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Encorsetar a Arnold Schwarzenegger en alguna de las facetas más dispersas de su vida como culturista o gobernador de California sería tan injusto como admitir que en Maggie no es el mejor elemento de la cinta. La opera prima del director Henry Hobson se convierte en la emancipación emocional de un grafista especializado en publicidad que da el salto a la gran pantalla de la mano de una historia mordaz, sádica y ante todo, contenida. Maggie narra la historia de un padre que debe lidiar con la enfermedad de su hija, infectada por la mordedura de un zombie. El deber moral, la familia o los valores se entremezclan sin éxito en una radiografía personal y agridulce sobre el destino de la humanidad en un futuro postapocalíptico. Interesante apuesta que se queda a medio cocer, entre baluartes de buen cine y un desconocido, a la vez que sorprendente, Schwarzenegger.

La tierra. Un día que bien podría ser mañana en un estado cualquier de EUA. Una joven huye de algo a través de los despojos de una ciudad devastada. A su vez Schwarzenegger, visiblemente desmejorado y con cara de pocos amigos, escucha por la radio como la mayoría de “infectados” están siendo puestos en cuarentena en los hospitales. Hobson, que viene de un mundo puramente publicitario, sienta este punto de partida para presentarnos a dos personajes atormentados que se reúnen de nuevo en la sala de urgencias de un hospital: son padre e hija. Ella ha sido mordida por un infectado y él acude a buscarla. El resto de la cinta es la divagación sobre cómo ese padre acepta una situación que comprende pero no termina de aceptar. Y quién podría si tenemos en cuenta que no existe cura posible para dicha enfermedad. La agonía, lenta y dolorosa de Schwarzenegger se vislumbra en su rostro, eternamente constreñido en una imagen de él de la que en esta cinta se aleja. Sobre sus hombros carga el mórbido peso de ver morir a su hija, de protegerla contra un mundo hostil que intenta confinarla con el resto de infectados. En numerosas ocasiones se le presenta a Schwarzenegger la oportunidad de hacer lo correcto, de dejar ir a su hija, pero en reiteradas ocasiones el corazón se antepone a la razón.

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No obstante y pese al potencial aparente de la premisa (siempre y cuando el espectador comulgue con el género), la cinta se diluye en un mar embravecido y carente de significado. Empezando por la propuesta de realización de Lukas Ettlin. Una fotografía que en vez de apoyar a la historia, juega en su contra, con planos completamente gratuitos y que impregnan a la cinta de aires de spot de El Corte Inglés. En cada secuencia hay belleza, si, pero no siempre la que necesita la cinta. Y eso que la dirección artística es impecable (pese a un ajustado presupuesto) y recrea a la perfección el mundo postapocalítpcio que busca Hobson y que tantas veces ha repetido ya en trabajos anteriores: espacios abiertos, fuego, humo, colores tenues y mucha oscuridad, que no sirve para ocultar la profunda dejadez de una excelente Abigail Breslin, que demuestra haber dejado atrás la frágil figura de Little Miss Sunshine.

Maggie pone muchos temas sobre la mesa pero no indaga en ninguno de ellos lo suficiente para que decidamos implicarnos en la cinta. La película en sí comete muchos errores, pero el más ofensivo tal vez sea el ritmo. O más bien la ausencia de él. Un problema que probablemente nazca de un guión muy poco maduro para soportar el drama (inexistente a veces), que los actores intentan crear una y otra vez. La emotividad pasa a convertirse a veces en una secuencia de Spring Breakers o en un videoclip de Justin Bieber, con americanadas adolescentes a la luz de una hoguera. El amor, ese tema capital en la historia de la humanidad, parece ser el leitmotiv y el salvoconducto en donde Hobson se escuda para justificar absolutamente todo. Así como ese último acto final, tan previsible como desacertado. Si toda la cinta va encaminada a reforzar la idea de que el amor salva, cura y purifica, la fotografía se encarga de desmitificarla. Y en eso se va la mitad de la cinta, en luchar contra sí misma. Aunque existan chispazos de emoción como cuando Breslin se pinta las uñas para sentirse un poco más humana o se columpia en el jardín, no terminan de ser suficientes. El alma nunca se contamina, el amor de una hija por un padre, tampoco.

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Maggie es un experimento fallido pero necesario. Necesario porque pocos cineastas se aventuran a desencasillar a actores denostados y apolillados que, como Schwarzenegger, necesitan una segunda oportunidad. O un drama como dios manda, aunque en este caso Maggie no sea la decisión más acertada. Hobson trabaja un guión peligroso y contenido, que explora el mundo zombie desde una metafísica del amor en el seno de una familia desestructurada. Como la sociedad que envuelve a los protagonistas de la cinta, el espectador se pierde en el escaso drama que pese a que existe, no termina de materializarse con éxito. Schwarzenegger brilla con luz propia, tal vez la única estrella en una constelación demasiado densa para que podamos observarla con claridad desde lejos.

2.5_estrellas

Ficha técnica:

Título original: Maggie Director: Henry Hobson Guión: John Scott Música: David Wingo Fotografía: Lukas Ettlin Reparto: Arnold Schwarzenegger, Abigail Breslin, Joely Richardson, J.D. Evermore, Laura Cayouette, Amy Brassette, Dana Gourrier Distribuidora: Ver Cine Fecha de estreno: 08/01/2016