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Todos, alguna vez, en algún momento de nuestra vida, hemos soñado con un viaje de carretera. Y si surge de manera espontánea, mucho mejor… Más real, auténtico y mucho más memorable. Quizás no todos sueñan con esa espontaneidad que florece en una tarde de verano mientras hablas con tus amigos, pero sí aquellos que guardan algún resto del romanticismo que, en pleno s.XXI, parece haberse esfumado. Los protagonistas de Los exiliados románticos reflejan justamente ese ideal, esas ganas de cumplir con una expectativa que surge de la nada. Y así lo hacen, y así lo muestra Jonás Trueba

La propia película desde un principio deja clara su intencionalidad y la naturalidad con la que se desarrolló la cinta, si el road movie se adapta justamente a este afán de cumplir con la realización de un ideal; el film también nace de esa misma pretensión. Esto nos deja con un proyecto que, en un principio, no tiene un ruta establecida aunque sí cuenta con unos personajes y una historia. Lo demás, va surgiendo a medida que avanza el viaje por carretera. Vito, Francesco y Luís son los tres amigos que deciden lanzarse a la aventura. Los tres reflejan la incertidumbre de una juventud que poco a poco va desapareciendo, los tres buscan en el viaje encontrarse a ellos mismos a través de alguna chica o un amor que ya pasó antes por sus vidas. Toman el viaje como una manera de enfrentarse a la realidad y sentir que están vivos. Será en ellas, en las mujeres, donde quizás logren encontrarse. 

Jonás Trueba usa, mayormente, planos fijos y panorámicas que se desplazan lentamente por el paisaje; una dirección que permite una visión más realista sobre la historia. Exceptuando alguna escena que puede llegar a sacar de contexto al espectador, por recurrir a una atmósfera más onírica y que no logramos ubicar en la historia. El guión en ciertos momentos puede resultar algo pedante y sobrecargado, por no centrarse sólo en un tema; sino en mostrar un poco de todo y no concretar en nada. Aunque al final puedes encontrar una conexión directa con el tema principal de la película, siempre recurriendo a esa juventud que se despide y a la carga de las responsabilidades. Los actores casi que parece que se interpretan a ellos mismos (incluso usan los mismos nombres) lo que no obstaculiza la película, sino que beneficia que exista cierta conexión entre ellos.

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La película está acompañada del grupo musical Tulsa, que combina con la cinta a la perfección; incluso la supera. Las letras de las canciones que aparecen y la propia melodía crean una ambientación que transmite mucho más que las características de los propios personajes.  Aún así, supone un aliciente importante para la película. Y  la cantante, Miren Iza, se suma al juego del tema principal de la película, logrando así una buena complexión entre la persecución de ese ideal que casi se ha esfumado. 

En general, como parece ser que también pasó con las dos otras obras de Jonás Trueba, es una película que diferenciará claramente a dos tipos de espectador. Y estará en las manos de cada uno saber en qué lado de la sala te quedas. Un proyecto que, superficialmente, no me disgusta; pero que irrita en algunos de sus diálogos haciendo notable alguna carencia que se echa de más. Salvable por esas escenas que te hacen sonreír y envidiar la capacidad de lanzarse al vacío, pero aún teniendo el mensaje claro, no llega a convencerme en su totalidad.

2.5_estrellas

Ficha técnica:

Título original: Los exiliados románticos Director: Jonás Trueba Guion: Jonás Trueba Música: Tulsa Fotografía: Santiago Racaj Reparto: Vito Sanz, Renata Antonante, Francesco Carril, Isabelle Stoffel, Luis E. Parés Distribuidora: Cine Binario Fecha de estreno: 11/09/2015