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A todo el mundo le gusta ver algo bonito, eso es un hecho. Y si a esa sensación de belleza le añadimos un sentimiento alegre, el buen sabor de boca que queda al final se dobla. Parece claro que a cualquier persona del mundo del cine le gustaría dejar en sus espectadores una impresión así. Ahora bien, yo me pregunto si de verdad merece la pena hacer una película que nadie odiará pero que nadie amará.  Lo que quiero decir con esta pequeña reflexión es que tras salir de la sala de cine después de haber visto El Coro, cuando me preguntaron qué tal, lo único que supe responder fue “bien, bonita”. Ahí está el problema de este tipo de historias, que cuando el espectador deja su butaca, la belleza que ha visto se vuelve efímera y solo queda un vacío indiferente.

Además esta película tiene otro problema que contribuye a hacerla casi intrascendente: que posee una trama que ya existe. Es decir, no solo busca atraer al público con argumentos fáciles, sino que pretende que le compre algo que ya ha comprado antes. Si yo hablo de un niño con evidentes problemas familiares y un talento innato para la música, es inevitable que dos personajes vengan a la mente: el pequeño Evan Taylor (August Rush: El triunfo de un sueño) y Pierre Morhange (Los chicos del coro). En el caso que nos ocupa es Stet, un chaval problemático de la Costa Este de Estados Unidos que, tras la muerte de su madre (¡Oh! Qué curiosa coincidencia), es internado en un colegio en el que hay un coro de niños (¡Y ya van dos!). Una vez dentro tendrá que lidiar con los estrictos profesores del centro –en especial con uno- y con sus propios compañeros (Ejem, ejem) hasta conseguir trabar una amistad con el director del coro, que le ayudará a desarrollar su potencial (voy a dejar ya de escribir paréntesis de coincidencias porque si no, no acabo).

Photography By Myles Aronowitz

No obstante, el largometraje tiene cosas muy buenas; es entretenida y el rato que pasas dentro del cine se hace ameno. Esto, en parte, se debe sin duda a la música compuesta por Brian Byrne y a la cantidad de obras que rescata de maestros de la composición para canto, como el coro Aleluya de El Mesías de Häendel, cuya interpretación se torna uno de los puntos álgidos de la historia. Eso sí, la apuesta que hace esta película a la hora de elegir las obras es mucho más arriesgada que la de sus predecesoras, ya que es mucho más fácil convencer a un público con canciones simples y melodías sencillas “más pop” como en Los chicos del coro o en August Rush: El triunfo de un sueño que con productos de música clásica.

Así, al sumar la sensación de haber visto una película que ya habías visto antes y la de tener ante ti argumentos tan simples, te das cuenta de que dentro de unos meses nadie se acordará de ella hasta que la pongan un domingo por la tarde en la televisión. De hecho, no se me ocurre un mejor modo de poder disfrutar de este largometraje que un fin de semana en casa, de esos que no apetece salir. Porque la realidad es que es disfrutable y capaz de complacer a todo el mundo. No te obliga a pensar y como lo mejor es la música, se puede ver a la par que se hacen otras cosas. Se podría concluir diciendo que es una película que entra por los oídos, y lo hace de forma tan fácil, como fácilmente vuelve a salir.

2.5_estrellas

 

Ficha técnica:

Título original: Boychoir  Director: François Girard Guión: Ben Ripley Música: Brian Byrne Fotografía: David Franco Reparto: Garrett Wareing, Dustin Hoffman, Kathy Bates, Eddie Izzard, Kevin McHale, Josh Lucas, Debra Winger, River Alexander Distribuidora: A Contracorriente Films Fecha de estreno: 09/10/2015