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Las diez películas favoritas de Iván Ginés

Lost highway
Si confeccionar una lista de películas favoritas -y elaborar su correspondiente texto- ya es difícil de por sí, todavía lo es más cuando multitud de compañeros han hecho la suya y han puntualizado una serie de características que suelen contener esta clase de artículos. Por intentar desmarcarme un poco de la tónica que está siguiendo esta interesantísima sección, empiezo mi artículo rechazando la idea de la subjetividad (más bien la idea de aclararlo) dentro de cualquier tipo de lista. Redundancias aparte, siempre me ha hecho mucha gracia esa gente que es capaz de elaborar una lista de sus películas preferidas y otra de las mejores. Perdón si alguien se siente ofendido, pero me descoloca sobremanera la idea de que haya gente capaz de ponerse “la capa de objetividad” y afirmar qué películas son mejores y cuáles peores dejando a un lado -supuestamente- sus preferencias personales. Yo no sé si es que soy raro o imbécil (o las dos), pero mis películas favoritas son también las que me parecen mejores; las que me recuerdan por qué amo el cine cada vez que las veo; aquéllas capaces de transmitirme sensaciones únicas, irrepetibles. Y como para mí la función más importante del cine es esa: transmitir sensaciones, pues las películas que me parecen mejores son las que se acercan más a lo que yo busco en el cine. Dentro de valoraciones muy parejas (películas a las que tienes votadas con la misma nota, por ejemplo) me parece lógico que alguna te parezca mejor que otra que te guste un poco más; pero estos casos no dejan de ser una minoría, al menos en mi opinión.
 
En esta complicadísima lista hay seis películas que se encuentran claramente por encima del resto, y que, aun así, no descarto que con el paso del tiempo sean superadas o igualadas por otras nuevas, o incluso por otras que a día de hoy no considero tan especiales. El simple hecho de pensar en la cantidad de cine que me queda por ver me produce escalofríos. Todos los directores, estilos y cinematografías que tengo por descubrir hacen que este listado tenga una validez temporal. Si las seis primeras obras parecen tener perfectamente consolidadas sus respectivas posiciones, las cuatro últimas plazas no tienen dueño; por tanto, que hoy estén ocupadas por determinados títulos no quiere decir que dentro de una semana fuera a elegir los mismos. Sobra decir que todas las películas que aparecen (hoy, mañana o dentro de diez años) me entusiasman y me han marcado de alguna manera como espectador. Los motivos de la elección pueden ser tremendamente variados, pues las similitudes entre las distintas integrantes son mínimas. Si digo que son mínimas en lugar de decir que son inexistentes es porque hay un director que repite.
 
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El privilegio de repetir en la lista le corresponde a David Lynch, sin duda el cineasta que más me ha marcado y el culpable de que el séptimo arte forme parte de mi vida. Suyas son la segunda y la tercera posición, por lo que podríamos decir que es el protagonista de este texto tan personal. Hay dos instantes que han marcado mi recorrido como cinéfilo. El primero -y el único que desvelaré en este párrafo- tuvo lugar el 10 de octubre del 2013, cuando me enfrenté por primera vez a Mulholland Drive. En ese momento el cine dejó de gustarme y empezó a apasionarme; a convertirse en una forma de vida que cada día que pasa cobra más fuerza. Puede que esta obra maestra de Lynch sea el ejemplo perfecto de lo que significa transmitir sensaciones. Y lo mejor de todo es que éstas se actualizan constantemente, haciendo de cada visionado una experiencia sin igual. El cine del director de Twin Peaks es una verdadera fábrica de mundos -atractivos en su feísmo y por su surrealismo- y emociones. Aunque ni de lejos me ha marcado tanto como Mulholland Drive, Carretera Perdida es una película a la que sitúo prácticamente en el mismo nivel, por lo que su presencia en esta lista es obligada.
 
En el párrafo anterior hablaba de dos momentos que marcaron mi cinefilia. Pues bien, el segundo tuvo lugar medio año más tarde, cuando revisioné Vértigo, la obra maestra absoluta del maestro del suspense. La película más especial en la filmografía de un cineasta poseedor de una ingente cantidad de obras maestras. Y también la más especial que yo haya visto. Sólo puedo definir Vértigo con términos como magia o perfección. Cine con mayúsculas. El resto de obras las comentaré de pasada, pues sobra decir que todas me golpean y seducen a partes iguales. En esta lista no podían faltar mis trabajos favoritos de autores como Ingmar Bergman o Andrei Tarkovsky. Persona y Stalker, cada una a su manera, han sido decisivas a la hora de determinar qué es lo que realmente busco en una creación cinematográfica. Perdición, por su parte, es una masterclass sobre la importancia que tiene el “cómo” en el cine; sobre cómo debe narrarse una historia que, en esta ocasión, es igual de brillante en la labor de escritura que en la de dirección.
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Un escalón por debajo se encuentran títulos como la obra magna de los hermanos Coen: Muerte entre las flores. Los géneros y subgéneros no están muertos si hay autores con ganas de revisitarlos debidamente: con talento, respeto y valentía. También merecía un hueco en esta lista un gigante como Jean-Pierre Melville, autor de la trilogía samurái, con Alain Delon y la filosofía del bushidô como elementos centrales. El héroe de El silencio de un hombre (El samurái) ha sido imitado hasta la saciedad, dejándonos obras maestras como Drive (que no entra en el listado pero podría haberlo hecho sin ningún problema). Tres colores: Rojo y Taxi Driver completan esta lista, tan personal como variable. La primera, un torrente de emociones que cierra de forma insuperable la trilogía de los colores de Kieslowski. La segunda, una de esas obras que, como Vértigo, definen la razón de existencia del cine en sus fotogramas.
 
1. Vértigo (Alfred Hitchcock, 1956)
2. Mulholland Drive (David Lynch, 2001)
3. Carretera perdida (David Lynch, 1997)
4. Persona (Ingmar Bergman, 1966)
5. Perdición (Billy Wilder, 1944)
6. Stalker (Andrei Tarkovsky, 1979)
7. Muerte entre las flores (Ethan y Joel Coen, 1990)
8. El silencio de un hombre (Jean-Pierre Melville, 1967)
9. Tres colores: Rojo (Krzysztof Kieslowski, 1994)
10. Taxi Driver (Martin Scorsese, 1976)

Sobre Iván Ginés

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