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Aunque ya suene a repetido no por ello es menos cierto: hacer esta clase de listas es casi imposible debido a la frustración proveniente de no poder encajar, en este caso, en diez posiciones todas las películas que tú crees que deberían estar ahí. El top resultante, que a base de escribir casi sin mirar para intentar que duela menos he conseguido concluir, necesita de tres puntualizaciones: la primera, y que se ha reiterado por otros compañeros de esta página, es que esta es una lista puramente subjetiva sustentada, principalmente, en lo que uno siente por los filmes incluidos; la segunda es que el orden en el que se encuentran las películas guarda, como es obvio, una relación con cuáles me gustan más, pero a este nivel es tan complicado y depende tanto del momento en el que lo hago  que no me extrañaría si mañana lo miro y me gustaría cambiar según qué cosas; y la tercera es que estoy convencido de que dentro de un par de años este ranking no será igual, habrá dado la bienvenida a nuevas cintas y dicho adiós a otras, y eso se debe a que me queda tantísimo cine por ver que se siente casi inevitable. Dejando esto claro, y todavía con dudas, os cuento por qué he elegido las que he elegido de forma ascendente.

He estado muy cerca de incluir la que para mí es la mejor película de animación que he visto, La princesa Mononoke, pero finalmente me he decantado por meter en el número diez a una de las obras maestras de David Lynch, quizá la más fascinante, quizá la que más me obsesiona, Mulholland Drive. El nivel medio de la filmografía de Lynch es impresionante, y creo que condensa todo lo que hace que ame su cine en las dos horas que dura Mulholland Drive: el cómo lleva la narrativa tradicional al campo del surrealismo, cómo te va introduciendo en ese Hollywood enfermizo y oscuro, y las preguntas que te deja una vez terminada, invitándote a revisionarla de forma constante. Como también invita a volver a ella la película que ocupa mi noveno puesto, de un director que se encuentra en el olimpo de la cinematografía: La ventana indiscreta, de Alfred Hitchcock. Mi cinta favorita del genio, seguida muy cerca por Psicosis, me fascina por la utilización del punto de vista y la creación de tensión mediante el plano general; el guión funciona bien, claro, pero es la mano de Hitchcock la que eleva la obra y la convierte no ya en un imprescindible filme de suspense, sino en un ejercicio de narración apabullante.

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En el octavo puesto se encuentra mi película favorita de uno de mis directores de cabecera, esa obra hipnótica de nombre Eyes Wide Shut, de Stanley Kubrick. De mi top 3 del director, completado por El resplandor y 2001: Una odisea del espacio, me decanto por la que fue su última película por la increíble experiencia que supuso verla. Cuando digo que me parece una obra hipnótica lo digo con total convencimiento y habiendo vivido ese estado de no poder quitar los ojos de la pantalla en primera persona; me resulta fascinante a muchos niveles, desde el propio argumento hasta la apuesta visual, pasando por unas interpretaciones maravillosas. Como tampoco puedo quitar los ojos de la pantalla con el filme que se sitúa en el séptimo puesto de mi lista, que no es otro que El árbol de la vida de Terrence Malick. En el primer visionado me pareció una película muy interesante, con momentos estimulantes que se me quedaron en el recuerdo, pero no la llegué a amar alocadamente. Fue en su revisionado cuando la abracé definitivamente como la obra maestra absoluta que creo que es, un desafío a la forma convencional de contar una historia y reflexionar, aquí aliñada (o, mejor dicho, guiada) por una dirección impecable y una fotografía como pocas he visto. Es una película que no se me va de la cabeza.

En los puestos seis y cinco tengo a dos cintas bastante recientes como son Her y Shame, respectivamente. La de Spike Jonze es una de las películas más especiales personalmente que he visto jamás, me emociona muchísimo y me hace enamorarme más de ella (nunca mejor dicho) cada vez que la veo o recuerdo. Una historia de amor que quizá no lo sea tanto. No lo sé, la fascinación proviene de una mezcla de todo: la dirección, el guión, las interpretaciones… Algo parecido ocurre con Shame, que se encuentra entre mis películas predilectas por lo que me hace sentir. Me destroza por dentro, la verdad. Y además está narrada de una forma increíble por Steve McQueen, que firma alguna de las mejores escenas que he visto jamás en una pantalla, y con la interpretación prodigiosa de Michael Fassbender.

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No he podido dejar fuera, claro, a la que por bastante tiempo fue mi indiscutible película favorita y que ahora ocupa un destacado cuarto puesto: Pulp Fiction, de Quentin Tarantino. Más allá de la fama de “película de iniciación” que la rodea, que me parece acertada pero también utilizada con un tono algo peyorativo e injusto, creo que es una cinta redonda con uno de los mejores guiones que he visto y escuchado jamás. Cómo olvidar esos diálogos que parecen que no van a llegar a ningún lado y que, sin embargo, se convierten en piezas literarias brillantes. Como también cuenta con diálogos inolvidables la tercera de mi lista, 12 hombres sin piedad, de Sidney Lumet. Si he dicho que el guión de Pulp Fiction es para mí uno de los mejores que se han escrito, no puedo decir menos del de esta obra maestra atemporal que se basta con una sala y doce personajes para narrar una historia de tensión e intriga como pocas he visto. A veces no se necesita más. Prodigiosa.

Siempre he sido más de El Padrino que de su continuación, y por ello la primera película de la trilogía firmada por Francis Ford Coppola ocupa el segundo puesto de mi top. A estas alturas lo que pueda decir yo de esta obra maestra sonará redundante, así que solo señalar que me parece un filme absolutamente redondo, no le sobra nada de principio a final, y que funciona como un tiro. Es maravilloso ver cómo cada pieza encaja, cómo nada sobra y todo forma un conjunto impresionante; su segunda parte también es una obra monumental, pero bueno, personalmente me decanto por la original. Y llego, entonces, a la que encabeza mi lista, a la que actualmente es mi película favorita, la que me llena por dentro y me hace reír, llorar y aplaudir; la que me hizo no dar crédito cuando la vi por primera vez, la que me enamora cada vez que la revisito. Estoy hablando de Magnolia, del que probablemente sea a día de hoy el director que más me apasiona, Paul Thomas Anderson. Magnolia es un torbellino, un ejercicio imposible en el que durante tres horas se narra con una habilidad inusitada diferentes historias, todas interesantes, todas bien escritas, todas llevadas con brillantez por la mano de Paul Thomas Anderson. Desde ese prólogo que ya es una obra maestra en sí hasta esa mirada que cierra la cinta, es una película que me deja sin palabras.

Y es que quizá hablar de las películas favoritas de uno requiere más espacio, o quizá es que simplemente no me siento cómodo ordenándolas, pero el caso es que estas son algunas de las razones por las que adoro tanto a estos filmes. Por mucho que dentro de un tiempo, habiendo continuado mi travesía en el séptimo arte, las posiciones hayan cambiado o nuevas obras aparezcan, tengo claro que estas diez películas nunca dejarán de estar entre las razones por las que amo tantísimo el cine.

 

  1. Magnolia (Paul Thomas Anderson, 1999)
  2. El Padrino (Francis Ford Coppola, 1972)
  3. 12 hombres sin piedad (Sidney Lumet, 1957)
  4. Pulp Fiction (Quentin Tarantino, 1994)
  5. Shame (Steve McQueen, 2011)
  6. Her (Spike Jonze, 2013)
  7. El árbol de la vida (Terrence Malick, 2011)
  8. Eyes Wide Shut (Stanley Kubrick, 1999)
  9. La ventana indiscreta (Alfred Hitchcock, 1954)
  10. Mulholland Drive (David Lynch, 2001)