Frida es una niña de seis años que, tras la muerte de su madre, deberá hacer frente al primer verano con su nueva familia adoptiva en una casa de campo. Esta es la premisa de la ópera prima de Carla Simón, directora catalana que ha entrado por la puerta grande en el panorama cinematográfico español ganando la Biznaga de Oro en el festival malagueño y el premio a la Mejor Ópera Prima en el festival de Berlín. Con este reconocimiento llega a nuestras salas Verano 1993, que está llamada a convertirse en una de las películas nacionales del año.

Lo primero que llama la atención de Verano 1993, y más sabiendo que se trata de una ópera prima, es la naturalidad con la que está rodada. Se siente en cada fotograma una autenticidad absoluta, como si nos acabáramos de colar en la vida real de otra persona. El caso, y quizá la explicación de esto, es que realmente es así, pues la historia que se nos narra es la de la propia Carla Simón, y el componente autobiográfico aporta una capa de realidad que nos hace conectar de forma directa. La directora ha dicho que no es exactamente lo mismo que le pasó a ella en aquel verano, pues era pequeña, no se acuerda de todo y al fin y al cabo esto no deja de ser una película de ficción, por lo que hay elementos que hay que variar para que el desarrollo dramático se sostenga, pero se nota igualmente que está narrando algo que conoce muy bien. Además, no solo tiene fuerza a la hora de conectar con el espectador debido a su autenticidad, sino que uno puede verse identificado en muchas de las escenas, especialmente en las que la inocencia y vivencias de la infancia están en primer plano.

Otro aspecto a destacar de la película es la sensibilidad con la que está narrada. Tratar la infancia siempre es complicado, y en esta ocasión lo hace a través de los ojos de la niña protagonista, lo cual es aún más peligroso porque, bueno, no creo que haga falta recordar lo molestos que pueden ser los niños en el cine. Sin embargo, aquí ocurre todo lo contrario, ya que los personajes más interesantes son ellas: Frida, con el enorme conflicto que lleva a sus espaldas, habiendo perdido a su madre y teniendo que adaptarse a otra familia; y Anna, que representa la más pura y tierna infancia. No es solo que funcionen a la perfección juntas y que muchas de las mejores escenas estén protagonizadas por ellas dos solas, sin participación de los adultos, sino que las dos actrices, Laia Artigas y Paula Robles, están espectaculares; tanto es así, y aquí tiene mucha culpa la directora, que parece que no están actuando. Transmiten la sensación de que están jugando de verdad, riendo de verdad, llorando de verdad, y eso, en una película de estas características, lo es todo. Tampoco están nada más los intérpretes adultos, especialmente los que encarnan a los nuevos padres de la protagonista: David Verdaguer (últimamente especialista en actuar en óperas primas) y Bruna Cusí.

Verano 1993 es una de las mejores películas sobre la infancia que se han estrenado en los últimos tiempos, y una de las más recomendables películas españolas que van a llegar a las salas a lo largo de este año. Resulta encomiable la madurez con la que Carla Simón ha resuelto su ópera prima, y suma otra más a la lista de nuevas voces que están surgiendo en la cinematografía catalana. No entiendo, por otra parte, que haya críticos comparándola con El espíritu de la colmena de Víctor Erice cuando, primero, no tiene mucho que ver en el tono y en las intenciones (más allá de la narración a través de la mirada de una niña), y segundo, no creo que le haga ningún favor a la obra de Carla Simón, que está muchas divisiones por debajo, pero no por ello deja de ser una película estupenda. Muy recomendable.

Título original: Verano 1993 Director: Carla Simón Guión: Carla Simón Música: Ernest Pipó Fotografía: Santiago Racaj Reparto:  David Verdaguer, Bruna Cusí, Laia Artigas, Paula Robles, Paula Blanco, Etna Campillo, Jordi Figueras, Dolores Fortis, Titón Frauca, Cristina Matas Distribuidora: Avalon Fecha de estreno:  30/06/2017