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Como buen cinéfilo, me encanta ese subgénero que podría denominarse como “metacine”, o directamente cine dentro de cine, a través del cual muchos cineastas han ofreciendo su propio retrato de los entresijos del séptimo arte, ya sea en Hollywood o en cualquier otro lugar;  desde la oscura y subversiva Mulholland Drive de David Lynch, hasta la preciosa Cinema Paradiso de Giuseppe Tornatore, pasando por supuesto por la fantástica serie de la HBO, El séquito.

Así pues, el irregular pero siempre interesante David Cronenberg se dispone con Maps to the stars a examinar sin piedad esa desquiciada y decadente farándula que se mueve tras las colinas de Hollywood. Para ello se sirve de un puñado de turbios personajes, cada cual más sociópata y amoral que el anterior, cuyas historias se van entrecruzando inevitablemente conforme avanza el metraje, dando pie a un satírico collage de momentos  que realmente consiguen incomodar al espectador al mostrar sin pudor hasta qué punto puede alguien obsesionarse con el éxito y la fama.

Tanto Cronenberg como su guionista, Bruce Wagner, aciertan a la hora de describir a sus personajes y colarlos en ese mundo tan frenético y nihilista por el que se mueve Maps to the stars, y me interesa mucho el modo en el que se van intercalando las historias, a través de situaciones y diálogos que funcionan casi siempre y a distintos niveles, desde la situación más surrealista e hilarante hasta las salidas de tono más clásicas del cine de Cronenberg, dando como resultado una quimera realmente salvaje e impredecible cuya capacidad de sorpresa parece no agotarse. El problema es precisamente ese, que en el tercer acto se desinfla estrepitosamente, abandonando esa fascinante radiografía del estrellato para sumirse en un drama de personajes convencional y torpe, que acaba dejando con un sabor de boca inevitablemente agridulce.

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Dicho de otro modo, esta última obra del cineasta canadiense da en el clavo al esbozar con brocha gruesa el panorama y la atmósfera, así como el modo en que desarrolla las distintas historias, pero entiendo que fracasa por no saber llevar ese planteamiento hasta las últimas consecuencias, apostando por una recta final facilona, que hace que la película parezca peor de lo que realmente es.

Sin embargo, lo mejor de Maps to the stars es sin duda Julianne Moore, una actriz que demuestra una vez más que con su sola presencia consigue no sólo comerse la pantalla, sino elevar de paso la película entera cada vez que aparece. Resulta doblemente meritorio lo que consigue hacer Moore con un personaje cuya trama promete mucho en un principio pero que acaba sirviendo de mero apoyo al de Mia Wasikowska. Por alusiones, quiero hablar de esta joven actriz que me ha tenido ilusionado durante muchos años (ahí están Stoker o Jane Eyre) como esa promesa de “algo más”, pero llevo un par de años en los que la encuentro encasillándose en ese rol de “chica-problemática-con-traumas” y empiezo a preocuparme. Poco más que decir de un reparto, por lo demás, discreto.

Creo que lo menos que se puede decir de Maps to the stars es que se trata de una propuesta valiente y estimulante que, para bien o para mal, no dejará indiferente a nadie. Bien es cierto que no es de las mejores películas de Cronenberg, y que acaba siendo incoherente respecto a su planteamiento inicial, pero en este caso (al contrario que con Cosmópolis) prefiero quedarme con todo lo bueno que tiene para ofrecer, que no es poco. 

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Ficha técnica:

Título original: Maps to the Stars Director: David Cronenberg Guión: Bruce Wagner Música: Howard Shore Fotografía: Peter Suschitzky Reparto: Julianne Moore, Mia Wasikowska, Robert Pattinson, John Cusack, Olivia Williams, Carrie Fisher, Evan Bird, Sarah Gadon, Emilia McCarthy, Jayne Heitmeyer, Justin Kelly Distribuidora: Vértigo Fecha de estreno: 06/03/2015