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Las diez películas favoritas de Laura Blanco

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Nunca he sido muy amiga de las listas. Es más, siempre he profesado una cierta animadversión a intentar encapsular cualquier tipo de producto en una estructura rígida y asfixiante, que deja poco espacio a la improvisación. Porque seamos realistas; el ser humano es maleable y lo que nos gusta hoy mañana puede parecernos una aberración y así sucesivamente. Con el cine es quizás, junto con la música o la literatura, uno de los ámbitos con los que más sucede este hecho. El séptimo arte es fruto, en parte, de un cúmulo de vicisitudes que están directamente influenciadas por nuestro estado anímico, la situación personal en la que nos encontramos en ese momento, la temática que abordan, etc… Ciertas películas tienen un objetivo muy claro, mientras que otras son un meta portal que da acceso a una reflexión más allá de la propia pantalla ¿Con qué deberíamos quedarnos? Lo cierto es que no lo sé.

Por mi parte, las películas que incluy en mi lista no considero que sean mis favoritas, en parte, porque mi cajón de sastre está siempre en movimiento. Ahora echo la vista atrás y muchísimas de las cintas que para mi eran imprescindibles, son hoy un objeto de museo, un coleccionismo barroco que hay que dejar atrás. Crecí en una generación en la que, según Victor Erice en el seminario ofrecido hace un par de semanas en ECIB, ya no sabe apreciar la auténtica esencia del cine y nos vemos obligados a consumir un arte basado en el diálogo más que en la imagen. Más razón no se puede tener.

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No obstante, y para terminar esta pequeña introducción a lo que, a título personal podría considerar mis “películas favoritas”, me gustaría añadir que los criterios de selección son puramente emocionales y tienen más que ver con aquellas que me transmiten algo especial como sólo el cine puede hacer que con otra cosa. Quizás no sean obras de referencia a nivel académico, pero si lo son para mí en cuanto a emociones, fondo, forma o estilo, que al fin y al cabo, es de lo que realmente trata el arte: de aquello que logra mover en tu interior. De acuerdo con esta manifestación y teniendo en cuenta que el orden de las cintas no indica necesariamente su preferencia, la primera posición sería para El Sur de Victor Erice. Una bonita película sobre la infancia y la familia, que logra transmitir como pocas, esa sensación de vacío que nos deja el salto a la adolescencia y el pasado utópico de un tiempo mejor.

Pisándole los talones encontramos La vida de Adèle de Abdellatif Kechiche, que se alzó con la palma de oro en Cannes y ha sido, desde que pude verla por primera vez en la gran pantalla, una auténtica experiencia sensorial y emocional en todos los sentidos. Creo que, a grandes rasgos, la obra de Yorgos Lanthimos podría ser incluida en su totalidad en esta lista pero me he decantado finalmente por Canino debido a la frescura de su formato. Hablando de frescura de formato, Corn Island es otra de las películas que me dejó anonada después de su visionado. La elegancia con la que Ovashvili aborda una historia de aparente sencillez, logra transformar una una anécdota como la de construir una cabaña en medio de una isla, en algo sobrenatural que trasciende. La pareja Elkabetz firma mi quinta película predilecta, por llamarla de algún modo, con Gett: El divorcio de Viviane Amsalem, la historia de una mujer que intenta divorciarse de su marido en Israel. En sexto lugar y no necesariamente peor que las anteriores, encontramos una de las mejores cintas de la historia del cine: Una noche en la Ópera de los hermanos Marx. Un auténtico retrato de la sociedad de la época a partir de un sentido del humor y del rídiculo todavía hoy vigente y fresco. Tan diferente y sorprendente fue descubrir a Jean Reno en León: El profesional, como la historia en si. Un drama contenido sobre la relación de una niña de 12 años y un asesino a sueldo. Vidas Truncadas es otra de las cintas que merece una reconocida recomendación. Ya finalizando, no hay historia del cine que se precie sin la obra maestra de Ridley Scott, Blade Runner. El Piano de Jane Campion, echa el cierre a la lista en lo que se convirtió desde su estreno en 1993 en una de mis películas de hoy y de siempre y hasta la fecha, la mejor obra de Campion que le valió un oscar al mejor guión.

1. El Sur (Victor Erice, 1983)

2. La vida de Adèle (Abdellatif Kechiche, 2013)

3. Canino (Yorgos Lanthimos, 2009)

4. Corn Island (George Ovashvili, 2014)

5. Gett: El divorcio de Viviane Amsalem (Ronit y Shlomi Elkabetz, 2014)

6. Una noche en la Ópera (Sam Wood, 1935)

7. León: El profesional (Luc Besson, 1994)

8. Vidas Truncadas (Pen-Ek Ratanaruang, 2003)

9. Blade Runner (Ridley Scott, 1982)

10. El Piano (Jane Campion, 1993)

Sobre Laura Blanco

Laura Blanco
Directora, guionista, social media y fotógrafa, a ratos, quedé prendada del Séptimo Arte cuando oí por primera vez a Groucho Marx pedirle al camarero “dos huevos duros” en 'A Night at the Opera'. Yo tenía siete años. ¿El resto? Bueno, supongo que he sido yo jugando a los directores, sujetando una cámara y gritando ‘Acción’.
  • Pablo1989

    Estas lesbianas reprimidas que idolatran La vida de Adele me hacen una gracia…

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