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Tenemos que hablar sobre la crisis de la comedia española, poniendo especial énfasis en la comedia romántica. Y tenemos que hablar no sólo del ínfimo nivel de estas producciones, sino de su peligrosa proliferación. Y, ya que estamos, también sería conveniente hablar de que la estructura de la mayoría de ellas es calcada; todas estás cortadas por un mismo patrón, y la escasa originalidad de las propuestas hace que los resultados dependan completamente de la gracia de los diálogos. Pero ahí tampoco encontramos sorpresas, pues el guion de muchas películas parece estar confeccionado a partir de situaciones y golpes de humor de otras anteriores. Es deprimente el panorama del género en nuestro país, y en los últimos años sólo me atrevería a nombrar tres trabajos que han conseguido salirse de ese molde infeccioso con buenos resultados: Carmina y amén, Negociador y El apóstata. Seguro que hay alguna más y ahora mismo no me acuerdo, pero más seguro es aún que necesitamos cambiar esta situación. El primer paso no es otro que dejar de ver estas películas en el cine. Pero no, Tenemos que hablar hará unos números decentes en taquilla y el número de producciones del estilo seguirá aumentado de forma (in)comprensible.
 
Lo único positivo que puedo sacar de estas cintas, más allá de alguna (son)risa esporádica, es que son en su mayoría inocentes y bienintencionadas, y la falta de gracia y chispa de sus diálogos y situaciones son compensadas por un ritmo trepidante que no da pie al aburrimiento. Tenemos que hablar no podía ser una excepción, y cumple punto por punto lo que podíamos esperar de ella (que no es precisamente bueno). Enmarcada en el contexto de la crisis económica actual (problemática utilizada por una gran parte de títulos del género, casi siempre de forma gratuita y superficial), Tenemos que hablar narra las dificultades que tiene Nuria (Michelle Jenner) -una joven que lo tiene todo para ser feliz: un buen trabajo, una casa maravillosa y un novio perfecto que le acaba de pedir matrimonio- para pedirle los papeles del divorcio a Jorge (Hugo Silva), su expareja. Su relación acabó muy mal porque Jorge hizo que los padres de Nuria (Verónica Forqué y Óscar Ladoire) se arruinaran recomendándoles invertir en preferentes del banco en el que trabajaba, entre otras muchas inversiones erróneas. Esta situación, bastante embarazosa de por sí, desembocará en un cúmulo de enredos y malentendidos que conformarán el esqueleto narrativo de la película. 
 
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La dirección de David Serrano es demasiado discreta y funcional, dejando casi todo el peso de la película en el libreto que escribe junto a Diego San José, que deja su impronta con algunos gags marca de la casa (por intrascendentes y carentes de gracia). Se echa en falta un mayor riesgo tras las cámaras e incluso en la misma sala de montaje, la adicción de una suerte de sello que pueda distinguir esta comedia de muchas otras. Pero esto nunca ocurre, y la cinta se aferra a la remota posibilidad de que sus chistes tengan gracia, que sus situaciones no transiten por demasiados lugares comunes y que su reparto muestre carisma y buen hacer. Desgraciadamente, sólo se cumple la tercera condición y con reservas. Si Michelle Jenner y Hugo Silva están convincentes, más por la química entre ambos que en sus apariciones por separado, Verónica Forqué y Óscar Ladoire no desentonan. La parte mala se la llevan Belén Cuesta y Ernesto Sevilla como secundarios. Belén por la arbitrariedad y escasa profundidad de un personaje tan pésimamente escrito como intrascendente; Ernesto, sin embargo, está bastante mal porque se ha convertido en una parodia de sí mismo, y además repite el papel que hiciera hace ni siquiera un mes en Embarazados. Es innegable que es alguien gracioso por naturaleza, pero me da la sensación de que le hace más mal que bien a las películas en las que aparece.
 
Embarazados es otra comedia fallida de manual, tan previsible en su final como en su humor inofensivo y desacertado. No tiene nada que aportar, y ni siquiera es lo suficientemente divertida como para que merezca la pena su visionado. Los directores y guionistas del género deberían plantearse modificar determinadas acciones y comportamientos, algo que parece improbable si lo único en lo que nos fijamos (y lo que para algunos interesa) es en el beneficio económico. Ya no hablo de promover el beneficio artístico de este tipo de cintas, sino de ampliar miras y renovar un poco los esquemas. Mi opinión es que no perdáis el tiempo viendo esta agradable (pues no deja de ser una película simpática) tortura.
 
 
 
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Ficha técnica:

Título original: Tenemos que hablar Director: David Serrano Guión: Diego San José, David Serrano Fotografía: Juan Carlos Gómez Reparto: Michelle Jenner, Hugo Silva, Verónica Forqué, Belén Cuesta, Óscar Ladoire,Ernesto Sevilla, Ilay Kurelovic, Roberto Álamo Distribuidora: Warner Bros. Pictures Fecha de estreno: 26/02/16