Seis años (más uno para que se estrenase aquí) han tenido que pasar para que Cristi Piuiu, uno de los mejores cineastas del panorama actual, haya podido realizar su nueva película. Después de la magistral La muerte del Sr.Lazarescu (2005) y de la descomunal y muy desapercibida Aurora, un asesino muy común (2010) llega a nuestras carteleras Sieranevada (2016), otra catedral de cine que quedará eclipsada por culpa (entre muchas otras cosas) de las múltiples explosiones y las rimbombantes bocinas de barco de Christopher Nolan.

La obra maestra que aquí nos ocupa se centra en Lary, el hijo mayor de una familia que  se reúne para celebrar una comida en memoria del padre, fallecido cuarenta días atrás. Poco más se puede decir de una trama que va abriéndose mientras la comida se va enfriando y el hambre de todos los personajes aumentando. Al igual que muchas películas de la denominada nueva ola de cine rumano, el espacio temporal en el que transcurre el filme es mínimo, siendo Sieranevada una de ésas películas que transcurre (prácticamente) a tiempo real; las dos horas y cincuenta minutos que dura la película es (repito, casi) el tiempo que transcurre desde que Lary entra en casa de su madre hasta que finaliza el filme. También es sensacional el trabajo de cámara en relación al espacio; un piso que se nos hace infinito por el continuo y constante movimiento de los personajes (¡su primera hora tiene un ritmo absolutamente vertiginoso!), que abren y cierran puertas y puertas todo el rato pasando de una habitación a otra, acaba siendo un espacio asfixiante a nivel emocional. Está rodada a base de planos secuencia de una fluidez extraordinaria y que respetan el espacio en pro a su costumbrismo y a su veracidad espacial, temporal y emocional, sin caer en ningún momento en el exhibicionismo (como ocurre con la mayoría de planos secuencia actuales, sobretodo televisivos).

Aunque su marco social y estilístico sea parecido a las películas de Mungiu, Porumboiu  o de Radu Muntean, es curioso como Sieranevada tiene más similitudes con cineastas como Buñuel y su El Ángel Exterminador (1962) o incluso con Luis Garcia Berlanga. Y es que lo más fascinante y maravilloso de la película está en la cantidad de películas que habitan dentro del filme, que sí es indudablemente un drama familiar sobre la pérdida y  las cicatrices, pero que por otro lado tiene una mirada cínica sobre la clase media – alta y el consumismo, que también se acerca con cierto humor a la paranoia terrorista post 11-S pero sin perder ni un atisbo de drama con temas como la mirada conflictiva al pasado comunista… un filme político, un drama familiar, una comedia social, una combinación siempre equilibrada que no teme a explosionar cuando debe y a saber reír cuando es necesario. Una obra descomunal, un ejemplo de puesta en escena en relación a lo  público y a lo privado.

Porque en el cine y en la vida por muchos coches que derrapen, monos enfadados que hablen o barcos y aviones que estallen, probablemente no habrá nada más vibrante,  tenso y abrumador que una familia reuniéndose para cenar. Y aunque nadie me lo haya preguntado, sí, Sieranevada es la mejor película en lo que va de año.

Crítica escrita por Joan Pàmies

Título original: Sieranevada Director: Cristi Puiu Guión: Cristi Puiu Fotografía: Barbu Balasoiu Reparto: Mimi Branescu, Bogdan Dumitrache, Catalina Moga, Dana Dogaru, Petra Kurtela,Sorin Medeleni, Tatiana Iekel, Marian Ralea, Simona Ghita, Andi Vasluianu Distribuidora: Golem Fecha de estreno:  21/07/2017