THE MARTIAN

Ridley Scott pertenece a ese curioso y selecto club de directores que son más raros que un perro verde. Y perdonen el tópico de la comparación, pero nada más lejos de la realidad. En 1979 sorprendió al mundo con una ópera prima (Alien: El octavo pasajero) que se convirtió en un clásico del género de terror desde su proyección en las salas de todo el mundo. Tres años después creó la que sin duda alguna es una de las mejores películas de todos los tiempos: Blade Runner. Vilipendiada por la indiferencia de un público que la ignoró haciendo caso omiso de la irracional pasión que le profesó la crítica internacional de los ochenta, la cinta protagonizada por Ford consiste en un ejercicio de arte contemporáneo en el que la fantasmagórica imagen del futuro que nos espera combate con un guion existencialista que se dejaba llevar por la música de Vangelis dando lugar a una obra maestra que se ha enmarcada en lo inolvidable y en un pilar de la ciencia ficción.

Con semejante inicio en su carrera, nadie vaticinaría que semejante genio pudiese ser víctima de una caída libre años después en la que la esperanza por su recuperación como director parecía casi imposible. Su carrera ha estado plagada de idas y venidas. Algunas cintas como Thelma y Louise o Gladiator son clásicos modernos que guardan lo mejor de un director irreconocible en Exodus o la teniente O´Neill. A medio gas en otras como Red de mentiras o en la triste adaptación de El Consejero, Scott nos dejaba un tanto desamparados respecto a la idea de que regresase algún día aquel genio que se perdió atacando naves en llamas más allá de Orion.

THE MARTIAN

Bajo esta premisa invadida por el más vasto escepticismo, Scott nos embarcaba en un nuevo proyecto. La adaptación de la novela The Martian, un éxito total de ventas y un proyecto megalómano de los que tanto gustan en Hollywood con la idea de ganar a la parrilla media de la taquilla y convencer al espectador palomitero y consumidor de blockbusters en cantidades ingentes para la salud. Y ojo, que cintas de acción las hay tanto buenas como malas. Y, por suerte, esta pertenece al primer grupo. Engañados por un tráiler que vaticinaba una mezcla de saldo entre Gravity e Interstellar, la aventura espacial que protagoniza Matt Damon se movía antes del estreno como un posible varapalo absoluto -y la tesis doctoral de quienes aventurábamos el final de Scott como director- o bien la redención del mismo y la vuelta a los orígenes de quien ha hecho grandes películas que todos hemos disfrutado. La propuesta comienza con una premisa sencilla pero que, en su misma sencillez, conlleva la gran complicación de desarrollarse de la mejor forma posible: un astronauta sufre un accidente en Marte debido al cual sus compañeros le creen muerto y deciden abandonar el planeta para poder sobrevivir. Manejar esta situación durante 120 minutos sin que el ritmo de la película decaiga en ningún momento es algo digno de mención. Scott nos mete en harina desde el primer fotograma, haciéndonos cómplices de la aventura marciana de un inconmensurable Damon que se las ingenia por sobrevivir en un medio supremamente hostil alimentándose de lo poco que tiene en su base y de la esperanza de que, algún día, puedan rescatarlo. La cinta posee una grandeza visual magnífica, de la que es culpable Dariusz Wolzski, que dedica gran parte de la película a dejarse llevar por planos generales que no hacen sin no recordarnos en qué tipo de medio está intentado subsistir Mark Watney.

Pero lo que quizá más pueda sorprender al espectador medio de la cinta es el tono optimista por el que está invadida y se deja llevar todo el metraje. Damon arranca carcajadas por doquier dentro de su aventura y momentos de humor que hacen olvidar por completo lo complicado de su situación. Si bien muchos esperábamos un clásico drama de supervivencia en un medio hostil desgarrado por la locura de la soledad, Damon da una clase de alegría a los compatriotas que sufren por él en casa. Scott olvida tanto lo trascendental en pro del disfrute cómico y visual que hace echar en falta un sencillo análisis respecto al comportamiento humano en una situación tan fatídica. Deja de lado el desarrollo de unos personajes que podían haber dado mucho más de sí. Y, por ello, he aquí el gran fallo de la película, y es que se echa en falta un equilibrio entre una cinta de trasfondo humanista que analice una situación tan dramática como la que se nos presenta y una película humorística, optimista y sencilla como la que es. Alcanzar semejante equilibrio es algo realmente complejo incluso para un director como Ridley, pero estamos ante el deber de exigírselo. No obstante, teniendo en cuenta su historial reciente, es de agradecer que la película vaya con las intenciones claras y cumpla su cometido: entretener de forma más que decente. Y, para bien o para mal, parece que esto es lo máximo a lo que Scott puede aspirar de momento. Ya vendrán tiempos mejores.

Ficha técnica:

Título original: The Martian Director: Ridley Scott Guión: Drew Goddard Música: Harry Gregson-Williams Fotografía: Dariusz Wolski Reparto: Matt Damon, Jessica Chastain, Chiwetel Ejiofor, Jeff Daniels, Kate Mara, Michael Peña, Sean Bean, Kristen Wiig, Sebastian Stan, Aksel Hennie, Benedict Wong,Mackenzie Davis, Donald Glover Distribuidora: 20th Century Fox