Desde hace quince años la noche de los Oscar viene siendo como un ritual, no hay año que falte a la cita, primero en el mes del marzo y desde hace unos años en febrero. En estos quince años, jamás había presenciado una velada como la que vamos a vivir esta noche. La retahíla de premios previos suele dejar claro que película va a vencer, pero este año no es así. Birdman ha ganado los premios de los gremios, pero sigue sin ser favorita. Boyhood ha ganado el Globo de Oro y el BAFTA, pero sigue sin ser favorita. Para seguir con las dudas, anoche Birdman ganaba el Independent Spirit Award y Boyhood se hacía con el premio al Mejor director. ¿Qué pasará esta noche? Está todo tan abierto entre estas dos películas que cualquier cosa podría pasar, lo que hace la gala mucho más divertido. Pero hay que tener en cuenta otros factores que pueden hacer la gala aún más emocionante. El que estas dos películas dividan tanto el voto dejaría un lugar para inesperadas sorpresas, ¿se imaginan que los académicos decidieran apoyar el olvido de Selma? ¿o qué decidieran premiar el éxito de El francotirador?. Los Oscar siempre nos apasionan, nos divierten, aunque sepamos quién va a ganar, así que no se me ocurre una situación más divertida que la de este año, que seguramente, gane quien gane, será una gala inolvidable. En esta ocasión no haré yo el análisis, sino que se lo dejo a mis compañeros, cada uno hablará de una de las 8 películas nominadas. Que empiece la fiesta de los Oscar.

Boyhood de Richard Linklater

Boyhood

Yo he venido aquí a meterme con Boyhood. Pero no mucho porque honestamente creo que se trata de una película muy interesante y estimable con la que no quiero meterme. Una película muy estimable sobre la cual pesará siempre la sospecha de que la idea que la sustenta (lo del rodaje espaciado a lo largo de doce años para aprovechar el paso del tiempo “real” en los actores y por tanto en los personajes) es más brillante que la película en sí. Como Boyhood no cuenta nada del otro mundo, y su propio director así lo admite no sin orgullo, la película se ve sin sobresalto, que es como decir con tiempo (no doce años, pero casi) para pensar. Para pensar, por ejemplo, si no me valdría a mí con saber que esta idea tan admirable se ha llevado a cabo para aplaudirla sin reservas.

Me puedo equivocar, pero creo que Boyhood no ganará el Óscar a la Mejor película. También creo que esto no supondrá ninguna desgracia insondable. La película de Linklater tendría más opciones si su retrato de una familia media americana a lo largo de los años fuese más ácido. A Hollywood le encanta aparentar mordacidad cuando lidia con el American way of life (de ahí el éxito de la también algo sobrevalorada American beauty), y sin embargo aquí nos encontramos con un perfil generalmente amable. Los tramos más sórdidos de la película (por ejemplo los relativos a los malos tratos que sufre el personaje excelentemente interpretado por Patricia Arquette) son resueltos con pudorosas elipsis. Lo cual me parece perfecto (de hecho, esa sutileza en el tratamiento de ese y otros temas me parece uno de los grandes valores de la película), pero dudo mucho que a Hollywood se lo parezca tanto. Yo soy muy de Hollywood, pero hay que reconocer que la sutileza, el pudor, no entran en el ámbito de sus virtudes más características, por lo que no tiende a premiarlas.

Por Jesús Bengoechea

Birdman de Alejandro G. Iñárritu

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Tras la aplaudida victoria de Alfonso Cuarón con Gravity en la pasada entrega de los Oscars, este año le ha tomado el relevo su paisano Alejandro G. Iñárritu, un tipo muy querido por la Academia (todas sus películas han sido nominadas al Oscar) pero que no acababa de dar con la tecla sin su guionista fetiche Guillermo Arriaga, lo cual se pudo apreciar en la floja Biutiful. Sin embargo, este año ha sorprendido a propios y extraños con Birdman, un peliculón escrito a cuatro manos (incluyendo al propio Iñarritu) que monta y desmonta continuamente esa fascinante dualidad cine-teatro, con un humor negrísimo que no deja títere con cabeza, y a través de un reparto coral en estado de gracia. Birdman sin duda es una propuesta intensa, extrovertida, y muy desagradable con la industria; pero a pesar de todo ello, el film protagonizado por Michael Keaton ha gustado mucho, y tras vencer en los tres gremios principales (SAG, DGA y PGA) ha conseguido consolidarse como la gran contendiente a batir por la “todopoderosa” Boyhood, planteando la carrera hacia el Oscar más reñida y emocionante que recuerdo. Mi voto desde luego va para México, otro año más.

Por Daniel Cruz

El francotirador de Clint Eastwood

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La Academia parece no aprender de uno de sus mayores errores, que año tras año comete: las nominaciones por compensación. Un dinosaurio del cine como Clint Eastwood tuvo que ver cómo sus dos últimas grandes películas eran increíblemente ninguneadas por parte de la Academia en los últimos años. Hablamos, claro está, de Gran Torino y J. Edgar. Ninguna de las dos obtuvo reconocimiento alguno por parte de los señores y señoras encargados de premiar los Oscar. La Academia ha debido ver su enorme fallo por esas dos notables obras de Eastwood y ha decidido incluirla entre las 8 nominadas para llevarse la estatuilla de Mejor película, sumado al hecho de que El francotirador es una de esas películas biográficas que tanto gustan en América. La nominación parece lógica, pese a que la gran mayoría nos sorprendimos bastante cuando conocimos que la última cinta de Eastwood estaría entre las nominadas.

El francotirador está lejos de ser una película notable, y desde luego no será recordada como una de las mejores obras de Clint Eastwood, pero es ante todo una cinta bastante correcta. La historia del marine Chris Kyle viene de firmar el mejor estreno jamás realizado en un mes de enero en Estados Unidos y de ser la película bélica más taquillera de la historia, un auténtico pelotazo en las taquillas norteamericanas. No es de extrañar, pues si algo tiene la película es un excesivo patriotismo que ha sido foco de muchas críticas.

El francotirador atesora 6 nominaciones de las cuales no parece que vaya a rascar ningún premio la madrugada del domingo al lunes. El premio de Mejor película se antoja imposible estando Boyhood y Birdman en la lucha, así como Bradley Cooper (en uno de sus mejores trabajos, por cierto) parece que se irá sin la estatuilla dorada por tercer año consecutivo. Tampoco el de guion adaptado parece un premio factible para El francotirador, sólo en las categorías técnicas quizás podría tener opciones, pero probablemente la última película de Eastwood se irá con las manos vacías.

Por Sergio Moreno

El gran hotel Budapest de Wes Anderson

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El gran hotel Budapest se erige en la filmografía de Anderson como la destilación definitiva de su particular estilo. Pero hay más. Entre los pasteles perfectos, los planos simétricos, la estructura detalladamente compartimentada y el ritmo frenético se esconden unos temas absolutamente devastadores. La terrible nostalgia que siente Gustav, la importancia de los modales y la decencia ante un mundo en guerra y la avaricia por herencias familiares. En este trabajo Ralph Fiennes ejecuta las líneas de diálogo de forma tan perfecta que no te puedes imaginar la película con otro actor con ese timing cómico tan brillante. Y no está nominado. Los Oscars y sus cosas. Además Anderson consigue recordarnos lo genial que puede llegar a ser Adrien Brody, lo divertidamente terrorífico que es Willem Dafoe y nos descubre a Tony Revolori.

Probablemente El gran hotel Budapest se acabe yendo de vacío este domingo pero la hazaña ya la logró el año pasado: dibujar durante 100 minutos sonrisas por todo el mundo con encantadoras persecuciones en la nieve y  provocar carcajadas al ver un gato muerto.

Por Pablo Ollero

The Imitation Game (Descifrando Enigma) de Morten Tyldum

THE IMITATION GAME

A este artículo hemos venido a valorar las posibilidades REALES que tiene cada una de las nominadas de alzarse con el máximo galardón el próximo domingo, así que seré breve. ¿Cuántas posibilidades tiene The Imitation Game de ganar el Oscar a Mejor película? Ninguna. No seré yo la persona que más lo sienta porque aún habiéndome parecido una buena película es evidente que no tiene nada que hacer ante gigantes como Birdman o Boyhood, las claras favoritas de la noche. Reconozco ser de esas pocas personas que aún siendo consciente de todos los errores en los que incurre la cinta de Morten Tyldum no se ha escandalizado con el resultado. Porque sí, The Imitation Game no es fiel a la realidad (aunque me pregunto qué más dará si no es un documental sobre Alan Turing sino una cinta de ficción que, por ende, puede tomarse todas las licencias que quiera…) y trata mal muchos asuntos importantes: la homosexualidad, la historia de amor, el cambio de conducta que se dio en Turing una vez finalizada la guerra… Pero más allá de todo eso, que al fin y al cabo no deja de ser un fallo de enfoque (importante, eso sí), The Imitation Game es una cinta realmente entretenida, que refleja muy bien la obsesión y la soledad que, con toda probabilidad, debió sentir Turing en aquellos devastadores años y que, ante todo, sabe sacar el máximo provecho de su inmenso actor protagonista, Benedict Cumberbatch, que asumió como propia la pequeña tartamudez que sufría el matemático en la vida real, dotando de mayor verosimilitud su interpretación, y que sabe reflejar con destreza la fragilidad de su personaje.

Esta es junto con La teoría del todo, la apuesta más convencional de los Oscar de este año, y aunque este hecho puede jugar a favor de las propias películas en algunos casos, dudo mucho que ocurra con The Imitation Game. Así que no sufran, si no les ha dado tiempo a verla tengan por seguro que no se van a perder la película ganadora, y si la han visto, con suerte muchos de ustedes considerarán aprovechados sus 114 minutos, porque el entretenimiento que plantea Tyldum en este trabajo no es sólo muy sano sino también, por su condición de biopic sobre una personalidad tan vilipendiada a lo largo de la historia, necesario. 

Por Beatriz Bravo

Selma de Ava DuVernay

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Selma es algo así como la gran historia de los Oscars de este año, pero al revés. En lugar de ser la pequeña película que pudo se ha convertido en casi un fiasco, la campaña para el Oscar más fallida que se recuerda. Selma es la película americana no documental con mejores críticas del año en EE.UU. después de Boyhood, al menos según Metacritic.com. Además, es de las pocas de las nominadas de este año que está producida y distribuida por una major (Paramount), en un mar de cine independiente. Es, de entre las candidatas, la que trata el tema más importante para los americanos: Martin Luther King y su lucha pacífica contra el racismo. Lo tenía todo para ser la favorita, y se ha quedado con dos nominaciones que parecen casi de compromiso; ¿la culpa? Probablemente un error de cálculo: la película empezó a rodarse tarde, y Paramount se apresuró a estrenarla a finales de 2014 con la esperanza de que su gloria en los Oscars coincidiera, ya en marzo de 2015, con el 50 aniversario de los hechos que retrata. Estrenada aún sin montaje definitivo en Octubre, en el AFI Fest, no estuvo terminada hasta noviembre, y Paramount se negó a enviar “screeners” a nadie que no fuera la HFPA (encargada de dar los Globos de Oro) o la Academia. Así, el filme se quedó prácticamente sin nominaciones en los premios de la crítica y de los sindicatos, principalmente, porque casi nadie había podido verla. Otras contendientes fueron nominadas y premiadas, y se fueron convirtiendo en favoritas, desplazando a Selma. A ello se une cierta indecisión del estudio en la promoción, que hasta bien avanzada la carrera no tuvo claro si apostar por su otra gran producción, Interstellar, pese a las críticas regulares, o quedarse con la obra de Ava DuVernay.

Así, nos encontramos con una película que, sobre el papel, tendría todas las papeletas para arrasar en las nominaciones y hasta ganar (grandes críticas, un tema importantísimo tratado con mucha emoción, un estudio grande detrás apoyándola, el gancho publicitario de que podría haber tenido la primera nominación a Mejor directora para una mujer negra…), pero que, por una mala campaña, promoción y política de estreno se ha quedado con dos tristes nominaciones, aunque una sea la de Mejor película. Es probable que, como consolación, gane la de Mejor canción y, quién sabe, en una carrera que es de las más imprevisibles que se recuerdan, quizá hasta dé la campanada y gane por sorpresa el premio gordo. Pero eso es un sueño que parece inalcanzable ya. Selma, la gran película que, casi seguro, no pudo.

Por Jaime Esteve

La teoría del todo de James Marsh

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Aparentemente un biopic, aparentemente una película para frikis, aparentemente un documental científico y sobradamente una maravilla de película. No hay más detrás que la verdad de Stephen Hawking, su vida y su obra desde sus inicios a la actualidad.

Todo brilla por su presencia y la cinta forma su carácter en la ausencia de estridencias. La manera de narrar el ascenso de la mente humana en contraposición al declive de la capacidad física del mismo es una delicia. Una fórmula exquisita que ni el mejor matemático se hubiera atrevido a descifrar es el uso de las luces y el tono cálido en todo momento. La atmósfera dulce y humana como antagonista de los tonos grises y metálicos que terminan convirtiéndose en un personaje más, la cruda realidad.

El tiempo, algo a lo que Stephen Hawking ha dedicado toda su vida, se convierte en otro de los protagonistas de la historia más allá de los estudios del doctor. El estilo narrativo se presta a jugar con el tiempo. En ocasiones la cinta se deleita en crearnos situaciones con todo lujo de detalle para que disfrutemos de cada plano o suframos con él. Si querían hacernos sentir, lo han conseguido sobradamente.

El elenco de actores está a la altura de la historia pero Eddie Redmayne está a otro nivel. Pocas veces se puede presenciar un despliegue interpretativo de semejante calidad. No se ha metido en el papel de Stephen Hawking, es él. Si un premio debe estar claro es el de mejor actor, no debería haber duda alguna. Una delicia de película que merece mucho más de lo que está recibiendo de la cartelera. Un ataque exquisito a la parte racional del ser humano desde la irracionalidad de los sentidos.

Por AC Ojeda

Whiplash de Damien Chazelle

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Entre las nominadas a la máxima categoría de los Oscars todos los años acaba entrando, para alegría de muchos, alguna que otra película pequeña que de primeras se sabe que no va a conseguir el galardón pero que su mera presencia ya representa un reconocimiento destacable. Whiplash podría entrar en ese grupo: una obra relativamente humilde con mucho corazón y realizada por un autor que, al igual que los personajes que la habitan, busca la creación perfecta, la depuración de la técnica. La segunda cinta de Damien Chazelle desborda carisma, pasión y dedicación por los cuatro costados, con una intensidad en ocasiones asfixiante y uno de los tramos finales más épicos de este curso. Parece tener en el bolsillo el Oscar a Mejor actor secundario para J.K. Simmons por ese memorable papel de profesor exigente y con mano de hierro, y quizá la recompensen, de forma merecida, por ese frenético montaje que nos conduce por unas escenas musicales apoteósicas. Pongo en duda que Whiplash vaya a ser la película más destacada de la noche debido a la dura competencia en las categorías en las que está presente, que merma sobremanera sus posibilidades de éxito, pero eso no quita que esté considerada por la gran mayoría como una de las mejores cintas del año. Es una opción muy para todo tipo de público a pesar de ser una película algo incómoda y que te deja con la lengua fuera. Ojalá la Academia siguiera nuestro fucking tempo.

Por Daniel Cabo