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La caja de Pandora está abierta y ya no hay vuelta atrás. La siempre digna comedia española ha seguido una curiosa evolución –algunos hablarían de involución- que pegó el salto a hiperespacio el año pasado con Ocho apellidos vascos. De pronto, la receta secreta fue desvelada. Emilio Martínez-Lázaro cocinó una cinta que, al igual que todo, con sus más y sus menos, reventó la taquilla española. Sin alejarse del humor castizo, tomaba todo aquello ya testado en comedias como Primos, Tres Bodas de más o Que se mueran los feos y lo llevaba a un terreno conocido por todos. Vale que a lo mejor la reminiscencia se quedaba en el subconsciente y no pasaba de ahí, pero, leñe, no es la primera vez que pasamos por ese árbol. Porque al fin y al cabo la comedia, tanto nacional como internacional, es como un niño perdido en n bosque, sin mapa, y andando en círculos. Pero que tampoco se da cuenta de que ya ha pasado por ahí, y si se da cuenta, le importa bien poco. Bueno, que me lío. Lo que quería decir es que se inyectó a la comedia española un toque comercial como no se había visto hasta el momento. Un plus de americanada (o inglesada, según se mire) que, sutilmente, envolvía toda la película. No sé si el tema de la crisis y la tristeza y las teorías conspiranoicas de que hay aviones del gobierno que tiran unos gases para que estemos bajos de ánimos tuvieron algo que ver. Pero lo que quedó claro fue que la era de la Rom-Com española había empezado. Y había que prepararse para la invasión.

Con la secuela de Ocho apellidos vascos en el horizonte, María Ripoll parece haber querido rellenar el espacio y pillar también un huevo dorado de esa exultante gallina cinematográfica. No hacía falta mucho: Dani Rovira como cabeza de cartel, con una nueva acompañante de buen ver (María Valverde) y un elenco de secundarios “cachondos” como sólido colchón cómico (Joaquín Núñez, Jordi Sánchez, Yolanda Ramos…). Atención al guiño de que Clara Lago, en lugar de aparecer como una más, es precedida con la coletilla “con la colaboración especial de”. Sutil ¿eh? Tanto como una manada de ñus pasando por un templo budista. La cosa es que, una vez más, nos vamos de boda. Sólo que esta vez es en la campiña inglesa y la gracia está en ver cómo se ponen a prueba las leyes de Murphy escena tras escena. Todas las dificultades habidas y por haber hacen cola para interponerse en la perfectísima boda Disney que Eva y Alex llevan tanto tiempo esperando. ¿Conseguirán superar todos los obstáculos para cumplir su sueño? ¿Hará falta recorrer medio mundo para que los amados se reencuentren? ¿El amor conseguirá vencer porque es lo más poderoso del universo? Y, lo más importante ¿es necesario que conteste a alguna de esas preguntas?

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Con esto no quiero decir que la película sea una mala opción de verano, de hecho resulta ser todo lo contrario, pero sí que sirve como una muestra perfecta de que el cliché americano se ha instalado definitivamente en el cine comercial español. Y funciona, qué demonios. No deja de ser lo que ya hicieron otros, pero ahora se hace a nuestra manera. El toque nacional es inconfundible y, ya sea por los actores, por los gags bien traídos (con un humor más suave de lo que estamos acostumbrados, cosa que se agradece), o por la cercanía extra de sentirnos parte de eso que estamos viendo, te ríes, disfrutas y pasas un buen rato. No deja de ser una rémora del enorme tiburón que fue Ocho apellidos vascos pero es honesta con lo que busca, que es entretener a un público universal, contar una historia canónica y, si por casualidad nunca has visto una escena de esas romanticonas de aeropuerto, incluso emocionar un poquito.

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Ficha técnica:

Título original: Ahora o nunca Director: María Ripoll Guión: Jorge Lara, Francisco Roncal Fotografía: Pau Esteve Birba Reparto: Dani Rovira, María Valverde, Clara Lago, Alicia Rubio, Marcel Borràs, Jordi Sánchez, Víctor Sevilla, Yolanda Ramos, García Olayo, Melody, Carlos Cuevas, Joaquín Núñez, Anna Gras Distribuidora:  Sony Pictures Fecha de estreno: 19/06/2015