Hay películas a las que por diferentes razones, a menudo incluso extra-cinematográficas, conviene acudir sin saber nada al respecto, o al menos tratando de saber lo menos posible sobre su “explicación” o su trasfondo, porque hay películas que necesitan ser descubiertas por cada persona para anotar una nueva experiencia y un nuevo significado. La Suspiria de Luca Guadagnino es desde luego un ejemplo de ello. Es una obra que invita a provocar reacciones tan dispares como extremas en el espectador, y os adelanto que es una película que se te mete por dentro y se aloja ahí durante varios días.

En el momento exacto en el que el director de la oscarizada Call Me By Your Name (2017) planteó su intención de realizar un remake, o mejor dicho, una reinterpretación del clásico Gallio de terror italiano por excelencia Suspiria (Dario Argento, 1977), era de esperar que su propuesta fuese más allá de calcar la propia película ¿porque qué necesidad había de volver hacer algo que en su manera y forma era ya pluscuamperfecto? La respuesta dura 152 minutos y está dividida en seis episodios, un epílogo y una pequeña escena post-créditos y según la persona y la experiencia para con ella, surgirán tantas posibles respuestas como cuestiones en torno al diabólico submundo creado en las profundidades de la escuela de danza que dirige Madame Blanc.

 

Suspiria plasma la realidad de un Berlín dividido por un conflicto social y por una población sumida en la culpa de los horrores perpetrados en el Holocausto. Una conciencia colectiva que actúa en contra de los hombres que “consintieron” el mayor exterminio de la Historia de la humanidad y que es ejercida a través de la danza que en favor del Arte es conducida por unas enigmáticas mujeres decididas a demostrar que “el amor es más fuerte que el tiempo” y que el mismísimo Infierno. ¿Brujas? La Historia ha tildado de brujas a todas aquellas mujeres que iban contra corriente en un momento en el que el hombre ejercía sobre ellas a su antojo. Una reflexión que a Guadagnino le sirve como vehículo para crear una bellísima y dantesca obra de arte que rinde homenaje al Expresionismo alemán y la obra de culto de Argento a través del acto primigenio de la capacidad de engendrar de la mujer y de las implicaciones de dicho acto terrenal.

Una irreconocible Dakota Johnson llega a la Academia de baile de Madame Blanc (una hipnótica Tilda Swinton) en donde se enfrentará a un secreto diabólico con conexiones a la Masonería y las tres madres de lo oculto: Madre Tenebrarum, Madre Lacrimarum y Madre Suspiriarum. Todo lo demás que se pueda describir sobre Suspiria se interpone entre el espectador y una de las más delirantes, escalofriantes y vibrantes experiencias cinematográficas que éste vivirá en una sala de cine. Un festival de sangre, coreografías de pulso milimétrico, fluidos corporales y devastación incapaces de surgir de la misma mente del director de una de las más bellas historias de amor contemporáneo (Call Me By Your Name).

 

Posiblemente una de las más destacables virtudes de ésta nueva Suspiria (pues las tiene y muchas) es lo increíblemente bien filmada que está. Cada plano, cada enfoque y cada encuadre de zoom son como una bala directa al corazón cinéfilo. Guadagnino juega con la cámara para crear una película única a la que solo le falta salpicarte para terminar de agarrarte por las entrañas y arrastrarte dentro de ella para sentirla y vivirla. Una cinta que tal y como su título advierte te hará suspirar de deseo y terror en su espectacular fiesta en el Infierno.

Título original: Suspiria Director: Luca Guadagnino Guion:  Dave Kajganich Música: Thom Yorke Fotografía: Sayombhu Mukdeeprom Reparto:  Dakota Johnson, Tilda Swinton, Chloë Grace Moretz, Mia Goth, Jessica Harper,Sylvie Testud, Angela Winkler, Malgorzata Bela, Renée Soutendijk, Ingrid Caven Distribuidora: Diamond Films