El Ministerio del Tiempo – Carta de amor a través del tiempo

Hace años que dejamos atrás los complejos sobre el cine de la guerra civil o las comedias con Fernando Tejero, pero aún nos faltaba algo especial en nuestra televisión, una cuya calidad parece ir decreciendo a medida que pasan los años. Gracias a Dios, el producto televisivo ha mejorado bastante, pero hay una serie que ha destacado sobre las otras, una creación original, inteligente, ingeniosa y con un valor artístico sublime: El Ministerio del Tiempo.

Terminaba este lunes pasado la segunda temporada con una sensación agridulce, pues después de haber disfrutado de uno de los mejores episodios de la serie, no tenemos claro si TVE va a renovarla o no. Quizás sea problema de los altos costes de producción, pues todo en esta serie está tan perfectamente medido que hasta el más mínimo detalle de vestuario o arte seguramente tenga un valor no muy barato. Sea cual sea el destino de la serie, nadie podrá olvidar ya la patrulla formada por Julián Martínez (Rodolfo Sancho), Amelia Folch (Aura Garrido) y Alonso de Entrerríos (Nacho Fresneda), nadie olvidará esa sonrisa que se le queda a uno cuando ve por primera vez las puertas del tiempo o al mismísimo Velázquez trabajando como dibujante de retratos robot, ni tampoco a secundarios históricos como Lope de Vega, Cervantes, Felipe II o el Cid (y el no tan Cid). Julián y su precioso amor incondicional por su ya fallecida mujer, Maite, junto a la bondad, valentía y honor de Alonso y la inteligencia, nobleza y valor de Amelia hacen que el protagonismo de la serie esté en buenas manos, sumando en este caso a un esporádico Pacino (Hugo Silva) quien otorga un carisma y desenfreno durante un tramo de la segunda temporada que sobresale de la pantalla. Ellos nos conducen por el tiempo, capitaneados por Salvador Martí (Jaime Blanch), Irene Larra (Cayetana Guillén Cuervo) y Ernesto Jiménez (Juan Gea), que aportan nuevos matices a esta paleta de colores tan diversa, un mural pincelado bajo la pluma de dos mentes brillantes: Javier Olivares y Pablo Olivares (ya fallecido), que han conseguido una proeza absoluta: dotar de belleza fílmica y narrativa a toda la historia de un país, crear una lore paralela a la nuestra en forma de distopia suave y crear un arco de personajes asombrosamente bien planteados.

El Ministerio del Tiempo – Carta de amor a través del tiempo

Hablábamos del nivel de producción, y es que, tal y como muestran después de cada capítulo, pocas veces se ha visto algo similar en una serie española de ficción, en el que saltos tan grandes de una época a otra estaban tan bien representados y tan fielmente plasmados: desde la edad media hasta la actualidad (porque, según dicen desde el ministerio, el tiempo es el que es y no podemos viajar al futuro), nos han hecho volver a valorar mucho mejor muchas de las figuras de nuestra historia. Algunos hablan de “patriotismo” en la serie, yo prefiero hablar de información y valores. Otros hablan de Doctor Who cuando mencionan El Ministerio del tiempo, pero no os equivoquéis: esta creación es muy original, especial y personal, ya sea por el estilo que desprende como por el gran equilibrio de humor y tragedia, o por lo más importante: la honestidad que transmite cada capítulo, cuyos objetivos son siempre el entretenimiento absoluto. No es de extrañar que se haya creado un séquito de fans incondicionales de la serie, al igual que lo tienen Juego de Tronos o Breaking Bad, pues el nivel no dista mucho de una gran superproducción de la BBC y su calidad es sublime.

Y llegados a este punto, creo que, estimado lector, te habrás dado cuenta de que soy uno de esos fans acérrimos y locos por la serie, un loco que se maravilla con la representación de los últimos de Filipinas, una supuesta invasión de los nazis por el tiempo, los sueños premonitorios de Lorca, la personalidad tierna de Cervantes y la desfachatez y ego de Lope de Vega; un loco que se emociona con el destino inamovible de Julián, con el coraje y evolución de Amelia, con la valentía atemporal de Alonso y con la actitud casposa y enérgica de Pacino. Seguramente no hayas leído muchos comentarios sobre la forma o un análisis exhaustivo en este artículo, pero no es necesario, pues lo necesario para El Ministerio del tiempo es hablar de ella tal y como ha sido concebida: con el corazón. Es posible que jamás veamos una tercera temporada de la serie, pero será permanente su marca en el público, y qué mejor forma de agradecerlo que con esta carta abierta de amor a unos personajes y al mejor ministerio que hemos tenido en este país.