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El pueblo. Eso es. Ese destino geográfico repleto de magia y encanto que da pie a toda clase de aventuras en la juventud, de reencuentros en la edad adulta y de recuerdos en la vejez. Pero, por encima de todo, un pozo sin fondo de historias completamente inverosímiles pero reales protagonizadas en su mayoría por “el amigo/primo/vecino/abuelo de”. Tener pueblo significa ser la envidia de todos los que no tienen pueblo. Esas tristes almas sin son, hacinadas en su ciudad diaria, sin poder romper la rutina del fin de semana en un lugar externo en el que se sientan como en casa, al que puedan llamar hogar. Un pueblo de verdad es como un feudo personal, en el que todos te conocen y se conocen entre sí y que, a ojos extraños, resulta como un universo alternativo, regido por un lenguaje, unas leyes y unas costumbres indescifrables para los nativos de la capital. Yo, por suerte, tengo pueblo y no me canso de presumir de ello (estáis todos tardando en ir a El Barco de Ávila, el mejor pueblo del mundo) así que ver una película como El Pregón, que reivindica el carácter único de los pueblos, siempre es un placer.

El Pregón cuenta la historia de los hermanos Osorio (Berto Romero y Andreu Buenafuente) y su grupo Supergalactic, unos one-hit wonders de los años 90 que reventaron las listas con el (impagable) tema Pool Party Time. Todo aquello ya quedó muy atrás y en la actualidad hacen lo que pueden con su fracaso vital. Pero un buen día, el alcalde de su pueblo natal (el renacido Jorge Sanz) les llama para ofrecerles dar el pregón de las fiestas y, por razones del bolsillo, aceptan. Lo que no saben es que en el pueblo siguen siendo los hijos pródigos que siempre fueron.

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El guión busca contar una historia tan simple como esa y lo hace estupendamente porque, basándose en los manidos estereotipos de pueblo que han sido caldo de cultivo para todo tipo de chistes en el panorama cómico español, te sitúa rápidamente en el papel del chico de ciudad que no es mucho más que un extranjero que no entiende las tradiciones ni los comportamientos rurales. Quizá nunca llegue a la carcajada pero la sonrisa es constante gracias a la agilidad de los diálogos y al acertado tono absurdo del humor. Se aleja del humor de chistes continuos que grandes éxitos ha cosechado con películas como Ocho apellidos… o Perdiendo el Norte para acercarse a un humor más orgánico, basado en el contrapunto absurdo de las situaciones que chocan con los personajes y más en la línea de cintas como La Torre de Suso o Para qué sirve un oso.

La clave, sin embargo, está en Andreu y Berto. Ya son años viéndolos en los diferentes formatos televisivos que han presentado, escuchándolos en el maravilloso Nadie Sabe Nada de la Cadena Ser y, en definitiva, disfrutando de su ingenio y su capacidad de hacerme reír en todas y cada una de las situaciones. La película es 101% ellos y, para alguien que los considera el techo del entretenimiento cómico en España, eso es una garantía de calidad. Eso sí, y con todo el cariño, Andreu, se aprecia el intento, pero lo tuyo no es la interpretación. El resto del elenco hace bien los coros, destacando a Jorge Sanz pasándoselo pipa.

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Y poco más. Por restar algún punto, decepcionará a la gente que espere más que una comedia entretenida para pasar una buena tarde o que no guste de la pareja protagonista. Por sumar de nuevo ese punto, resaltar el increíble trabajo de los Pinker Tones en la música. Esos tíos sí que son unos genios, haceos un favor y buscadlos.

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Ficha técnica:

Título original: El pregón  Director: Dani de la Orden Guión: Diego San José, David Serrano Fotografía: Isaac Vila Reparto: Berto Romero, Andreu Buenafuente, Jorge Sanz, Belén Cuesta, Goyo Jiménez,Jéssica Ross, Josep Maria Riera Distribuidora: DeAplaneta Fecha de estreno: 18/03/16