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No soy una gran entusiasta del cine de Isabel Coixet, tampoco he seguido su filmografía metódicamente; me he topado con Mi vida sin mí y a La vida secreta de las palabras, ambas bastante notables pero no más que eso. A parte de estas dos no he visto nada más de la directora, y no sé si me estoy perdiendo grandes películas o evitando intentos fallidos. Es cierto que ambas películas se unen por la firma de Coixet no sólo nominal sino “espiritual”, al remitirnos al cine de Coixet es muy fácil identificarlo con un tipo de cine, así como una cercanía narrativa -presente en ambas películas- y un constante drama que, a veces, se presenta con algún exceso. Y esto suele ser aquello que se le reprocha a la directora, su inevitable tendencia a la sobrecarga dramática. Pero esto no es lo que encontramos en Aprendiendo a conducir. Esta vez, Coixet se aleja un poco del drama para introducirse en una comedia, eso sí, con algunos toques dramáticos. Quizás la cinta queda tan fuera de su cine -en mayor o menor medida- porque es Sarah Kernochan quien se encarga del guión, y no ella.

Aprendiendo a conducir es otra película de segundas oportunidades. No unas segundas oportunidades vinculadas a una vida amorosa, sino a uno mismo. Patricia Clarke  interpreta a Wendy, una cuarentona que tras un divorcio inesperado debe reconstruir su vida. Así que -por necesidad- encuentra como excusa realizarse aprendiendo a conducir. En las clases de prácticas es donde la vida de Wendy se entrelaza con la de Darwan (Ben Kingsley), y es a partir de la relación que se forma entre ambos que la película toma su forma. Que, no teniendo nada en común, acaban encontrando un lugar en el que sentirse cómodos y apoyados. Realmente no hace falta sinopsis, con el título y el póster ya se puede intuir qué tipo de película es. La película, de por sí, se presenta bastante simple; y la verdad, tampoco esperas mucho más de ella. La historia vuelve a ser un reflejo de algo que ya hemos visto millones de veces, pero contado desde un punto de vista diferente; que, bien podría ser una perspectiva relevante y novedosa, pero no lo es. Se encierra en todos los tópicos y en todas las pseudo-enseñanzas moralizadoras que pretenden dar un canto a la vida.

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Coixet es la encargada del trabajo tras las cámaras, no sé si es porque no logra identificarse con el guión y la historia de la película o porque no está cómoda con el territorio de un enfoque más cómico; pero el film sufre la autoconsciencia de su mediocridad. La supuesta conexión entre director-cámara que debería ser condición necesaria, no se plasma; y eso, como no, entorpece en que las imágenes se trasladen como un relato creíble y con el que se pueda “conectar” de alguna manera. No es por la edad, no es porque aún no esté en esa etapa de mi vida y no comprenda a los personajes. Ingenuamente podría pensar que ahí está el problema, pero no; no lo está. Lo que falla es la construcción de unos buenos personajes, no consiguen definirse y eso complica que se pueda empatizar con ellos; con las típicas características de cuarentona en crisis y bonachón, pero repetitivos y escasos en su desarrollo. Parte de culpa también lo tiene Sarah Kernochan establece una construcción de una historia en la que, sí se cumplen todas las etapas de un guión convencional pero no corre ningún tipo de riesgo (por mínimo que sea) y por eso mismo, todos los pronósticos se convertirán en ciertos; y eso no molesta si en el recorrido encuentras algún tipo de cambio, pero si el desarrollo ha sido un gran “bueeeno…”; al terminar la película no te queda nada.

Las actuaciones están bastante a la altura de la película, no porque los dos actores principales sean mediocres -que no lo son-, de hecho aún guardas algo de simpatía con la película gracias a ellos. Pero la forma en la que se enfoca la cinta hacia las características de sus personajes desmerecen su trabajo. En algún momento resultan contradictorios y su perfil tambalea a costa de la discordancia entre guión y directora; las pretensiones en algunos casos no son la misma, lo que influye en la prestación de limitaciones a un nivel más general.

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Si mayormente las películas de Coixet suelen generar una división en el público en el que no hay un punto medio, ésta es ese punto medio que deja totalmente indiferente. Es algo que se intuye desde que empieza la película… Oh, aquí está… Va ser esa de otras películas -piensas-. Y sí, lo es. Es otra película del montón, de esas que luego revisas votos en FilmAffinity y te preguntas, ¿cuándo vi yo esto?

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Ficha técnica:

Título original: Learning to Drive Director: Isabel Coixet Guión: Sarah Kernochan Fotografía: Manel Ruiz Reparto: Ben Kingsley, Patricia Clarkson, Grace Gummer, Sarita Choudhury, Jake Weber,Samantha Bee, Daniela Lavender, Matt Salinger, Michael Mantell Distribuidora: A Contracorriente Films Fecha de estreno: 03/07/2015