien en casi todo momento, hasta que irremediablemente desafina a partir de su segundo acto.

Adaptar un best seller es a menudo un peligro considerable, pues las expectativas de por sí están altas, ya que hay un gran sector del público que irremediablemente va a comparar la adaptación con las páginas originales. A esto hay que añadir su imponente tándem protagonista, la ganadora del Oscar Julianne Moore y el nominado al Oscar Ken Watanabe, algo que para muchos (entre los que me incluyo) es un reclamo más que suficiente. Pero en honor a la verdad eso rara vez sustenta una película y en el caso de Bel Canto, no es que no la sustenta, es que es la única razón y motivación lógica para ir a verla.

La historia nos atrapa en una mansión de Latinoamérica en donde una importante dama del bel canto Roxane Coss (Julianne Moore) es invitada por la embajada para celebrar un concierto privado con un espectador muy especial, un empresario japonés (Ken Watenabe) para que este acceda a construir una fábrica de siderurgia en el país. Todo se complica cuando un grupo rebelde terrorista toma el palacete y los mantiene como rehenes. Un proceso que debía ser más o menos cosa de unos pocos días y torna a más de un mes de cautiverio, en el que todos deberán aprender a convivir con sus muchas diferencias y comprobar cómo gracias al poder de la música, el amor puede surgir en cualquier circunstancia.

El principal problema de la cinta de Weitz es que pese a su interesante primer acto en el que se presentan los hechos, este viene precedido por un interminable segundo acto en el que se sientan las bases no de una, sino de dos historias de amor que inevitablemente resultan demasiado inverosímiles para mantener el interés del espectador en ambas historias. Dado que la principal y única historia que realmente parece estar fundamentada en unos cimientos bien trabajados es la de los dos protagonistas, un amor que se produce por y a través de la música como elemento conector. Y ese es el principal problema de la película, no centrar únicamente el melodrama en ellos, porque las idas y venidas de la trama interconectada en ambos enamoramientos resulta excesivo y fallido.

Cuando el espectador se está preguntado hasta dónde va a llegar el amor de estos cuatro personajes en una situación tan inverosímil como improbable, el tercer y último acto hace su entrada, con el tacto de un tanque en medio de una chatarrería, descolocando los elementos que hasta el momento parecían el único interés de la cinta y cambiándolos por un desenlace obvio y que en mi humilde opinión resultan demasiado melodramáticos, para recordar al mundo que en una guerra nunca hay bandos buenos y malos, solo hay víctimas.

Una especial atención merecen sus protagonistas quienes explotan su química en las pocas escenas que su director aprovecha para filmar juntos. Bel Canto es una cinta de corte muy clásico, que parece querer rememorar el estilo de los melodramas de mediados de los 90 y que falla en cada escena desaprovechada en la que no nos muestra juntos a su bellísima pareja protagonista.

Título original: Bel Canto Director: Paul Weitz Guión: Anthony Weintraub, Paul Weitz Música: David Majzlin Fotografía: Tobias Datum Reparto: Julianne Moore, Ken Watanabe, Christopher Lambert, Sebastian Koch,Thorbjørn Harr, Olek Krupa, Elsa Zylberstein, Johnny Ortiz, Tenoch Huerta,Ryo Kase, María Mercedes Coroy, Eddie Martinez Distribuidora: Diamond Films