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Llega a los cines una de las películas más esperadas (con permiso de Lucasfilm) de las navidades tras mucha pompa y circunstancia de Twentieth Century Fox. Dicha película ha alimentado las pasiones de los más forofos de los videojuegos y las promesas por cumplir tras meses de estrategias de márketing no eran precisamente pocas. Por supuesto, se trata de la adaptación a la gran pantalla de uno de los videojuegos más populares de los últimos tiempos: Assassin’s Creed.

De la mano de Justin Kurzel, responsable de la maravillosa Macbeth, y protagonizada por el tándem de la anterior película del director: Michael Fassbender y Marion Cotillard, esta película, aparentemente llena de ambiciones, nos introduce en la odisea de Cal, un condenado a muerte al que una organización ligada a la Orden de los Templarios le da una segunda oportunidad para ser parte de un experimento científico. Introduciéndose en la mentalidad de su antepasado, perteneciente a un grupo de asesinos, tratará de descubrir, a la vez que los de la Orden, la localización de un artefacto cargado de magia y misterio.

Bajo esta premisa, Kurzel lleva a cabo el desafío de contentar a los fans del videojuego original, sacrificando, sin embargo, la coherencia del relato y la caracterización de los personajes. Todo aquí funciona con la comercialidad antepuesta a la calidad inherente de una narrativa básica y, por qué no decirlo, mínimamente complaciente, resultando, por ello, un viaje a tientas en un galimatías que poco o nada se han molestado en aclarar aunque sea en ínfimas dosis.

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Tratándose de una representación cinematográfica de un videojuego, es de esperar que el apartado visual de la cinta sea realmente apabullante, y lo es en parte. Acostumbrados al estilo de fotografía y efectos de sonido de Macbeth, Assassin’s Creed permanece, dentro de este apartado, casi a la misma altura. No obstante, el ritmo de las secuencias de acción, los efectos especiales y el intenso trabajo de los dobles son, en consecuencia, el caldo de cultivo de este violento vodevil coreografiado que no escapa de la confusión que regala un montaje un tanto descuidado y, valga la redundancia, incoherente.

Michael Fassbender, acostumbrado a la acción cinematográfica, se mueve y respira dentro de esta película como pez en el agua, aportando una interpretación poco más que correcta con un guión nada definido. Posiblemente, quienes no salen tan bien parados dentro del reparto sean el resto de los secundarios; Cotillard, quién teóricamente encarna uno de los personajes decisivos del film, nos recuerda constantemente la gran química que tiene con Fassbender y que, en esta ocasión, resulta dolorosamente inexistente.

Dado que la película puede ser absoluto regocijo para el amante del videojuego original, Assassin’s Creed es, en definitiva, un pequeño tropiezo en la carrera de un cineasta visualmente talentoso y con nociones superdotadas de puesta en escena, tanto para la épica como para la intimidad y la introspección.

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Título original: Assassin’s Creed Director: Justin Kurzel Guión: Adam Cooper, Bill Collage, Michael Lesslie Música: Jed Kurzel Fotografía: Adam Arkapaw Reparto:    Michael Fassbender, Marion Cotillard, Ariane Labed, Jeremy Irons, Brendan Gleeson, Michael Kenneth Williams, Charlotte Rampling, Brian Gleeson, Carlos Bardem, Javier Gutierrez Distribuidora: Warner Bros. Pictures Fecha de estreno:  23/12/2016