Colin Trevorrow parece haber viajado a los noventa, quedándose para siempre estancado en una especie de infierno de aquella época. El director nos saluda con una deformación propia de un cine que parece cegarse a sí mismo, ya que cualquier punto de vista que se emita sobre la obra, sea para considerar sus virtudes o sopesar sus defectos, sonará absurdo y caduco porque la propia película plantea ya una manera de ser entendida que no permite, ni siquiera, que podamos hablar de ella de forma interesante.

En El libro secreto de Henry vemos momentos que recuerdan a la nefasta La Decisión de Anne de Nick Cassavetes. Enfermedad, libre albedrío del humano, incomprensión infantil, justicia, son algunos de los temas que cree tratar Trevorrow, pero todos ellos enfrentan un enemigo común: Aquellos ojos que neutralizan la diversidad de las temáticas, que trivializan la profundidad de cualquier reflexión, en pos de retrotraer un sentimiento manufacturado, uno que responde a una disposición de elementos cinematográficos que ya nos dicen, antes del primer fotograma, “esto debe ser sentido, interpretado, visto, de esta única manera”. Por lo tanto, a partir de tal disposición, ya no importa qué tema se trate, si es la enfermedad, si es la infancia, la vejez, la felicidad, la tristeza, la risa, la riqueza o la pobreza, porque todo estará neutralizado bajo un solo lenguaje, aquél del cine que lo sabe todo; sobre sí mismo, sobre ti mismo, sobre el estado de las cosas y el devenir de cualquier cuestión, sentimiento o situación.

La obra de Trevorrow camina con esa marcha, la que es símbolo de una demostración de poder en su montaje, en su encuadre, en sus interpretaciones, pero que emula el vestir los trapos del desposeído, del opositor, de la justicia. Lo que pasa con esta sensación, la mía, que definitivamente es contraria a las intenciones de la obra, es que también resulta carente, incluso molesta en un sentido que puede asemejarse a las pretensiones de la película. Es decir, la película, en cierto sentido, obliga a que las reflexiones que se pueden hacer sobre ella entren también en su discurso dualista, reduccionista. Lo que sucede con El Libro secreto de Henry es que no da lugar, en su disposición, a nada más que a un discurso binario que no hace más que convenirle. Si la película provoca sus efectos en un espectador, se habrá salido con la suya, pero si no lo hace, provocará que uno diga cosas como las que yo he dicho o como las que se le han acusado de ser (“manipuladora”, por ejemplo), tendrá, en sí, cierto reconocimiento de su validez, sea malo o bueno. Y no es culpa del espectador, no es culpa del público, ni es culpa de quien disfruta de pensar, analizar, reflexionar sobre el cine y cualquiera de sus obras. La obra que nos atañe viene construida con un lenguaje que solo da lugar a una reflexión que contenga múltiples frases hechas producto, otra vez, de esa manufacturación cinematográfica, o sea, frases que digan o “mágica y humana” o “manipuladora y sensiblera”. ¿Dónde está el problema entonces?

Para hablar de la película y no de otras cosas, la historia que plantea Trevorrow, al hablar de un niño superdotado que lucha porque se haga justicia respecto a una niña que es abusada por un mayor, presenta problemáticas que nos podrían concernir a todos si no fuese porque el “cómo” acaba provocando más discusiones de las que debería. Al provocar Trevorrow esa neutralización de las temáticas antes nombrada, la idea de que algo en la película debería despertar nuestra sensibilidad, nuestra conciencia o nuestros valores, se enmudece por cómo el director lo dispone en eso llamado cine. Resulta difícil, por lo tanto, atribuirle alguna virtud cuando la obra misma se sumerge en una tan poco diversa comprensión del propio medio cinematográfico y de las estructuras éticas.

Título original: The Book of Henry Director:  Colin Trevorrow Guión:  Gregg Hurwitz Música: Michael Giacchino Fotografía: John Schwartzman Reparto:   Naomi Watts, Jaeden Lieberher, Jacob Tremblay, Dean Norris, Sarah Silverman, Lee Pace, Maddie Ziegler, Bobby Moynihan, Marjan Neshat Distribuidora: Universal Pictures Fecha de estreno:  08/12/2017