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La profundidad de la huella que Amelie dejó en el cine francés es enorme. Una curiosa forma de narrar que se ha podido ver como inspiración en múltiples películas dentro y fuera de Francia; el color y el preciosismo y esa descriptiva voz en off también han sido fuente de inspiración para contar historias aquí y allá. También es cierto que toda fuente de inspiración resulta más evidente para aquel que ve la película que para aquel que la construye, pues toma como algo suyo la propia inspiración al plasmarla en su obra.

Un poco de todo esto se puede ver en Dos otoños, tres inviernos, la nueva película de Sebastien Betdeber, director bastante desconocido fuera de su país que ha dirigido en su mayoría cortometrajes y algún largo como Nuage. En este último trabajo se adivinan unas influencias claras pero a la vez relativamente atenuadas de Amelie; narrada con tres voces en off, una para cada personaje principal (aunque alguno es más principal que otro), desarrolla una historia en la que un joven hastiado de la vida (Vincent Macaigne) se enamora en un parque de una mujer (Maud Wyler) y como es de esperar un sinfín de casualidades ocurren. Completa el reparto Bastien Bouillon, amigo del alma del protagonista que tiene un papel sorprendentemente importante.

Es sorprendente porque el mayor defecto de Dos otoños, tres inviernos es no tener muy claro como contar y qué contar de la historia de amor (o la historia vital) de los protagonistas. Así lo que en un principio parece cosa de dos se transforma en un menage à trois donde el personaje de Bastien Bouillon cobra capital importancia en forma de minutos de metraje y hace divergir la trama de forma que ésta no es ya una historia de amor al uso sino algo mucho mayor pero mucho menos profundo de lo que quizá debería. La película consigue cierta magia en una primera parte brillante pero no se lleva del todo bien en la segunda y se vuelve algo rutinaria y dispersa.

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Esta historia está narrada al completo con una sucesión casi infinita de capítulos extremadamente cortos alternados con la narración en off de los protagonistas que incluso a veces se dirigen a la cámara (de la misma forma que en los reality de televisión) y cuentan lo que ocurrirá o las consecuencias de las escenas posteriores. Esta narración tan particular, que de nuevo remite a la obra de Jeunet es, aun así, suficientemente original como para que la extrapolación entre una y otra no sea obvia y suponga un gran aliciente para ver la película. No es nada convencional en su forma y, aunque ni su intención es hacer reír a carcajadas ni tiene habilidad para ello, sí que consigue sacar bastantes sonrisas gracias al talento de los actores y las conversaciones que tienen.

Destacar también otro apartado importante de la película: la música. Una multitud de variados temas, desde Fleet Foxes a Bertrand Betsch, dotan de una atmósfera melancólica (y optimista) a toda la película. Mucha canción francesa y mucha guitarra acústica para ayudar a convertir lo rutinario en algo diferente.

Con todo esto Dos otoños, tres inviernos resalta por encima de la media. En un año de cine francés tan justito (aunque la película es de 2013 pero llega a nuestros cines ahora) esta pequeña rareza que realmente es menos original de lo que aparenta sí que consigue reunir suficientes virtudes para que no pase desapercibida por la cartelera.

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Ficha técnica:

Título original: 2 automnes 3 hivers Director: Sébastien Betbeder Guión: Sébastien Betbeder Música: Bertrand Betsch Fotografía: Sylvain Verdet Reparto: Vincent Macaigne, Maud Wyler, Bastien Bouillon, Audrey Bastien, Thomas Blanchard, Pauline Etienne, Jean-Quentin Châtelain, Olivier Chantreau Distribuidora: CineBinario Films Fecha de estreno: 13/03/2015