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Había en los cuadros de J. M. W. Turner una rabia catastrofista. Tendía a plasmar sobre el lienzo al hombre luchando contra la rabia de la naturaleza, contra el golpe atroz. Había incluso rabia en su forma de pintar, escupiendo y rasgando la tela sin ninguna compasión, como si lo expulsase de su interior. Había con ello también un reto por parte de Mike Leigh a la hora de retratar la vida del pintor inglés en la gran pantalla, el cine, como evolución lógica de la fotografía (y por consiguiente de la pintura), es el medio perfecto para saber cómo canalizar la rabia del pintor, y de adaptarse a él. Y ahí es posible donde nazca el gran acierto de Mr. Turner, la forma de la que tiene de camaleonizarse con la obra de Turner, volviéndose una pintura de este mismo, iluminando con la misma belleza sus lienzos que como lo estaban las pinturas de Turner.

Porque es difícil saber cómo adaptarse para narrar un biopic. Es sin lugar a dudas un género complicado. Una parte del público pide siempre la veracidad, olvidándose de que en realidad no dejamos de estar ante una obra de ficción, en la que partiendo de la vida de un personaje de cierta relevancia estamos ante una apuesta que debe saber ficcionar la vida del susodicho para saber adaptarse a la visión de un autor. Este punto, que debería ser claramente evidente, puesto que en el momento en el que una obra es de ficción y no es documental, no tiene ninguna obligación de ceñirse a la realidad para contar la historia es algo que también ha cohibido y eclipsado a muchos autores cuando se han acercado al género (ejemplo evidente es el Lincoln de Steven Spielberg, una película en la que el director se desdibujaba por completo, algo nada común en él). También es un género demasiado manido, ha cogido en los últimos años cierto tufillo academicista, poco importa que la vida que nos presentan es realmente atractiva, cuando la forma de narrarla no resulta nada sorprendente y estimulante. Además, existe cierta tendencia a la hagiografía, como si fuera de obligación acercarse al personaje, sea cuál sea éste, mostrando respeto y admiración, cuando en ocasiones podemos estar ante un ser despreciable.

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Lo mejor de Mr. Turner es como Mike Leigh ha conseguido esquivar todo esto para realizar una obra con verdadera personalidad propia. Partiendo con la lógica presunción de que el nombre de J. M. W. Turner no es popular para el espectador, y que más allá de su obra no conoce nada de su vida, Leigh no se corta un pelo en mostrar al pintor como un ser antipático, rudo, con una actitud que bien tiene que ver con sus pinturas. No es tanto la vida de Turner lo que le interesa Leigh, o como Turner llegó a formarse, si no la personalidad de un artista retraído que es capaz de dejar el alma en sus pinturas. Es lógico pues que apueste por comenzar cuando Turner ya era un pintor de renombre, volviendo a casa de un viaje a Italia. Ahí nos encontramos con esta verdadera rata que tiene un talento innato, pero no deja de ser poco más que un borrico casi analfabeto, aprovechado, sin ningún sentido de la ética, con una familia a la que ha abandonado, y ningún sentido de la bondad, ni siquiera hacia un padre que es el único apoyo que realmente le queda, y cuya unión con él, pese a ser realmente necesaria, es incapaz de reconocerla hasta el momento de la muerte de ésta, cuando sencillamente explota, en la que además es una de las más bellas escenas de la película.

La cámara se acerca a Turner mientras que éste está pintando a una prostituta, realmente sabemos que este señor ha ido a desquitarse sus penas mediante el sexo, pero la belleza de la criatura, su necesidad de plasmar el mundo, hace que empiece a dibujarla, esa belleza le rompe por completo, le fractura pese a querer ser un ser impenetrable. La interpretación de Timothy Spall que da vida a este ser iracundo llega a su punto álgido cuando tiene que expulsar todas sus emociones. El actor además tiene un rostro con un toque monstruoso, y sabe llevarlo al máximo, sus reacciones, incluso sus gruñidos, plasman al máximo a ese monstruo con el que Leigh quiere lidiar.

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Hay algo más en Mr. Turner y es lo que sin duda la engrandece al máximo, y es, como comentábamos al principio, su habilidad para camaleonizarse. En lugar de optar por una narración convencional, el director fracciona la película en pequeños cuadros que bien podrían estar pintados por el propio Turner. De hecho, son constantes las referencias a la obra del pintor de manera gráfica. Y allí, todo permanece casi estático, virando en torno a la figura de Turner, que se retrata de manera voluntariamente plana, estática, una cinta en la que todos los demás personajes son meras comparsas para explicar las reacciones y situaciones de su protagonista. Bien se podría haber cortado alguno de estos cuadros buscando aligerar la obra, a buen seguro que el resultado final no se vería para nada alterado, y sin embargo, pese a su duración y su densidad, poco importa, porque Leigh siempre encuentra la forma de hacer que la película sea fascinante. La forma de canalizar la rabia de Turner, guiarla para conducir la película, y arrastrarnos con ella.

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Ficha técnica:

Título Original: Mr. Turner Director: Mike Leigh Guión: Mike Leigh Música: Gary Yershon Fotografía: Dick Pope Reparto: Timothy Spall, Jamie Thomas King, Roger Ashton-Griffiths, Robert Portal, Lasco Atkins, John Warman Distribuidora: Wanda Vision Fecha de estreno: 19/12/2014