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El Infiltrado es una película con Bryan Cranston donde el personaje de éste se mete en las filas de la mafia de Pablo Escobar. Habrá algunos que con esas palabras ya estarán a punto de hacer alguna cosa indecente, ponerse a saltar, llorar un rato y después proceder a ver la película. Pues no, amigos, olvidaos de ello. Pero más bien olvidaos de Breaking Bad y toda la movida merchandising sobre Pablo Escobar antes que del filme de Brad Furman, si es que podéis. No he visto elemento más tóxico para la valoración del arte que las series efectistas modernas que creen reinar sobre el cine y cualquier cosa hecha hace más de 15 años. Una vez hecho eso, tampoco se puede afirmar que El Infiltrado es una buena película. Ella sola cava su propia tumba por irresponsable y nimia.

Su irresponsabilidad proviene del mal manejo de material que tiene entre manos. Tienes a Cranston, un gran actor, tienes un tema de infiltración, drogas, años ochenta, etc. que puede dar lugar a escenarios ya vistos mil veces (la enésima copia de Scorsese/Coppola, quienes parecen haber creado una marca igual de contaminante que los Wachowski con Matrix o Nolan con Batman) o a un intento de jugar con esos elementos, cayendo, irónicamente o no, en los lugares de siempre pero contraponiéndolos a otros puntos de vista, a otras ideas. No se pide gran originalidad, ya que en pos de esta demanda obsesiva de nuestra época se han vanagloriado verdaderas tonterías en el séptimo arte, pero sí se pide un juego, una interacción de las partes de la narrativa y, en general, de toda la película, para dar lugar a choques que produzcan un elemento con potencia, con fuerza, que nos absorba en su propio mundo a pesar de estar, en un principio, localizado en una realidad clara y concisa.

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El Infiltrado falla en poner el humor de un Scorsese, los planos de un Soderbergh, lo “misterioso” de un Coppola, etc. al mismo tiempo que no podemos encontrar ese juego cinematográfico y narrativo que se da en un De Palma, en un Ferrara, en un Verhoeven, incluso en los mejores Scorsese y Coppola, quienes supieron imprimir esa fuerza en sus más reputadas obras. El Infiltrado, por lo tanto, se antoja tímida, igual, sin cambios, estática en una existencia que requiere de constante movimiento, de constante juego, de constante re-significación.

No es que por eso sea mala, ni sea imposible disfrutar de ella. Encontraremos momentos que nos entretengan, que nos despierten el principio de alguna emoción, que nos haga interesarnos por la trama. Todos esos movimientos irregulares y no muy lúdicos, pero sí podremos entrar, al menos un poco, si nos sacamos ciertas estructuras de la historia cinematográfica que le pesan por el género, por los tiempos que corren, por sus maneras y, simplemente, por ser la película que es. Y bueno, no voy a negar que, a veces, tiene su diversión y su encanto que te saquen de lo que es el cine en mayúsculas para entretenerte sin más, con sinceridad y sin mentiras.  

2.5_estrellas

Título original: The Infiltrator Director: Brad Furman Guión: Ellen Brown Furman Música: Chris Hajian  Fotografía: Joshua Reis Reparto:   Bryan Cranston, John Leguizamo, Diane Kruger, Amy Ryan, Joseph Gilgun, Benjamin Bratt, Juliet Aubrey Distribuidora: Filmax Fecha de estreno:  16/12/2016