2434_D012_00213_R_CROP

Vivimos en la sociedad del hateo, si bien las redes sociales han impulsado que cada fenómeno fan sea mucho más escuchado, también ha conseguido el efecto contrario, que estos sean rápidamente mucho más odiados, de manera sistemática y en ocasiones, también injustificado. Sin interesarme demasiado por estos fenómenos, no tengo problemas en defenderlos cuando la ocasión se precie, de este modo, no tengo ningún problema en reconocer que algunas entregas de la saga Crepúsculo, son un entretenimiento absolutamente vacuo, pero innegablemente eficaces (algunas, no todas, ahí está la tercera entrega de la saga, Eclipse, como el paradigmático caso de realizar una película que no versa sobre nada). Me acercaba con bastante recelo a la adaptación cinematográfica de Cincuenta sombras de Grey, si bien, como ocurre en todos estos casos, es fácil pensar que el odio hacia ella es infundado (la mayoría de los comentarios vertidos están realizados, al fin y al cabo, por personas que ni siquiera se han acercado al material de origen), lo que conocía de su argumento no hacía más que recordarme a una versión actualizada de la ya de por sí bastante rancia Nueve semanas y media. Una vez visto el resultado, uno desearía que al menos esta horterada cursi tuviera el gusto por lo obsceno de la película de Adrian Lyne.

Porque podríamos pensar que lo que cuenta Cincuenta sombras de Grey hubiera tenido fuerza suficiente para contar una historia con un punto kitsch, sobrada de humor negro. Veamos un resumen simplista como el mejor ejemplo de lo que es la película: Chico apuesto conoce a chica algo mojigata. Chico hace que chica moje las bragas, pero no se acerca a ella. Chico la lleva a su lujosa mansión y la enseña su cuarto de juguetes eróticos. Chica confiesa que es virgen. Chico se la folla (él insiste en que no hace el amor, solo folla). Chico le propone un contrato para que ella le llame señor y amor, la azote y deje que la cuelgue del techo. Chica no quiere ser colgada del techo. Chico la propone a cambio llevarla a cenar todas las semanas. Ante esa oferta chica acepta. Follan. Se odian. Follan y se azotan. Se vuelven a odiar. Si me apuran, por lo ridículo que resulta todo, podríamos estar hablando de un material realmente divertido si se hubiera sabido trabajar en el tono apropiado. Pero no, éste no es el caso, y es que es inevitable quedarse atónito contemplando como una película como ésta puede llegar a resultar tan sumamente cursi.

2434_D015_00152R

El caso, y lo que me llega a resultar verdaderamente preocupante, más incluso del fenómeno Cincuentas de sombras de Grey que de la propia película, es su preocupante misoginia. No he leído el libro, pero dada la imperante necesidad que tienen las adaptaciones literarias de best-sellers juveniles de adaptar al dedillo la obra en la que se basa, intuyo con facilidad que este mensaje se halla en la novela de la misma forma que lo hace en la película. Es cierto que estamos acostumbrados a ver cierto machismo en este tipo de relatos, algo que se debería erradicar por completo, pero aún quedan pequeños resquicios como podría ser incluso la propia Crepúsculo o sin irnos tan lejos, en la propia España con el caso de Tres metros sobre el cielo, dónde los cimientos de la relación también se sientan sobre la humillación a la mujer, pero por supuesto, ni aún así, esto se produce a niveles tan elevados como ocurre en Cincuenta sombras de Grey. Estamos ante una película cuyo censurable y medieval mensaje es el de que la mujer debe ponerse al servicio y respeto del hombre, a cambio de que éste le dé una felicidad materialista y un cariño artificiosamente comprado. En definitivas cuentas, la entrega a la vejación completa a cambio de un poco de cariño. No me parece tolerable que una obra se permita lanzar estas misivas en una sociedad a la que (en ocasiones) la considero tan avanzada. Y no puedo dejar de pensar que una mujer que ve reflejada en esto un sueño erótico es aquella que no guarda ningún respeto por sí misma.

Obviamente, un mensaje como éste es motivo más que suficiente para sentir un rechazo sistemático hacia la película. Pero por desgracia, aunque éste sea el más grave, no es el único motivo para criticar a una película cuyo valor cinematográfico es completamente nulo. Más allá incluso de la terrible decisión de casting, con un Jamie Dornan que no sabemos nunca dónde tiene la cabeza, y unos protagonistas que tienen menos química que el café y la sal, es difícil que una película que se centra únicamente en la relación de ésta pareja pueda ir a más. Pero la jugada no se queda ahí, las continuas metáforas, jamás sutiles, siempre hipersubrayadas, rozan el absurdo. Pero quizá donde la película se pierde del todo es en el que debería haber sido su punto fuerte: las escenas del sexo. Éstas intentas ser transgresoras, pero son terriblemente light, están filmadas con un infame tono videoclipero y la ya mentada nula química de sus protagonistas hace que todo roce el mayor de los esperpentos.

2434_D030_00011_R_CROP

Esta vez, el mentado hateo es justificado, y es que éste ya no va en relación a la calidad (nula) de la obra, sino que estamos ante un material que me resulta realmente bochornoso. Un juego depravado que sale de la mente de una persona enferma sin ningún amor hacia su persona, y cuyo éxito no hace más que masificar a una sociedad que se encuentra demasiado lejos de estar en sus cabales. Al fin y al cabo, lo que hace Cincuenta sombras de Grey no es más que evidenciar la fina línea que se encuentra entre el amor y la humillación, y pensar que la humillación es el amor, no hace más que alejarnos de una sociedad en la que los problemas de género se encuentren completamente solucionados.

0_estrella

Ficha técnica:

Título original: Fifty Shades of Grey Director: Sam Taylor-Johnson Guión: Kelly Marcel Música: Danny Elfman Fotografía: Seamus McGarvey Reparto: Dakota Johnson, Jamie Dornan, Max Martini, Eloise Mumford, Luke Grimes, Marcia Gay Harden, Jennifer Ehle, Rita Ora Distribuidora: Universal Fecha de estreno: 13/02/2015