Sentíamos una verdadera sequía este año en el cine español, si había habido hasta ahora buenas películas, pero echábamos ya en falta la presencia de una gran película. Ha tenido que venir Daniel Sánchez Arévalo a poner fin a esa sequía. Si en su anterior película, Primos, hablaba de Amenábar y de cómo irrumpió en el cine español. Podríamos decir lo mismo de su realizador, quizá no irrumpió con la arrolladora fuerza de Amenábar y Tesis, pero tras cuatro películas ya podemos confirmar que es uno de los nombres más a tener en cuenta de nuestra filmografía, y además alejado del camino que parecía marcar con su primera obra AzulOscuroCasiNegro, dónde apostaba por un energético drama con pequeños toques cómicos, ha tomado un camino, que a todos ha sorprendido, el de la comedia. Una comedia coral, poblada de personajes, tal y como en su momento filmase Berlanga, si en Gordos, ya tomaba un tono cómico, aunque bastante ácido, con Primos nos sorprendió con una brillante y divertida comedia. Ahora, en La Gran Familia Española vuelve por el mismo sendero, con una obra que curiosamente es la que más paralelismos guarda con su primera obra, muy parecidas en su fondo, pero con forma completamente distinta.

Porque en La Gran Familia Española, Arévalo nos vuelve a hablar de la desestructura familiar, como hiciera en aquella. Lo aprovecha para generar el caos más absoluto y disparatado, con variopintos personajes, pero que salvo algún secundario cuyo aporte es únicamente de apoyo cómico, como el camarero interpretado por Raúl Arévalo, la bisabuela o la prima del pueblo, todos se sienten verdaderamente reales. La acción sucede el 11 de julio de 2010, un día que se ha quedado clavado en la memoria de muchos españoles, pues fue el día, que como si de una película se tratase, España ganó el mundial de Sudáfrica. No lo pudo ganar de una forma más cinematográfica, con un gol de Iniesta al final de la prorroga, que se quedó grabado con el grito de Camacho de “¡Iniesta de mi vida!”, emocionando, como si de un gran giro final se tratase, incluso a los que no somos demasiado futboleros. Pero eso que el patriarca de la familia, se refiere a algo que los españoles llevaban setenta años esperando, era algo que poco preveían, y en medio de una final, que absorbió por completo el interés de todos los españoles, se celebra la boda del menor de la familia.

La referencia cinéfila siempre ha estado presentado en el cine de Sánchez-Arévalo, comentábamos antes al personaje de El Bachi de Primos, como hablaba de Amenábar, o sus continuos juegos de dar los datos de las películas. También en AzulOscuroCasiNegro, veíamos que Israel, el personaje de Raúl Arévalo, observaba en el piso de en frente como distracción, al igual que hacía James Stewart en La Ventana Indiscreta. Aunque esto desarrollase una de las tramas de la película, en cierta forma, Sánchez Arévalo creaba un paralelismo entre la enfermedad de Stewart, y el desempleo del personaje. Quizá, la presencia fílmica es más fuerte que nunca en esta ocasión, que la película empiece y acabe con las imágenes de Siete novias y siete hermanos, no es una simple excusa por parte del director para explicar el origen de esa familia, ni el nombre de los personajes. Arévalo va más allá tratando de hablar de los peligros que tiene la vida cuando se intenta hacer de ella que funcione de una película.

Deriva de ello uno de los temas en los que más hincapié ha hecho el realizador durante su filmografía: la mentira. Pero al director no le interesa simplemente la mentira, si no la forma de utilizar la mentira, y creérsela, para vivir en una falsa realidad dónde aparentemente todo va mejor. De nuevo echamos la vista atrás, en AzulOscuroCasiNegro, Fernando, el padre de Israel, y posteriormente él, iban al masajista, para así renunciar a su homosexualidad, mientras, que por su parte Jorge, se enamoraba de Paula, creyéndose capaz de frenar esta atracción. Gordos, es posiblemente su obra más significativa en este aspecto, puesto que todos los personajes se engañaban de una forma u otra, e incluso, como conclusión, dejaba entrever que muchos de ellos tan sólo eran capaces de ser felices en su mentira, como esa chica que vuelve a ser obesa para no tener que confesar su embarazo. También lo veíamos en Primos, donde Diego renunciaba a creer y hasta intentaba esquivar preguntar la posibilidad de que el hijo de Martina fuera suyo. En La Gran Familia Española, la mentira vuelve a ser tema recurrente y casi protagónico, tras las diversas capas de falsa felicidad impostada por la celebración de la boda, el espectador pronto empieza a descubrir al tener contacto con los personajes, encontramos que todo se mueve por la necesidad del ser humano de protegerse a sí mismo por medio de mentiras, al final todo sale a la luz. Pero Arévalo, lejos de criticar esto, habla de los peligros de las mismas, pero también de la necesidad en muchas ocasiones de ocultar la realidad en pos de la felicidad.

Dentro de todo este turbio drama familiar que podría haberse encontrado con este material, el realizador encuentra un motivo para la esperanza, es ahí donde entra en lugar el partido de fútbol, esa final del mundial, como una perfecta metáfora de que siempre hay lugar para esperar que todo cambie, que como en una película, el final nos haga feliz. La película avanza desde el partido, vemos marcar los tiempos gracias a la narración del encuentro, y vemos como el caos va in crescendo, según se acerca el pitido final. Porque al final todo es caos, porque Arévalo quita la capa más cruda, que es visible y emociona, para servir su película como una divertida comedia coral. Elabora el humor desde la situación, desde contraponer a sus personajes, a elaborar una disparatada coreografía en la boda al ritmo de Calvin Harris. Y hubiera sido fácil hacer caer en el ridículo absoluto a personajes tan pintorescos como el Adán de Antonio de la Torre, o el Ben de Roberto Álamo, pero, como decía con anterioridad, nunca cuestiona a sus personajes, ni sus limitaciones, y tan sólo personajes remotamente secundarios son los que tienen una función esencialmente cómica.

No tengo miedo en afirmar que La Gran Familia Española, es la gran comedia del cine español actual, y que llevábamos tiempo esperando por una comedia tan divertida y a la vez tan sincera. Daniel Sánchez Arévalo, no sólo se confirma como uno de los directores españoles más importantes a día de hoy, sino que también demuestra que es el gran maestro de la comedia española actual. No me cabe duda, Berlanga estaría orgulloso de él.

Título Original: La gran familia española Director: Daniel Sánchez Arévalo Guión: Daniel Sánchez Arévalo Música: Josh Rouse Fotografía: Juan Carlos Gómez Intérpretes: Patrick Criado, Arantxa Martí, Sandra Martín, Quim Gutiérrez, Miquel Fernández, Antonio de la Torre, Verónica Echegui, Roberto Álamo, Héctor Colomé Distribuidora: Warner Fecha de Estreno: 13/09/2013