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Precedida de unas pésimas críticas y una discreta taquilla, El asesinato de un gato llega a las salas españolas un año después de su estreno oficial en Estados Unidos. Dirigida por Gillian Greene, cuya trayectoria cinematográfica apenas abarca un par de títulos, y escrita a dos manos por Robert Snow y Christian Magalhaes, la cinta narra la historia de Clinton, un “nerd/freak” de dudosa madurez mental que un buen día encuentra a su gato muerto atravesado por una flecha. Cegado por su sed de venganza (tan poco justificada como absurda), el joven inicia su particular investigación para descubrir al asesino del que dice ser “su mejor amigo”, Y probablemente, único, Una carrera a la desesperada en la que se encontrarán con un reparto de lujo, encabezado por el oscarizado J.K. Simmons, Nikki Reed o Greg Kinnear, que pondrán a prueba su valía. Pero todo esto no sirve para salvar un guión que hace aguas, de ritmo precipitado y poco coherente, un acting demasiado impreciso y unos diálogos que abogan por reventar los estereotipos del género en vez de reinventarlos.

Mi crítica bien podría sintetizarse en las sabias palabras del crítico de The New York Observer, Rex Reed: “El asesinato de un gato es tan amateur y confusa que no se sabe lo que es. No es una comedia, drama o nada entre medio”. Duro y sensato, así es como concluyen muchas de las reseñas negativas que ha recibido la cinta de Greene, que ha pasado por el gigante norteamericano de puntilla y aunque lo tenía todo para triunfar, su mediocridad y falta de tacto ha terminado por jugarle a la contra. La “comedia”, de Greene, si es que se le puede llamar así, es una historia sobre el crecimiento personal, el amor hacia los animales y el deber de la responsabilidad. Todo formulado en hipótesis porque realmente el resultado final es más bien todo lo contrario: una cinta que más que divertir, provoca un estado perpetuo de vergüenza ajena. Una auténtica vulgaridad que no hace sino replantearnos cuál es verdadero objetivo de la directora y, si más no… ¿qué diablos hace Simmons en el reparto? Su personaje despunta como uno de los mejores elementos de la historia al que al menos, Greene si sabe utilizar con inteligente durante los escasos minutos que aparece en el metraje. Algo que deberemos agradecerle siempre. Gracias, Gillian.

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Fran Kranz, venerado cómico estadounidense, se mete en los zapatos de un patético outsider que vive con su madre, se pasa el día viendo “Who is the boss?” y su hobby es fabricar muñecos de acción. Un antihéroe que, a diferencia de otras cintas, en vez de despertarnos cierto grado de empatía, termina por convertirse en un incordio. Aunque es evidente que Clinton necesita aprender mucho más que superar la muerte de su gato, su periplo a lo largo de la cinta y su posterior final es tan previsible que insulta la inteligente media del espectador. Regresando a las palabras de Reed, el planteamiento amateur y prácticamente académico de su directora, tampoco deja espacio para la sorpresa, el drama o la emoción. Todo está demasiado trillado y medido que es imposible no sentirnos estafados cuando Clinton se sube a la moto con Greta. Porque durante toda la cinta todo lo ha tenido demasiado fácil y eso nos incomoda, nos retrotrae y desconecta automáticamente de la necesidad de nuestro héroe, básicamente porque no existe.

Se me ocurren otros muchos títulos (la mayoría, mucho mejores que la cinta de Greene), en donde se explora la marginalidad social desde un punto de vista coherente, ordenado y fresco. Sin la necesidad de recurrir a clichés (ese pelo relamido y ligeramente pegado a la frente no basta para hacer personaje), plantarnos a una chica guapa, un chino inquietante que traga cigarros o al clásico empresario forrado que termina por estar en la quiebra. El asesinato de un gato es una oda reivindicativa a ese sector marginal de la población como son los nerds o freaks, condenados únicamente a entenderse con elementos muy concretos de su entorno. Mouser representa esa necesidad de Clinton de abandonar el nido, de hacer algo con su vida o si más no, encontrar lo que realmente le hace feliz. Ponerse delante de la damisela en apuros y llevarse varios ballestazos. Porque los tiempos de pasarse el día en la cama, envuelto de una bata de franela y pantuflas ha quedado atrás. Ahora queda la vida, la desoladora sensación de vacío de la madurez. Algo para lo que no todo el mundo está preparado y para lo que se necesitan las agallas necesarias para salir al paso y hacerle frente. Todo empieza por un corte de pelo, pero también por la muerte de un gato. Empieza por ahí Greene, empieza a hablar por ahí.

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Ficha técnica:

Título original: Murder of a Cat Director: Gillian Greene Guión: Robert Snow, Christian Magalhaes Música: Deborah Lurie Fotografía: Christophe Lanzenberg Reparto: Fran Kranz, Aidan Andrews, Blythe Danner, Greg Kinnear, J.K. Simmons, Nikki Reed, Leonardo Nam, Dileep Rao, Aidan Andrews, Brian Turk Distribuidora: Paycom Fecha de estreno: 11/12/15