timecircuits

Bueno, pues ya estamos aquí.

Puedes parar el motor. Tranquilo, dejará de llover en unos segundos (bendito servicio meteorológico). Ha sido un viaje un poco más movido, y más largo, pero te dije que llegaríamos. Hemos necesitado carreteras, sobra decir que esto no es un DeLorean y Señor Fusión todavía no se ha hecho con el mercado del biocombustible. Pero al menos no nos hemos vuelto gilipollas ni nada parecido. No todos, quiero decir.

21 de Octubre de 2015. Podría hacer una lista de todas las cosas que nuestra línea temporal tiene en común con la de nuestros invisibles visitantes, o contar curiosidades sobre ellos y sus aventuras ochenteras. Pero permíteme ser mas personal y echar la vista atrás. Al fin y al cabo, sin el pasado, nos desvaneceríamos como si no estuviéramos aquí.

Ese de ahí soy yo, cuando tenía unos nueve años, en una excursión del colegio que consistía en andar durante horas por el monte. El que lleva la gorra, destacando flequillo, es Andrés, un amigo. Me está contando unas películas que le gustan y que yo no conozco de nada. Yo le escucho con atención durante casi una hora y quedo fascinado con la historia del chico que ocupa el lugar de su padre en el pasado, del inventor que viaja en el tiempo con un coche y del futuro con aeropatines. Todo me gusta, aunque ni siquiera entiendo que es un almanaque. Pero no me quedo con el nombre de la saga y, como es lógico, a los dos días ya no le doy ninguna importancia a aquella historia.

Ese vuelvo a ser yo, tendré unos trece años y estoy ahí tirado en el sofá, gozando del sábado viendo tele sin criterio alguno. Una casa llena de relojes, un televisor que habla de no se qué plutonio y terroristas y, al rato, un chaval enchufando una guitarra. Pasa algo más de media hora y BUM. Esto lo conozco. Es aquella historia que me dejó ensimismado durante horas. La veo, por supuesto, y el efecto es el mismo. Los dos días siguientes echan la segunda y la tercera parte. Y la sonrisa idiota de la boca no me la quita nadie ni el vicioso hijo de Doc:

 

El resto son viajes temporales de todo tipo, ficciones de mayor y menor calidad y revisiones anuales de la trilogía entera. En algún momento de esa línea temporal decido que quiero dedicarme al cine, a escribir y todo eso tan complicado de conseguir. Y así hasta hoy, 21 de Octubre de 2015. Si me preguntas, te diré que lo hago porque me gusta, por vocación, porque vivo en las nubes… Pero la verdad, es que, si me dejaras elegir mi futuro ahora mismo, elegiría uno en el que un chaval le cuenta a otro una historia mía y, sin saberlo, la vida de uno de ellos cambia para siempre.

Así que sal a la calle y maravíllate con el presente futuro. Celebra que ha llegado el día que a varias generaciones hizo soñar y haz algo memorable. Aprende a tocar Johnny B. Goode, hazte una pizza en el microondas o, yo que sé, manda un fax. Que hoy solo es hoy. Al menos, de momento.

No me enrollo más, que he quedado en el parking del centro comercial para una cosa.

Gracias a Marty. Gracias a Doc. Gracias a Robert y a Bob. Y gracias a Andrés.

¡Salven el reloj de la torre!