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Los problemas que acarrea el cine español es los últimos años son cuantiosos. Desde el monopolio por parte de Atresmedia y Mediaset, encumbrando al éxito a cintas mediocres en numerosas ocasiones, hasta la financiación indecente a ciertas figuras que fueron clave años atrás únicamente por su condición consolidada en la industria. Lo positivo es que están surgiendo distintos directores que, debajo de las inseguridades y errores debido a la poca experiencia que tienen, se puede apreciar talento. David Cánovas es uno de ellos. Con una longeva carrera de más de 10 años como cortometrajista, debuta en el largometraje con La punta del iceberg, una adaptación de la obra teatral de Antonio Tabares.

Más allá del impecable trabajo actoral y el cinismo que se adhiere a la narración durante todo el metraje, Cánovas es incapaz de desprender  la índole teatral del material original y acercarlo a una faceta más cinematográfica. Sus intentos para conseguir esto terminan en un subrayado que resulta demasiado hiriente –el uso de un pañuelo en uno de los momentos clave del film–. No obstante, narrativamente aporta una lectura muy atractiva sobre el mundo laboral. Desde una explotación que otorga los índices de ventas más altos en la empresa, hasta la dudosa moralidad en trepas que buscan una favorable ascensión en el escalafón empresarial. Esto es positivo, pues al darle una motivación o una justificación a los actos de cada uno de los personajes, no tiene cabida ningún tipo de maniqueísmo. El problema es que sí existe, ya que Cánovas decide incluir un personaje –en este caso, son varios– que bien podría desempeñar el rol de antagonista, pero que en todo momento se presenta totalmente unidimensional.

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Cánovas bien podría ir acercándose a Haneke si madura como cineasta y no se abandona al eclecticismo y al efectismo. La sequedad, la violencia sobria y áspera del austriaco parece asomar en alguna que otra ocasión, pero nunca llega a establecerse tal estilo formal. Además del impecable material que adapta –en especial, los poderosísimos monólogos que interpretan distintos personajes–, el director canario se apoya mucho en el trabajo de sus intérpretes. Quizá su puesta en escena se perciba inerte, insustancial, sin entidad; pero casi todos sus actores están magníficos. Quizá Maribel Verdú realice un trabajo mucho menos inspirado que sus compañeros. La poca naturalidad que desprende en ciertos momentos no ayuda a construir a un personaje como el que ella encarna, ciertamente atormentado por los remordimientos y la culpa. El plantel de secundarios, desde Álex García hasta Fernando Cayo, están muy solventes; pero, sin duda alguna, el que más destaca es Carmelo Gómez.

La punta del iceberg –que, actualmente, se encuentra compitiendo en la sección oficial del Festival de Málaga– es, en cierto modo, una presentación satisfactoria. Quizá la grandeza del relato del dramaturgo Antonio Tabares empequeñece ligeramente el trabajo de Cánovas, pero su ópera prima nos obliga a estar expectantes ante su próximo trabajo e ir contrastando su progreso como director.

Crítica escrita por Brian Garrido

2.5_estrellas

Ficha técnica:

Título original: La punta del iceberg Director: David Cánovas Guión: David Cánovas, José Amaro Carrillo, Alberto García Martín Música: Antonio Hernández  Fotografía: Juan Carlos Gómez Reparto: Maribel Verdú, Fernando Cayo, Bárbara Goenaga, Álex García, Carmelo Gómez,Ginés García Millán, Jesús Castejón, Jorge Calvo Distribuidora: Tornasol Films Fecha de estreno: 29/04/16