Hagamos un ejercicio histórico y también de compresión antes de proceder a hablar de la maravillosa escena que precede a estas líneas. Hace ya dieciséis años que llegó a los cines La amenaza fantasma. Desde entonces y hasta ahora, me he tenido que ver en la tesitura de defender a capa y espada esta nueva trilogía filmada por George Lucas. Bien, puedo entender a un grupo de sus detractores, gente carca que ya tenía montada la historia en su cabeza y que no pudo entender que Lucas les quisiese contar otra distinta. Quizá, porque cuando se estrenó La amenaza fantasma un servidor apenas contaba con doce años, y tan solo dos antes había descubierto el mundo de Star Wars en aquel agradecido y necesario reestreno en las salas de cine, pudo disfrutar de ella tal y fue concebida. Bien, puede que La amenaza fantasma fuera una de las entregas más flojas de la saga, puede que hubiera algunas incongruencias de conexión con la trilogía anterior y también es cierto que la presencia de Jar-Jar Binks era un argumento difícil de rebatir. Sin embargo, aquella película era tan pequeña que rescataba el alma de Una nueva esperanza y por si fuera poco nos regalaba de dos de las mejores escenas de toda la saga: la de la carrera de vainas y la lucha contra Darth Maul. Pero no, no vamos a hablar de ninguna de estas dos, aunque bien que podría hacerlo.

Tres años después se estrenó El ataque de los clones, aquello fue el acabose, los que iban esperando una película sobre las guerras Clon se toparon de bruces con un romance apasionado que jamás podían comprender en el universo de Star Wars. Aunque aquella novelesca historia, como ocurría con La amenaza fantasma, tampoco lograba alcanzar el nivel de las anteriores y hacía que Jar-Jar Binks no pareciese tan malo al lado de Hayden Christensen, a mí, a mis entonces púberes quince años, me cautivó por igual.

Pasaron otros tres años y allí estaba yo, con mi recién estrenada mayoría de edad, llegando a un camino que me acompañó durante toda mi adolescencia y que ponía punto y final. Aquello me entristecía, pero también me dejaba ojiplático en las repetidas ocasiones que fui a verla al cine. Aquella aventura, entonces sí, me parecía no solo que estaba al nivel de la trilogía original, sino que superaba a muchas de sus entregas y se podía tutear con El imperio contraataca y eso, obviamente, son palabras mayores. Todo esto, mientras que yo empezaba a comprender el mundo y observaba como aun después de ver esta película había gente que la criticaba, me hizo entender que aquellos no tenían solución y que tampoco se podía esperar mucho de un mundo que tiene por gobernantes a lores Sith. Sí, quería llegar hasta aquí antes de hablar de esta escena de La venganza de los Sith, y si la he elegido no ha sido por casualidad, es cierto que esta película también tiene escenas memorables, de hecho, toda la parte final con el montaje paralelo de las luchas de Palpatine y Yoda y, sobre todo, la de Anakin y Obi-Wan en Mustafar, deberían estar entre los anales de la historia del cine. Pero la que he elegido para mí es mucho más que eso, y de nuevo son palabras mayores, así que si alguno de esos fieles al Imperio me sigue leyendo aún, mejor que se tape los ojos antes de leer lo que voy a pronunciar: la escena que he elegido es para mí la mejor de toda la saga Star Wars.

Bien, a los pocos lectores que aún me sigan leyendo les voy a explicar los motivos. Quizá lo más complicado que tenía una película como La venganza de los Sith, era el hecho de que dentro de la nueva trilogía fuese la que sin duda tenía ya el camino más trazado de antemano. Aquí no había tanto lugar para desarrollar el camino como en las predecesoras, sino que estábamos ante una meta que conocíamos y en la que nos tenían que conquistar con lo mostrado. Quizá esto era lo más complicado. Porque puedes ir trazando como Anakin Skywalker va acercándose al lado oscuro de la forma que creas más conveniente, pero el espectador sabe que va a caer en una lucha contra Obi-Wan en Mustafar para convertirse en Darth Vader, y tienes que saber llegar hasta ahí. Uno de los momentos más esperados de la nueva película era el de la gran purga de los Jedi, ¿cómo incluiría Lucas esto en la película, cuando casi se podría concebir la propia purga como una sola película? Lucas hizo de esto un pasaje inevitable en el camino, pero al hacer de ello solo un pasaje y no el gran epicentro de la misma, también convertía en una tarea mucho más ardua y complicada el poder conseguir la trascendencia necesaria, y Lucas, que de contar historias sabe un rato, consiguió calar en el espectador con una de las escenas más emotivas de toda la saga.

¿Por qué esta escena funciona tan bien? Sencillo, sobre todo por cómo está contada, obviamente no podíamos ver caer aquí a ninguno de los Jedi más importantes, sabíamos que Yoda y Obi-Wan sobrevivían, y a Mace Windu le tenía reservado una escena más importante para el devenir de Anakin. Así que opto por empezar con el asesinato de dos Jedis que, aunque mucho menos populares como eran Ki-Adi Mundi y Aayla Secura, habían conseguido calar con su aspecto en el público. Las palabras de Palpatine (“The time has come. Execute Order 66”.), que se repiten varias veces a lo largo de la escena, resuenan con la fuerza de un disparo. La música, compuesta por el infalible John Williams, que acompaña estos asesinatos es realmente emotiva y propicia para el momento. Ver las muertes de Mundi y Secura, abatidos de forma cruel por los soldados que les flanqueaban precediendo al plano del bastón de Yoda cayendo al suelo ante el dolor de sentir su perdida, resulta demoledoramente devastador. Ese es el secreto de porque funciona esta escena, porque cuando llegamos a ver el pesar de Yoda, nosotros ya lo hemos sentido antes, si el orden de la misma hubiera sido cualquier otro, su efectividad no sería ni mucho menos tan redonda como termina siéndolo. Con todo esto montado, asistimos a una efectiva y sobrecogedora escena de acción, donde vemos caer a otros Jedis, algunos de forma tan sobrecogedora como la de Plo Koon, pero lo cierto es que la emotividad de esta parte llega al rebufo del principio de la escena, el propio Lucas lo sabe, y pese a la importancia que pueda tener como Yoda consigue escapar del ataque, procura ser breve para que este efecto no termine y llegar al final de la misma logrando el impacto necesario. Es aquí donde termina con un¡ broche de oro.

Vemos a Anakin llegar a una sala donde un grupo de jóvenes Padawans están escondidos. Uno de ellos, al verle, se acerca y le pregunta: “Master Skywalker, there’s too many of them, what are we gonna do?” Tras esto, vemos un maravilloso plano en el que el sable de Anakin ocupa toda la pantalla abriéndose delante del rostro perplejo de los muchachos. Después de este momento vemos a C3PO acercándose a Padme para decirle que Anakin ha vuelto al templo Jedi. Al igual que nosotros, Padme no ha visto nada, de hecho, ha visto aún menos que el espectador, pero esta información es suficiente para entender que el camino de su marido ha concluido y que ha llegado a un punto en el que ya no hay vuelta atrás.

Esta forma de unir al espectador con los protagonistas, tanto en el caso de Yoda como en el de Padme, es lo que acaban por hacer a esta escena sencillamente grandiosa. El dolor mostrado en pantalla resulta aún mayor incluso cuando el sentimiento del espectador acaba reflejado en los personajes de una forma similar, puesto que ellos están sufriendo por algo de lo que no son partícipes, y en este caso ni siquiera lo han llegado a ver como lo ha hecho un espectador que parece que es el que les está dando la terrible noticia a ambos personajes.

Así que vengan a mí los detractores, no me importa, George Lucas es un storyteller impresionante, que además ha dedicado toda su vida a contar una única historia, porque era una historia tan grande que sentía que antes que contar otras historias necesitaba ampliar su propia creación. Puede que haya espectadores que se sintieran engañados porque en su imaginación no sucedieron las cosas de la misma manera, lo siento por ellos, yo me siento agradecido por haber crecido al lado de este mundo tan fascinante y que tantos grandes momentos nos ha dado. A poco más de tres meses del esperado estreno de El despertar de la fuerza, solo podemos confiar en que J.J. Abrams consiga ser tan bueno como lo fue Lucas, desde luego que no será fácil.