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En un mundo donde tenemos más de mil metrajes de superhéroes – podríamos morir con las clasificaciones: ya sea en cortos (como el tanteo del terreno de Joss Whedon, Dr. Horrible’s Sing-Along Blog), largos (como las infinitas adaptaciones de Marvel y DC) y su prolongación en las series (desde El espectacular Spider-Man hasta los Marvel, Agentes de S.H.I.E.L.D.), ya sean de animación (Los Increíbles), para adultos (Watchmen) o para niños (Las Supernenas), y un larguísimo etcétera –, cuya semilla se encuentra en las viñetas de los años 40 y cuyos universos propios se expanden en proyectos con fechas ya establecidas hasta (por lo menos) el año 2020, no nos queda otra: tenemos que reconocer que estamos invadidos. Las tramas se entretejen tanto que los personajes necesitan primero explicar sus propias historias para después darse el encontronazo con las de otros, y la envergadura de sus universos es tal que siguen triunfando con secuelas, precuelas y trilogías cuando se trata de personajes complicados, spin-off cuando se ha comprobado que el secundario ya custodia una legión de fans, y reboots cuando existen autores que son capaces de transformar por completo la historia de un mismo superhéroe.

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Pero, ¿por qué estoy contando todo esto? Porque, primero, no soy lectora asidua de cómics y, sin embargo, disfruto como una niña pequeña con las historias que veo en la pantalla; y, segundo, porque, aunque pertenezcan a la casa Marvel y obviamente al universo de los superhéroes, nunca he considerado a los personajes de las películas (recalco, películas) de X-Men como superhéroes al uso. O al menos después de X-Men (2000), X-Men 2 (2003) y X-Men: la decisión final (2006) (nótese que le hago un paréntesis a X-Men orígenes: Lobezno (2009)) me quedó bastante claro que no salvan a una ciudad o a personas en concreto de un peligro, sino que todo es una lucha constante por un simple hecho científico con el que muchos quizá sueñan (soñamos) que pudiera suceder en nuestro mundo real: ¿qué pasaría si existieran seres humanos con poderes? Y es esa base de la ciencia, la mutación genética (llevada a dimensiones mayores a las que se lleva en personajes como Spider-Man o Capitán América), la que hace que el mundo de los X-Men se aleje un poco de la fantasía y se acerque más a la ciencia-ficción. Esto se refuerza con el planteamiento de historias que no se desarrollan en los límites de un pueblo, una ciudad, o un país (algo de lo que han tomado ejemplo algunos de los últimos blockbusters, si nos fijamos bien), aunque es cierto que siguen manteniendo sus raíces en Estados Unidos, pero esto se lo debemos irremediablemente a los cómics. Y son estas razones las que plantan la base de que, para mí, X-Men: Primera Generación sea especial. Después de dos películas con Bryan Singer y la tercera entrega con Brett Ratner, ahora sabemos que Matthew Vaughn (Stardust, Kick-Ass, Kingsman) se quedaría en la silla del director solo para esta ocasión, pues la historia de esta trilogía que hace las veces de precuela es continuada por Singer. Y ahora es cuando me atrevo a decir que disfruté más con la segunda parte, X-Men: Días del futuro pasado, pero siendo del mismo director que la trilogía inicial he de decir que Vaughn dejó huella y se merece un aplauso por haberle dado una vuelta de tuerca al arco de transformación de los personajes, al estilo, a la estética y al ritmo del universo cinematográfico de los X-Men. Un universo que pareció decaer con el intento de hacer un spin-off contando los orígenes de Lobezno (uno de los personajes más importantes y queridos), a la par que Paramount y Sony (ahora sin voz ni voto con la compra de los derechos por Disney) hacían más taquilla con otros superhéroes de la misma madre.

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Solo puedo decir que con un reparto principal que no podría haber dado más en el clavo, ojalá éste hubiera sido el que algún día tuviera la posibilidad de aparecer en la misma pantalla – como ya se ha conseguido que haga mi araña favorita – que los Vengadores, porque en ese hipotético caso hubiera sido realmente cojonudo. Y no sé cómo, con el punto de inflexión que marcó X-Men: Primera Generación – con la que 20th Century Fox dijo “joder, pues parece que podemos hacerlo muy bien”, y ahora está rectificando parece que sabiamente con Los cuatro fantásticos –, hoy día aún no está ocurriendo. Yo, desde 2011, desde que me enamoré de los jóvenes Magneto y Mística comprendiendo su razón de lucha, exijo que ocurra.